El alcoholismo en la mujer…


El alcohol presenta otro desafío más para la salud de las mujeres. Aun en cantidades pequeñas, el alcohol afecta a las mujeres de manera diferente que a los hombres. Y el beber en exceso es, de alguna manera, mucho más arriesgado para las mujeres que para los hombres.

En cualquier tema de salud, la información correcta es clave. Hay ocasiones y maneras de beber que son más seguras que otras. Cada mujer es diferente. Ninguna cantidad de alcohol es 100 por ciento segura, todo el tiempo, para cada mujer. Teniendo esto en cuenta, es importante saber cómo el alcohol puede afectar la salud y la seguridad.

El sesenta por ciento de las mujeres en EE.UU. consume, como mínimo, una bebida alcohólica al año. Entre las mujeres que beben, el 13 por ciento consume más de siete bebidas alcohólicas por semana. Para las mujeres, este nivel de consumo de alcohol supera los límites que recomienda la Guía de Nutrición de Estados Unidos, publicada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos en colaboración con el Departamento de Salud y Recursos Humanos de Estados Unidos. La Guía de Nutrición define como bebida moderada no más de una bebida alcohólica al día, para las mujeres, ni más de dos al día, para los hombres.

¿Por qué se recomienda un nivel de consumo de bebidas alcohólicas más bajo para las mujeres que para los hombres?

Porque las mujeres corren más riesgos de desarrollar problemas relacionados con el consumo de alcohol. El alcohol pasa a través del tracto digestivo y se dispersa en el agua del cuerpo. Cuanta más agua haya disponible, más se diluye el alcohol. Generalmente, los hombres pesan más que las mujeres, y, libra por libra, las mujeres tienen menos agua en su organismo que los hombres. Así, el cerebro de la mujer y otros órganos están expuestos a más alcohol y derivados tóxicos que se generan cuando el organismo está tratando de degradarlo y eliminarlo.

Consumo excesivo de alcohol

Se estima que 5.3 millones de mujeres en Estados Unidos consume bebidas alcohólicas de una manera que amenaza su salud, su seguridad y su bienestar, en general. Se podría aseverar que beber en exceso es más riesgoso para mujeres que para hombres:

•La mujer que bebe en exceso aumenta el riesgo de convertirse en víctima de violencia y de abuso sexual.
•A largo plazo, las mujeres desarrollan enfermedades relacionadas con el alcohol más rápidamente, y con menor cantidad de alcohol, que los hombres.

Los efectos del abuso del alcohol y el alcoholismo en la salud son serios. Entre algunos de los problemas de salud específicos se incluye:

•Hepatopatía por alcohol: Las mujeres son más propensas que los hombres a desarrollar hepatitis alcohólica (inflamación del hígado) y a morir por cirrosis.
•Enfermedad cerebral: La mayoría de las personas alcohólicas sufren alguna pérdida de las funciones mentales, reducción del tamaño del cerebro y cambios en las funciones de las células cerebrales. La investigación sugiere que las mujeres son más vulnerables que los hombres a los daños cerebrales causados por el consumo de alcohol.
•Cáncer: Muchos estudios informan que el consumo excesivo de bebidas alcohólicas aumenta el riesgo de contraer cáncer de mama. El alcohol también está vinculado al cáncer en el sistema digestivo, cabeza y cuello (el riesgo es especialmente alto entre fumadores que, además, consumen bebidas alcohólicas en exceso).
•Enfermedad coronaria: El consumo crónico y excesivo de bebidas alcohólicas es la causa principal de enfermedad cardiovascular. Entre las personas que beben en exceso, tanto los hombres como las mujeres tienen incidencias similares de enfermedad cardiovascular, aun cuando las mujeres, a lo largo de la vida, consumen menos alcohol que los hombres.

¿Cuales son los Factores de riesgo?

Los expertos están de acuerdo en que hay muchos factores que predisponen a una mujer para que se convierta en alcohólica o en bebedora problemática. Entre ellos, están los siguientes: una historia familiar de alcoholismo, trastornos de la vida familiar en la infancia y los roles sociales (que incluyen las normas y papeles asignados al género en el propio grupo étnico).

La historia familiar de alcoholismo es un factor que predispone tanto para los varones como para las mujeres. Diversos estudios desarrollados con toda minuciosidad, comparando a niños adoptados cuyos padres biológicos eran alcohólicos con niños también adoptados cuyos padres biológicos no lo eran, indicaron que los factores genéticos influyen en el desarrollo del alcoholismo y, en parte, explican por qué tiende a transmitirse en línea familiar descendente.

Los trastornos de la vida familiar en la infancia, como el alcoholismo de un progenitor, la muerte de uno de ellos o el divorcio, son corrientes en el caso de las personas que tienen problemas con el alcohol. Es mayor la probabilidad de que tales acontecimientos traumáticos correspondan a la historia de las mujeres alcohólicas que a mujeres de la población general. Por otra parte, es más probable que las mujeres alcohólicas se refieran a esos trastornos familiares y a haberse sentido rechazadas y privadas de cariño en la infancia que en el caso de los hombres alcohólicos.

Los papeles sociales, en especial los asignados al género en el propio grupo étnico, constituyen otro factor relevante. Algunos grupos étnicos toleran e incluso estimulan la bebida en grandes cantidades, mientras que otros la desaprueban y otros la estimulan en los varones y la desaprueban en las mujeres, todo lo cual es probable que influya en las pautas de alcoholismo. Por ejemplo, entre los norteamericanos de ascendencia irlandesa, la tasa de alcoholismo es muy alta, tanto en el caso de los varones como en el de las mujeres, mientras que, entre los hispanos, la tasa de los hombres es elevada, pero muy baja la de las mujeres.

Parece existir una fuerte relación entre la depresión y los problemas alcohólicos en las mujeres. También se registra una elevada tasa de alcoholismo entre los cónyuges de las mujeres alcohólicas. Las pruebas indican que la adicción puede empezar por el marido, transmitiéndose más tarde a la esposa, siendo raro que suceda lo contrario.

Entre las mujeres alcohólicas se registran también importantes variaciones. Al menos, aparecen dos tipos básicos. Un grupo está constituido por mujeres que empezaron a beber muy pronto, durante su adolescencia, otro entre los 20 y los 30 años; es muy probable que tengan dificultades para controlar sus impulsos y son muy semejantes a las mujeres que se convierten en delincuentes. El otro grupo está formado por las que se iniciaron en el alcoholismo entre los 30 y los 50 años. Al principio, mostraban mejores cualidades para rechazar el alcohol pero, poco a poco, comenzaron a utilizarlo para hacer frente a los sentimientos de depresión, acelerando su ingestión de forma progresiva.

Aunque mujeres y hombres alcohólicos tienen muchas cosas en común, se han descubierto ciertas diferencias de género. Las mujeres empiezan a beber y tienen su primer episodio de intoxicación más tarde que los hombres. Además, es más probable que la mujer alcohólica beba en casa y sola, mientras que los alcohólicos suelen hacerlo en ambientes sociales.

¿Cómo sabe si tiene un problema?

Responder las siguientes cuatro preguntas podría ayudarlo a descubrir si usted o alguien cercano tiene problemas con la bebida.
•¿Alguna vez ha sentido que debería reducir el consumo de alcohol?
•¿Le ha molestado ser criticado por la manera en la que consume alcohol?
•¿Se ha sentido alguna vez culpable por consumir alcohol?
•¿Ha tomado alguna vez alcohol a primera hora de la mañana para calmar los nervios o para deshacerse del malestar de haberse emborrachado?

Responder “sí” a una de estas preguntas sugiere un posible problema con el alcohol. Si respondió “sí” a más de una pregunta, es muy posible que tenga un problema con el alcohol. En cualquiera de los casos, es importante que vea a su proveedor de cuidado de la salud de inmediato, para discutir sus respuestas a estas preguntas. Aun si respondió “no” a todas las preguntas recientemente formuladas, si está teniendo problemas relacionados con el consumo de bebidas alcohólicas en su trabajo, con sus amistades, con la salud o con la ley, deberá buscar ayuda.

Tratamiento para los problemas con el alcohol y el alcoholismo

El tratamiento para un problema con el alcohol depende de la severidad del problema. Las mujeres que tienen problemas, pero que aún no dependen del alcohol, pueden ser capaces de detener o reducir el consumo con ayuda mínima. Las visitas de rutina a su médico son una oportunidad ideal para hablar sobre el consumo de alcohol y sus potenciales problemas. El proveedor de cuidado de salud puede ayudarla a analizar seriamente el efecto que el consumo de alcohol está teniendo sobre su vida y su salud, y aconsejarla sobre las maneras de dejar de hacerlo o de reducir el consumo.

Codependencia y Roles Familiares en la Adiccion …

En una familia cuando uno o más miembros son adictos activos, esta familia es afectada, perturbando su funcionamiento. La dinámica de las relaciones, la comunicación y la conducta de sus miembros, cambian y se hacen disfuncionales, como resultado del proceso adictivo. Los cambios producidos pasan a formar parte del cuadro de la adicción, provocando así codependencia y dando lugar a la conducta adictiva.

La codependencia (también llamada coadicción) existe cuando una persona vive su vida a través de los demás a costa de sus propias necesidades, con el último fin de controlar a la otra persona. Nace de un hambre de tener una relación, debido a la falta de amor como un niño en su periodo de dependencia sobre su familia. Es una relación de desconfianza y obsesión, de vacío y de miedo. El amor se iguala al dolor. Es la práctica de patrones disfuncionales de relación, de manera compulsiva y a pesar del daño resultante, que buscan controlar al adicto.

La codependencia es un desorden aprendido en respuesta al proceso adictivo, puede trasmitirse de manera transgeneracional si no es tratado adecuadamente. El sistema familiar recibe de manera frontal el impacto de una adicción, de modo que no existe familia que no muestre síntomas de disfunción, cuando uno de sus miembros se enferma. También la familia afectada por esta enfermedad, genera como consecuencia de la misma un sistema de conductas que apoyan al desarrollo de la adicción. A esto le llamamos codependencia.

La codependencia es una enfermedad, en la que se generan conceptos como: obsesión, falta de límites, y conductas inapropiadas y de rescate, compulsión y control, deseos de cambiar a la persona adicta, dejando de vivir para vivir la vida del otro. Se define también, como el ciclo de patrones de conducta, y pensamientos disfuncionales, que producen dolor, y que se repiten de manera compulsiva, como respuesta a una relación enferma y alienante, con un adicto activo o en una situación de toxicidad relacional.

La codependencia puede presentarse en cualquier persona que está en contacto con la adicción de otra persona, ya sea un amigo, familiar, compañero, pareja o cliente que sufra de adicción. Además existen otros desordenes de conducta y enfermedades que pueden generar codependencia, tales como la esquizofrenia, la violencia, el maltrato y las neurosis. Toda persona expuesta a estos desórdenes, puede desarrollar codependencia.

Muchas veces alguien que ha desarrollado codependencia, por crecer en una ambiente disfuncional adictivo, no manifiesta grandes síntomas hasta que se casa o forma una relación de pareja. Pero si esto no es tratado en algún momento dicha disfunción, lo pueden llevar de por vida en sus nuevas relaciones.

Los roles familiares dinfuncionales, tienen un objetivo: el de proveer a la familia de un mecanismo de defensa para disminuir la ansiedad y el temor y dar la sensación de “estar haciendo algo” para resolver el problema de la adicción. Desgraciadamente el resultado final es que la adicción se fortalece y la familia se enferma más aún, estableciéndose un sistema familiar que gira en torno al adicto, forman un equilibrio. (Homeostasis)

Cada uno de los integrantes de la familia tiene un rol, que cumple una función.

El Cuidador: Ellos asumen todas las tareas y responsabilidades que puedan, con tal de que el adicto no tenga responsabilidades, o tenga las menos posibles (se hacen cargo de todo), están convencidos de que al menos “las cosas están andando”. Lo que no pueden ver, es que esto los carga con tareas que no les corresponden y con responsabilidades que no son suyas, produciendo una sobrecarga que afecta su salud. Esto a su vez facilita la falta de conciencia en el adicto.

El Rebelde: La función del rebelde u oveja negra, es desenfocar a la familia y atraer la atención sobre sí mismo, de modo que todos puedan volcar sobre él, su ira y frustración. Muchas veces es el niño que continuamente tiene problemas de disciplina en la escuela, o incluso el joven que experimenta con drogas ilegales.

El Rescatador: En general ellos se asignan a sí mismos la tarea de resolver todas las crisis que el adicto produce. De esta manera promueven el autoengaño del adicto, manteniéndolo ciego a las consecuencias de su adicción y convencido de que no existe ningún problema con su uso. Este miembro de la familia se encarga de salvar al adicto de los problemas que resultan de su adicción. Son los que inventan las excusas, pagan las cuentas, llaman al trabajo para justificar las ausencias, etc.

El Héroe: El también esta empeñado en desviar la atención de la familia y distraerla hacia él, a través de logros positivos. De esta manera hace que la familia se sienta orgullosa, y ayuda a la famila a distraer la atención que tiene en el adicto. Puede ser el mejor alumno, el atleta que sobresale en los torneos o que siempre está logrando más de lo que se espera de él. Este rol muchas veces la cumplen los hermanos del adicto.

El Recriminador: Esta persona se encarga de culpar al adicto de todos los problemas de la familia. Se encarga de llevar a cabo sesiones de recriminación tremendamente amargas, y sermones que, no solo son exagerados, sino que además solo funcionan para indignar al adicto, brindándole así una excusa perfecta para seguir consumiendo drogas.

El Desentendido, o el que no se da por enterado: Usualmente este rol es tomado por algún menor de edad que se mantiene “al margen” de las discusiones y de la dinámica familiar. En realidad es una máscara a modo de defensa, que cubre una gran tristeza y decepción que es incapaz de expresar.

El Disciplinador: Este familiar presenta la idea de que lo que hace falta es un poco de disciplina y agrede al adicto, ya sea física y/o verbalmente. Esta actitud nace de la ira y frustración que se acumulan en la familia del adicto y de los sentimientos de culpa que muchos padres albergan por la adicción de sus hijos. Por supuesto que la violencia no añade nada positivo a la dinámica familiar ya enferma por la adicción.

Todos y cada uno de los familiares realizan estos roles sin la más mínima idea de que están promoviendo el desarrollo de la adicción. Muy por el contrario, están más que convencidos de que están ayudando. Por esto es importante tomar conciencia de la necesidad de cambios en la familia para poder lograr una recuperación de mayor calidad.

La importancia de tomar conciencia de la codependencia y poder tratarla con profesionales especializados en el tema, ayudaría y cambiaria el funcionamiento de la familia enferma el sistema de creencias y la organización de roles y funciones por parte de los integrantes y se establecerían nuevos patrones de conducta en la dinámica familiar que serán más adecuados para la recuperación.

El mal diagnóstico es más frecuente de lo que pensamos, las personas codependientes acuden en busca de ayuda médica, pero sin mencionar el problema que les aqueja en el seno familiar, por lo que los profesionales de salud encargados de hacer el diagnóstico, terminan etiquetándolo como “depresión” o simplemente “stress”. A pesar de que la codependencia cursa con sentimientos depresivos, es importante tener en cuenta de que la depresión en este caso, es un síntoma de la codependencia, y esta a su vez es causada por el proceso adictivo que vive en su familia.

Entonces si se hace un buen diagnostico es viable la recuperación, ya que la persona afectada recibirá el tratamiento que le corresponde y por consecuencia su familia. El tratamiento de la codependencia puede consistir en un plan de psicoterapias familiares e individuales como también la asistencia a grupos terapéuticos y de autoayuda. Muchas veces la recuperación de una familia afectada por la adicción, comienza con la recuperación de los codependientes, sin embargo es necesario que el codependiente ponga el foco en su propia recuperación y cuidado personal, para que esto ocurra.

Recordemos: Es importante que reciba tratamiento toda la familia, ya que todo el sistema familiar está enfermo.
Las familias que están atravesando el proceso adictivo, usualmente cambian su dinámica, su funcionamiento y los miembros se ubican en ciertos roles que son definidos por la codependencia, y cuyo fin es la de sostener el proceso adictivo. El triángulo del drama describe la relación de víctima, salvador o rescatador y perseguidor que es la base de la dinámica familiar enferma.

A través del tratamiento podemos entender la dinámica disfuncional, de la familia que sufre de la adicción.
En el sistema disfuncional observamos a la victima, al perseguidor y al rescatador o salvador, conformando un juego dependiente.

Victima: se percibe a sí mismo como víctima de las circunstancias, y de las personas de su entorno. Culpan a los demás de sus problemas y son incapaces de admitir responsabilidad sobre sus actos. Para comunicarse utilizan la manipulación por el sentimiento de culpa. Usualmente es el rol preferido de los adictos activos, pero podría ser practicado por un codependiente también.

Perseguidor: El perseguidor está convencido de que hay una necesidad imperiosa de controlar al adicto y someterlo. De esta manera tiene la tarea de disciplinar, o de controlar la conducta que perciben como inadecuada o intolerable. Las razones de fondo pueden estar justificadas, pero al utilizar la fuerza de manera irrazonable e imponer sus criterios, no sólo esta deteriorando mas las ya dañadas relaciones familiares, sino que terminan justificando aún más la visión de víctima del adicto. La agresión es el método de comunicación que el perseguidor utiliza y muchas veces es contra el adicto y contra el codependiente identificado como rescatador, a quien culpa de la conducta del adicto por cubrirlo.

Rescatador o Salvador del adicto: El rescatador cumple la tarea de cuidar al adicto de las consecuencias de su enfermedad, y asume responsabilidades por el adicto, interponiéndose además entre cualquier persona que pudiera ser hostil con el adicto. El rescatador encuentra justificación en el hecho de que el adicto se rodea de problemas, con el avance de su enfermedad.

A pesar de que la familia es afectada con la adicción y de que la dinámica familiar facilita el avance de la misma, la familia organizada puede ser un vehículo de intervención excelente. La recuperación es posible. Como describimos más arriba desde la terapia familiar hasta grupos de autoayuda están disponibles como herramientas de recuperación.

La familia es una parte importante en la comprensión, intervención y manejo clínico de las adicciones, por lo que es necesario que esta se involucre tanto en el tratamiento como en la recuperación de los procesos adictivos. Al igual que el adicto puede recuperarse y vivir una nueva vida, libre de drogas y con una mejor calidad en las relaciones, la familia tiene derecho y necesidad de recuperase. En la mayoría de los casos es primero un familiar el que toma conciencia del problema y da los primeros pasos en búsqueda de ayuda.

La terapia individual puede ser de ayuda en las primeras etapas del tratamiento como una forma de lograr expresar los sentimientos, recibir apoyo emocional, elaborar una estrategia de intervención y comenzar la recuperación individual del codependiente.La terapia familiar es básica para la recuperación. Los grupos de familia y los grupos entre los pacientes adictos, son de suma utilidad en el tratamiento. Proveen de soporte emocional y de contención en la recuperación. Una de las primeras metas a trabajar en la recuperación de la familia, es en el sistema de creencias de la familia. El profesional actuante deberá descubrir y promover las propias cualidades y potencialidades n el proceso personal, familiar y social. Se deberá concientizar la importancia de un proyecto de vida realizable, y así promover el crecimiento y poder elaborar una mejor calidad de vida. El miembro codependiente aprende junto al resto de la familia a separar su vida de la de los otros, se desprende de su obsesión por el control, y de los patrones de conducta compulsivos, que le generan dolor.

La adicción daña las relaciones familiares, haciendo muy difícil la expresión del amor sano.

Con el tratamiento se aprende a ejercer y brindar el amor que el codependiente siente por el adicto y le permite establecer límites sanos con claridad y firmeza. Esto lo llamamos Amor Responsable. Como familiares a veces el cariño puede evitar que pongamos límites adecuados para protegernos o para evitar conflictos. Sin embargo el amor de la familia combinado de manera balanceada, con la firmeza necesaria para establecer límites saludables, es una herramienta vital en el proceso de convivir con un adicto activo. Los límites tienen que ver con el amor sano, con el cuidado, el límite determina el territorio el lugar de cada integrante de la familia.

La familia organizada y bajo la guía de un profesional especializado, puede convertirse en una herramienta de intervención sumamente valiosa para romper la negación del adicto. Sin embargo es necesario para poder iniciar ese proceso que los miembros estén dispuestos a comenzar y mantener su propia recuperación personal como codependientes.

La recuperación de la familia del adicto va de la mano con la recuperación del integrante que consume y viceversa. En la evolución de la familia, si las defensas no las crea la familia el joven carecerá de recursos para enfrentar el problema. Los hijos necesitan estructuras firmes, sentido de pertenencia, valoración refuerzo de la autoestima, reglas claras y límites precisos. Tienen efectos negativos: la debilidad de carácter o su opuesto, la excesiva rigidez; la incoherencia en las reglas; la indecisión, la indiferencia, la sobreprotección obsesiva, la ausencia de valores, y los modelos diluidos o pesimistas. Todos éstos son elementos que contribuyen para convertir al adolescente en un buscador de sustitutos que cubran las carencias del hogar.

La familia es el núcleo social donde se forman nuestros ciudadanos. Es el grupo humano donde se transmiten los valores espirituales por medio del ejemplo. Por lo tanto es sumamente importante que asumamos nuestra responsabilidad como padres o madres, líderes de familia y eduquemos a nuestros hijos con herramientas que les permitan una vida libre de drogas. Fortalecer la capacidad de tomar decisiones personales, enseñar a enfrentar los problemas. Promover la auto aceptación y autoestima. Fomentar la expresión de sentimientos. Ayudar a que florezca la capacidad de amar, fortalecer la comunicación.Todas estas habilidades son transmitidas por el ejemplo más que por otros medios. De manera que debemos revisar en nosotros mismos estas capacidades y fortalecer las que hagan falta, para luego poder trasmitirlas a nuestros hijos

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(Tomado de: http://preventores-adicciones.blogspot.com/2008/10/codependencia-y-roles-familiares-en-la.html).

El autocontrol nos hace más libres…

La compra compulsiva, que consiste en el afán desmedido, incontrolado y recurrente por adquirir cosas no es un fenómeno exclusivo de fechas como la Navidad, en las que la insistencia de la publicidad comercial y la tradición consumista podrían explicar un cierto aumento de los gastos. Es una adicción en toda regla que, si bien en su máxima expresión afecta a poca gente, es más común de lo que pudiera pensarse. Es la consecuencia de un impulso irreprimible, un acto poco consciente del que después nos arrepentimos, porque compramos cosas poco útiles o gastamos más de lo que podemos.

Una reacción inadecuada

“Me siento deprimida”, “estoy angustiado”, “me falta el aire, tengo que salir”: tras estas y otras sentencias similares salimos de compras, con la convicción de que gastar aliviará nuestra ansiedad o disgusto. Sentimientos de tristeza, rabia, incomprensión, desatención y soledad, encuentran su vía de escape en la compra de artículos muchas veces no necesarios que nos aportan satisfacción en el momento de su adquisición. Quizá buscamos que alguien nos haga caso y sentir que “somos alguien”. Comprando nos sentimos vivos, en cierto modo importantes, y saciamos el vacío que causan la soledad, el tedio, las tensiones y problemas, los disgustos o la incomprensión. Intentando mitigar el dolor, canalizamos nuestro enfado hacia la compra y posesión del objeto. La falta de sentido de nuestra vida, carecer de un horizonte hacia donde dirigirla, el percibirnos inútiles o innecesarios, la tristeza, la apatía, el aburrimiento, una frustración o desengaño, activan en algunas personas el deseo de comprar objetos cuya adquisición no es del todo justificable. Cuando este banal propósito se convierte en costumbre, en necesidad irreprimible, surge el problema.

Cuando el comprar se convierte en necesidad irreprimible surge el problema

La mayor vulnerabilidad de los jóvenes podría deberse a que en la adolescencia resulta más difícil controlar los impulsos. Los jóvenes consumistas gustan de frecuentar los centros comerciales y sienten el deseo permanente de ir de compras y adquirir cosas nuevas. En realidad, este comportamiento es el resultado de la insatisfacción personal, de la sensación de tedio y la falta de autocontrol, así como de la ausencia de alicientes, de estrategias de gestión del tiempo libre y de la escasa responsabilidad en el ámbito económico. Además, en los jóvenes se añade su mayor vulnerabilidad ante los mensajes publicitarios, en una etapa vital muy cambiante y marcada por la inestabilidad personal. Los adictos a la compra sin ton ni son reconocen ver televisión en una proporción que duplica a la de la población no afectada por la compra compulsiva.

Por qué hablamos de adicción

Una conducta sólo se considera adicción cuando el individuo presenta estos tres rasgos: tolerancia (necesidad de consumir cada vez más para lograr la misma emoción), síndrome de abstinencia (cuando no se puede satisfacer la adicción) y pérdida del control (incapacidad de frenar en el consumo). La compra compulsiva -al menos, en sus manifestaciones más extremas- reúne todas estas características: la voluntad del afectado es casi nula, la satisfacción por la compra realizada deviene efímera y se entra en una espiral de la que difícilmente se puede salir sin la ayuda de un especialista. De todos modos, maticemos: no es conveniente resolver situaciones de ansiedad comprando cosas poco necesarias o que desequilibran nuestro presupuesto, pero no hay por qué renunciar a comprar lo que nos depara satisfacción si mantenemos el control sobre esta actividad y sus consecuencias.

Nos hallamos en situación de alarma si…

•Cuando nos sentimos tristes, deprimidos o enojados, lo único que nos calma es ir de compras.
•Compramos con frecuencia cosas poco útiles, que después nos arrepentimos de haber adquirido.
•Tenemos la casa llena de artículos que no hemos usado y que nos resultan inservibles.
•Nos precipitamos a la hora de comprar, porque no podemos controlar nuestros impulsos.
•Del entorno familiar y de amigos nos llegan mensajes críticos con nuestra desmedida afición a comprar.
•Aun a pesar de haber comprado muchas cosas o haber realizado un gran gasto, nos sentimos insatisfechos cuando reflexionamos en casa sobre los objetos adquiridos.
•Vemos que se nos va el dinero sin darnos cuenta, y a menudo estamos irritados por haber gastado el dinero tontamente.
•Cuando vemos algo que nos gusta, no paramos hasta comprarlo.
•Adquirimos productos “milagro” que intuimos o sabemos inútiles.
•Cuando recibimos el extracto de la tarjeta de crédito, nos sorprende sobremanera la cantidad e importe de las compras que hemos hecho.
•Nuestro tiempo libre lo dedicamos preferentemente a visitar los centros comerciales o ir de escaparate en escaparate.

Soy un compulsivo. ¿Qué puedo hacer?

• Piense qué quiere, qué le pasa, cómo se encuentra y busque qué alternativa existe, distinta de la de ir de compras. Recupere viejas aficiones o incorpore nuevas, y cultive sus amistades.
• Hable de su problema con personas de su entorno o con aquellas que lo hayan superado.
• Antes de salir de compras, redacte minuciosamente una lista con el propósito firme de no salirse de ella. Cada nuevo producto debe tener su propia justificación.
• Compre con dinero en metálico y deje su tarjeta de crédito en casa.
• Antes de comprar algo, piense en la utilidad que va a darle y si no la tiene, desista de su intención inicial.
• Revise semanalmente la marcha de su economía, el listado de gastos y en qué se han producido. Subraye en rojo los gastos inútiles o poco justificados.
• Si algo le gusta, no lo compre de inmediato, concédase unos días, coméntelo con alguien y, posteriormente, decida.
• Si está convencido-a de que no puede superar su adicción o ha fracasado en varios intentos, acuda al psicólogo.
• La empresa no es fácil, pero recuerde que cada vez que controlamos impulsos irracionales que nos perjudican y los vencemos, hemos conseguido una victoria que nos hace más libres. Las adicciones nada tienen de bueno y cuando las vencemos a base de inteligencia, voluntad y esfuerzo, reafirmamos nuestra personalidad y mejoramos nuestro equilibrio emocional y calidad de vida.

(Tomado de :http://revista.consumer.es/web/es/20021201/interiormente/54449.php).

Los alimentos son buenos amigos…

Me gusta comer buenos alimentos

Comer alimentos buenos y nutritivos es muy agradable, ya sea en casa, en un restaurante, en el campo, o al salir de la oficina. Me amo y por lo tanto elijo ser consciente de lo que me llevo a la boca y de como me sienta.
Cuando como, pongo combustible en mi cuerpo para que me de energía. Cada cuerpo es diferente. No puedo decirte lo que debes comer porque no conozco tu cuerpo. Busca el tipo de combustible que necesita para tener una salud y energía optimas. Las comidas rápidas son divertidas, de vez en cuando, pero algunas personas consideran normal vivir de refrescos, pasteles preparados, que contienen muy pocos elementos nutritivos. Aprender de la buena nutrición es divertido y da energía.
Disfruto cocinando y comiendo platos deliciosos, sanos y naturales y les agradezco a los alimentos que me den su vida para nutrirme. (Louise L. Hay de MEDITACIONES PARA SANAR TU VIDA)