Mes: junio 2011

Adiccion a mentir…

Puede ser definido como una “tendencia morbosa a desfigurar la realidad de lo que se dice y a mitificar o a admirar exageradamente a personas o cosas”. Podemos definir así a la MITOMANIA como el trastorno de conducta que consiste en mentir, mentir y mentir en forma patológica y continuamente.

Qué es la Mitomanía

Desde la definición psicológica: es un trastorno de conducta por el cual la persona necesita mentir en forma reiterada, continua y desdibujando la realidad, pues de eso se trata precisamente, de que el mitómano no acepta su realidad y con ésta mentira lo que busca es transformarla, hacerla más soportable para sí. En la personalidad del enfermo, en sus orígenes, en su falta de autoestima encontramos el motivo que lo lleva a mentir, a mostrar delirios de grandeza, a inventar sobre su origen generalmente humilde y cubrir esto de una forma novelada, ocultando su verdadera historia, e inventando otra que responda a sus deseos y llegando a creerse él mismo ésta novela inventada por el. En ésta nueva historia sobre su origen lo que logra es distanciarse de la imagen que tiene de sí mismo y la imagen real.

Autorreconocimiento ausente

A lo anterior puede añadirse que la mitomanía tiene la peculiaridad de presentarse en personas autodevaluadas, con bajo nivel de estima o muy pretenciosas, y ello tiene una razón de ser, ligada al proceso de evolución individual.
Todo ser humano nace con cualidades que empieza a desarrollar desde el momento del alumbramiento; de hecho, refiere el Dr. Escobedo, el paso de la vida intrauterina al mundo externo supone importante inversión de energía y una lucha por adaptarse al nuevo medio.
Conforme se tiene mayor conciencia de la realidad externa “nos vamos dando cuenta de que no somos tan poderosos como creíamos ni somos de acero, y eso lleva a un cambio de dinámica, que es ya la búsqueda de la fortaleza en vez del manejo del poder. Esto duele porque se requiere sacrificio y abrir los ojos a muchas cosas desagradables, pero a cambio se tiene mayor contacto con el mundo.
Desde este ángulo, la autodevaluación surge por la incapacidad de llevar a cabo este proceso de cambiar el poder por la fortaleza; es quedarse en medio, “en el limbo”, no sentir seguridad en los recursos de uno mismo para afrontar la vida ni en las enseñanzas de padres y maestros.
La mitomanía, expresa el psicólogo y psiquiatra,“sería una entre muchas formas de enfrentar la autodevaluación. Ante la incapacidad de reconocer cualidades o recursos reales, se inventan, se hace una ficción para amedrentar al mundo y así reducir el temor que se siente por la realidad. El mitómano tiene una tendencia muy encubierta de una sensación de impotencia, de carencia”.

Más que enfermedad, manifestación

Escobedo Návar aclara que la mitomanía no se define propiamente como un padecimiento, sino que puede formar parte de varios trastornos, por ejemplo, los de la personalidad (en los que se dificulta la interacción social y hay problemas de adaptación a la realidad). También señala que aunque es probable observar niños y adolescentes con tendencia a decir mentiras, sólo es posible establecer el diagnóstico de estos problemas hasta los 18 años, cuando se consolida la madurez.
Así, refiere que “dentro de la gama de diagnósticos psiquiátricos en que se da la mitomanía existen los trastornos ficticios, que es donde encontramos fundamentalmente al mentiroso crónico. Son cuadros en los que, por ejemplo, se inventa alguna enfermedad y se trata de obtener algo a favor de esta situación. No es como en la somatización, donde hay síntomas físicos que son producto de una dinámica interna, sino que se busca una ganancia externa de forma conciente, como lograr incapacidades médicas”.
En otras personas la ganancia es interna. “Ocurre cuando hay una búsqueda de protagonismo o de igualar o suplir la imagen de una persona importante en su vida, a la que no se pudo sobrepasar, como una figura paterna con éxito que, al ser inalcanzable, el hijo la ‘empareja’ con ayuda de la mitomanía y siente alivio”.
Por su parte, “en el trastorno limítrofe de la personalidad, en el cual hay inestabilidad en la percepción de la propia imagen y una inconsistencia en varias áreas de la vida, decir mentiras puede ser parte de una búsqueda de equilibrio para disminuir la angustia”. De igual forma, puede presentarse en un paciente con tendencia paranoide, es decir, que tiene elevado grado de desconfianza hacia los demás, y por ello desfigura la idea de sí mismo, magnificándola y disfrazando su verdadera raíz cultural, de raza o económica.
En el trastorno narcisista, que se distingue por la percepción de que “todo lo bueno está dentro y lo malo fuera”, hay dificultad para vincularse de forma madura con los semejantes, por lo que el paciente piensa que todos los demás están a su servicio. La mitomanía también puede ocurrir en la esquizofrenia (dificultad para diferenciar entre experiencias reales e irreales, pensar de manera lógica y socializar), aunque no es su principal síntoma.
Con base en su experiencia, el experto refiere que “es común que traigan a consulta a niños por disminución de la atención o inquietud, y a veces los padres se quejan de que tienen tendencia a ser muy mentirosos. Ahí es parte de un cuadro, un dato más del que hay que ver la causa: problemas en el proceso de maduración, conflicto en el cambio de búsqueda del poder por la fortaleza o, incluso, una forma de tratar de bajar la ira de los padres”.

CARACTERISTICAS DE ESTAS PERSONAS (conductuales)

1.- Las personas que padecen de este trastorno se caracterizan por tener baja autoestima, y usan las mentiras para construir una mejor imagen de sí mismos frente a la sociedad, sus amigos, su familia. Además de conseguir atención, pretenden sentir aprecio o lo que desean, sin importar el medio por el que tengan qué hacerlo.

2.- Se conoce que son convincentes, manipuladores y su discurso suele ser hasta cierto punto creíble ya que saben actuar, no aceptan fácilmente su problema, cambian de tema constantemente y suelen dar distintas versiones del mismo hecho, e incluso se sienten diferentes personas.

3.- Especialistas coinciden en que la mitomanía no es inofensiva, pues existen muchos consecuencias severas a nivel social ya que se pierde credibilidad y prestigio, lo que por lo regular daña severamente las relaciones afectivas, familiares y laborales.

4.- Otra de las características es que el mitómano trata de sobresalir de los demás, frente a ellos, y puede llegar al punto de estar convencido de sus propias mentiras, lo que al chocar con su realidad y ser descubiertos, les hace sufrir; y no obstante , pueden seguir negándolo de forma patológica, ya sea por temor o vergüenza, o simplemente por huir de la realidad.

5.- Los expertos en el tema aseguran que estos síntomas suelen presentarse con mayor frecuencia en personas adolescentes, ya que durante esa etapa su personalidad es inestable y proclive a la baja autoestima.

6.- Para las personas que sufren de este padecimiento se recomienda como tratamiento, la psicoterapia, el cual es un trabajo entre el terapeuta y el paciente, para corregir este tipo de trastornos psicologicos.

En el discurso del mitómano se mezclan indistintamente retazos de verdad con invenciones fantasiosas, aunque más o menos verosímiles, y suele centrarse en la propia biografía -mienten sobre su vida- aunque a veces también trata sobre su salud e historial médico. En torno a casi cualquier detalle, el mitómano puede tejer una compleja y muy detallada red de mentiras –recalco, sin necesidad aparente-, resistente a la confrontación con la verdad. Lo triste es que el mitómano sabe que miente, pero -por repetición- eventualmente llega a creer sus mentiras, y entonces la línea entre realidad y fantasía se torna borrosa.

Solución ante el sufrimiento

El especialista en salud mental refiere que, salvo en el caso de infantes y adolescentes, que son llevados por sus padres, las personas con mitomanía acuden al psicólogo o psiquiatra porque su conducta les genera demasiados problemas. “Muchas veces el paciente está convencido de sus mentiras, y así es muy difícil que acuda al tratamiento; lo hace hasta que hay un ‘momento de quiebre’, cuando el choque constante con la realidad le hace sufrir por perder vínculos, una relación afectiva, y ya nadie quiere estar cerca de ellos”.
Abunda al respecto: “el mitómano tiene primero una fase de omnipotencia, en que dice muchas mentiras y piensa que todos le van a creer; posteriormente, llega una etapa de deterioro o caída del narcisismo mentiroso en que se presentan constantes contradicciones y ya nadie le creé; habla de su vida y no le hacen caso, no lo toman en cuenta para cosas importantes, no le dan responsabilidades, lo corren del trabajo y, en la familia, ya no puede hablar de ciertas cosas, le restringen el acceso a objetos o información. Se va cercando o acorralando, hasta que se relaciona con gente con grados de madurez y evolución muy bajos, inmiscuyéndose en situaciones de riesgo”.
En cuanto al tratamiento, explica que primero debe realizarse una fase de exploración del paciente, realizar algunas entrevistas antes del diagnóstico definitivo, de modo que la principal herramienta para revisar conductas y la vida del paciente es la palabra.
Al avanzar en la terapia, refiere, “lo que se hace, de acuerdo a mi sentir, es establecer una alianza de trabajo en la que se demuestra al paciente el costo que le está trayendo su enfermedad; se le debe hacer entender que hay cosas que ve muy normales, pero en realidad son expresiones del problema. Así continuamos, todavía sin profundizar demasiado, para que haya adherencia al tratamiento”.
Esto se debe a que “si se confronta al paciente en las primeras sesiones, sólo voy a lograr que se vaya. Los terapeutas necesitamos conversar e ir ‘tejiendo’ o enlazando cosas sobre su vida o que ha dicho, y ya que hay mayor alianza de trabajo, entonces se le puede hacer que aborde hechos más profundos, decirle cuándo ha mentido e interpretar la razón de esa conducta. El proceso es largo, pues se debe construir un nuevo aprendizaje en el paciente y un pensamiento analítico”.

También es importante ayudarle a percibir cuáles son sus herramientas y recursos para enfrentar la vida. “El paciente fluctúa entre las ambiciones que tiene y su talento; a veces tienen muchas aptitudes, pero sus metas son mínimas, o al revés. Devalúan sus capacidades, sobrevalúan las de otros, y por eso inventan o se atribuyen las ‘armas’ que ven en otros”.
Por último, el Dr. Sergio Arturo Escobedo acentúa:“Me parece fundamental que en estos casos o cualquier otro que genere sufrimiento y alteración de la vida social, familiar o escolar de una persona, pensemos que hay muchos recursos con qué enfrentarlos y ayudarnos a descubrir capacidades propias. En este sentido, siempre es muy útil acudir a un proceso psicoterapéutico”.

La limpieza de las adicciones

Louise L. Hay en su libro “El Poder esta dentro de Ti”, plantea que como parte de sanar nuestros sentimientos esta afrontar y liberarnos de las adicciones para lograr recuperarnos. Ella plantea que las adicciones son formas que tenemos de enmascarar nuestros temores: “suprimen las emociones para que no sintamos”.

Hay muchos tipos de adicciones además de las químicas. También están las que yo llamo «adicciones a pautas», a esos hábitos que adoptamos para evitar estar presentes en nuestra vida. Cuando no queremos afrontar lo que tenemos delante, o cuando no deseamos estar donde estamos, echamos mano de una pauta o hábito que nos mantienen desconectados de nuestra vida. Para algunas personas puede ser una adicción a la comida o a algún producto químico. Puede que haya una disposición genética al alcoholismo, pero la opción de seguir enfermo es siempre individual. Muchas veces, cuando hablamos de que algo es hereditario, se trata en realidad de la aceptación por parte del niño pequeño de la forma de afrontar el temor que empleaban su padre o su madre.

Para otras personas, están las adicciones emocionales. Se puede ser adicto a encontrar defectos en la gente. Pase lo que pase, siempre se encuentra a alguien a quien echarle la culpa: «La culpa es suya, ellos me hicieron esto».

Hay adictos a las facturas. Muchas personas son adictas a endeudarse; hacen todo lo posible por estar siempre llenas de deudas. Y por lo visto, esto no tiene nada que ver con la cantidad de dinero de que dispongan.

También hay personas adictas al rechazo. Dondequiera que vayan atraen a gente que las rechaza. Encuentran rechazo por todas partes. Sin embargo, el rechazo del exterior es un reflejo de su propio rechazo. Si estas personas no se rechazaran, nadie las rechazaría, y aunque lo hicieran, ciertamente a ellas no les importaría. Si éste es tu caso, pregúntate: « ¿Qué es lo que no acepto de mí?».

Hay muchísimas personas adictas a la enfermedad. Siempre están enfermas o preocupadas por el temor de enfermar. Es como si pertenecieran al Club de la Enfermedad del Mes.

Si has de ser adicto a algo, ¿por qué no lo eres a amarte a ti mismo? Podrías ser adicto a hacer afirmaciones positivas o a llevar a cabo cosas que te apoyen y te alienten.

La necesidad compulsiva de comer en exceso

Recibo muchísimas cartas de personas que tienen problema de exceso de peso. Siguen una dieta para adelgazar durante dos o tres semanas y la dejan. Entonces se sienten culpables por haberla abandonado. En lugar de apreciar que hicieron cuanto pudieron, se enfadan consigo mismas y se sienten agobiadas por la culpa. Para castigarse, pues la culpa siempre busca castigo, van a restaurantes y comen alimentos que no son buenos para su cuerpo. Si estas personas lograran reconocer que durante esas dos o tres semanas que siguieron un determinado régimen hicieron algo maravilloso para su cuerpo, y dejaran de cubrirse con capas y más capas de culpa, podrían romper el hábito. Podrían comenzar a decir: «Yo tenía un problema de peso; ahora me doy permiso para tener el peso perfecto para mí», y el hábito de comer en exceso empezaría a marcharse. Sin embargo, no es necesario concentrarse demasiado en el problema de la comida porque no es ahí donde está el verdadero problema.

El hecho de comer en exceso siempre significa que hay una necesidad de protección. Cuando uno se siente inseguro o asustado, se cubre de una almohadilla o capa de seguridad. El peso no tiene nada que ver con la comida. La mayor parte de la gente se pasa la vida enfadada consigo misma por estar gorda. ¡Qué desperdicio de energía! Lo que hay que comprender, más bien, es que hay algo en nuestra vida que nos hace sentir inseguros o en peligro. Puede tratarse del trabajo, el cónyuge, la propia sexualidad o la vida en general. Si tienes un problema de exceso de peso, dé jalo a un lado, no te preocupes por la comida y presta atención a esa pauta interior que dice: «Necesito protección porque me siento inseguro».

Es asombrosa la forma en que responden nuestras células a estas pautas. Cuando desaparece la necesidad de protección, cuando comenzamos a sentirnos seguros, la grasa se diluye. Lo he observado en mi propia vida: cuando no me siento segura y a salvo, comienzo a engordar. Cuando mi vida transcurre muy acelerada, y trabajo demasiado y me siento desbordada, experimento una necesidad de protección, una necesidad de seguridad. Entonces digo: «De acuerdo, Louise, ya es hora de que trabajes para sentirte segura. Quiero que sepas de verdad que estás a salvo, que todo va bien y que puedes hacer lo que quieras, estar donde quieras y tener todo lo que está sucediendo ahora mismo. Estás a salvo y yo te amo».

El peso es sólo el efecto exterior del miedo que hay dentro. Cuando te mires en el espejo y veas a esa persona gorda que te contempla, recuerda que estás viendo el resultado de tu antigua forma de pensar. Cuando empieces a cambiar de pensamientos, habrás plantado la semilla de lo que se convertirá en realidad para ti. Lo que elijas pensar hoy creará la nueva figura que tendrás mañana. Uno de los mejores libros sobre cómo liberar peso es el de Sondra Ray titulado The Only Diet There Is [La única dieta que hay]. La dieta a la que se refiere este libro es la de abstenerse de pensamientos negativos. La autora enseña cómo hacerlo, paso a paso.

Grupos de autoayuda

Los grupos de autoayuda se han convertido en una nueva entidad social. Creo que se trata de un movimiento muy positivo. Estos programas hacen un bien enorme. Personas que tienen problemas similares se reúnen, no a lamentarse ni a quejarse, sino a buscar formas de trabajar para solucionar esos problemas y mejorar la calidad de su vida. Actualmente existen grupos para casi todos los problemas que uno pueda imaginarse. Sé que puedes encontrar alguno que te convenga. En muchas iglesias también hay reuniones de grupo.

En cualquier tienda de alimentos dietéticos (uno de mis lugares favoritos) encontrarás información sobre este tema. Si te tomas en serio el cambio de tu vida, hallarás la manera de llevarlo a cabo.

Los Programas de 12 Pasos existen desde hace mucho tiempo, en un enfoque muy práctico y que da excelentes resultados. El programa de los 12 Pasos de Alcohólicos Anónimos, dirigido a los familiares de adictos, es uno de los mejores para todo tipo de personas.

Los sentimientos son nuestros indicadores interiores

Cuando nos criamos en una familia con problemas o que no funciona bien, aprendemos a hacer lo posible por evitar conflictos, y esto tiene como consecuencia la negación de nuestros sentimientos. Suele sucedemos que no confiamos en que los demás puedan satisfacer nuestras necesidades, de modo que ni siquiera pedimos ayuda. Estamos convencidos de que hemos de ser lo suficientemente fuertes para arreglárnoslas solos. El único problema es que nos desconectamos de nuestros propios sentimientos, que son la base de nuestra relación con nosotros mismos, con los demás y con el mundo que nos rodea; son los indicadores de lo que marcha o no marcha en nuestra vida. Aislarlos y desconectarlos sólo nos lleva a problemas más complicados y a enfermedades físicas. Lo que se puede sentir se puede sanar. Si no te permites sentir lo que pasa en tu interior, no sabrás por dónde comenzar el proceso de curación.

Por lo visto muchos de nosotros vamos por la vida sintiéndonos constantemente culpables, envidiosos, asustados o tristes. Nos creamos hábitos que nos mantienen repitiendo sin cesar las mismas experiencias que afirmamos que no queremos tener. Si te pasas la vida enfadado, triste, temeroso o celoso, y no conectas con la causa subyacente en tus sentimientos, continuarás creando más rabia, tristeza, temor, etcétera. Cuando dejamos de sentirnos víctimas, somos capaces de recuperar nuestro poder. Tenemos que estar dispuestos a aprender la lección para que el problema desaparezca.

Si confiamos en el proceso de la vida y en nuestra conexión espiritual con el Universo, podremos disolver nuestros enfados y temores tan pronto como aparecen. Ciertamente podemos confiar en la vida y saber que todo sucede dentro del correcto orden divino y en el momento y el lugar perfectos.