Mes: agosto 2011

Aprende a volar en gozo y libertad…

¿Cuales son las obsesiones que se apoderan de nuestro interior?

Victor Manuel Fernandez, en su libro “Para liberarte de los apegos y obsesiones”, plantea que son varios los apegos que nos tienen anclados en el pasado, y que nos absorben y nos desgastan. Inicia enfatizando en la necesidad de reconocimiento y dice que si estamos obsesionados por nuestra apariencia personal, tendremos que “soltar” la imagen social. Si no lo hacemos no seremos felices, ni alcanzaremos la libertad. Nunca podremos “aflojarnos” por dentro si estamos pendientes del aprecio de los demás, o de su aprobación; porque si es así, no soportaremos ningún rechazo, ninguna opinión diferente, ninguna agresión, nada que contradiga nuestra necesidad interior.

Este es un modo de agredirse a si mismo convirtiéndose en esclavo de la opinión ajena:

Una forma de autodesprecio consiste en someternos sin condiciones a las apreciaciones y juicios de los demás, sin tener en cuenta el precio que ello puede suponer. Esto conduce con frecuencia a la negación y destrucción de uno mismo y, a la postre, a exponerse al riesgo de convertirse en victima de sus posibles abusos. En este sentido, es conveniente reconocer que frecuentemente reaccionamos con exageración ante las criticas nimias de los demás, tomándolas demasiado en serio y olvidándonos de las cosas importantes de la vida, aquellas que tienen efectos profundos sobre nuestra vida a largo plazo. Al proceder de este modo, caemos en la trampa de asentarnos en nuestra negatividad, regulando nuestra vida a partir de los mensajes de los demás, muchas veces emitidos con escasa conciencia de lo que dicen y que, por nuestra parte, abultamos desproporcionadamente.

Por eso también hay que aprender a soltar, a soltar esa obsesión por nuestra imagen, por el que dirán, por los afectos ajenos. Para liberarte, tendrías que llegar a decir lo siguiente, con toda la sinceridad de tu corazón:No quiero arrastrarme detrás de nada, no fui hecho para ser esclavo..

Tambien plantea el apego o dependencia afectiva, señalando que resulta muy duro tomar la decisión de “soltar” cuando se trata de un ser querido, y en nuestro interior nos parece que el amor y la fidelidad nos exigen permanecer atados a esa persona. Pero una cosa es la evocación cariñosa y algo nostálgica, o el sereno y tierno recuerdo que nunca puede desaparecer si hemos amado a alguien, y otra cosa es una esclavitud interna, cuando a causa de ese apego dejamos de vivir, dejamos de crecer, nos anulamos y nos enfermamos. Pasa el tiempo y ya no somos capaces de disfrutar y de crear. Entonces no le hacemos honor alguno a ese ser querido que se fue, porque le declaramos el causante de nuestra anulación. En el fondo le declaramos culpable de habernos quitado la vida. En cambio, el mejor honor que podemos hacerle, es sacar energías de ese cariño, y entregarnos de lleno a la nueva etapa que la vida nos presenta, para producir algún precioso fruto. En realidad, cuando no quiero renunciar a algo que se termino, mas que esclavo de esa persona, me he convertido en esclavo de mi debilidad, de mis sentimientos y necesidades interiores. Pero mi ser es infinitamente noble y demasiado valioso como para que yo lo degrade y lo enferme a causa de esos sentimientos y necesidades.

No se trata de no tener deseos ni placeres. Todo lo contrario, se trata de aceptar con gratitud todos los placeres que nos hagan felices. Para ello, es necesario liberarse porque no estamos hechos para encerrarnos en algo, para clausurarnos, para enquistarnos en una forma de vida rígida. Estamos hechos para un permanente desarrollo, hasta alcanzar una sublime y profunda relación con Dios y una amistad cada vez mas bella y generosa con los demás. Aunque el cuerpo se debilita, se desgasta y se enferma, el ser humano es mas que la materia, y su vida interna esta llamado a un crecimiento incesante. Si nuestras fibras mas intimas están hechas para el dinamismo, entonces solo seremos lo que tenemos que ser si permanecemos abiertos al “cambio”, si estamos siempre dispuestos a terminar con algo para empezar una nueva etapa. Es como sentirse libres de todo peso en las espaldas, sin maletas en las manos, y sin estorbos, para poder caminar con agilidad, disfrutar del aire, avanzar y volar hacia un desarrollo sin fin.

Por eso, soltar algo que nos obsesiona no es solo sacarse un peso de encima y estar mas tranquilo y cómodo. Es mucho mas; nos lleva a una sensación bellísima de libertad interior, de amplitud, de expansión y apertura de todo el universo.

¡¡¡ Deje de defenderse a si mismo !!!

¿Es usted de los que camina en un traje de armadura?

A menudo, si resultaron heridos cuando eran niños o adultos, esto les condujo a colocarse un traje de armadura para protegerse de ser heridos de nuevo. En muchas ocasiones bajamos la visera para evitar ver el dolor y bloquear todos los sitios dañinos. Recogemos las armas, usamos palabras duras, conductas manipuladoras, nos valemos de cualquier cosa que nos ayude a defendernos de todo aquello que nos haría daño otra vez. Nos acostumbramos a estar en la batalla ; y pronto toda la vida es una lucha permanente.

¡Deje de luchar!. Sí, usted ha sido herido muchos de nosotros tambien, pero usted no permite que su verdadera identidad emerga y brille ante los demas. Todo lo que puede ver es la visión limitada de la visera. Usted está creciendo y ganando fuerza cada día. !! Ahora está a salvo ¡¡.

¿Por qué no dejar las armas por un rato, levante la visera de su armadura, y vea la gente a su alrededor que son en su mayoría amable, de buen corazón, gente común como usted. Ellos han sido heridos y curados, han ganado y perdido. Se ríen y lloran. Abrirse a ellos, y permitir el intercambio es comenzar a sanar realmente su corazón.

REFLEXION: ” Dios, ayúdame Hoy a bajar las defensas, de estar abierto a lo bueno en la gente que me rodea y demostrar todo lo bueno que tengo para ofrecer”. (Melody Beattie de MEDITACIONES DIARIAS).

Adiccion a la Religion…

Bernardo Stamateas, en su Libro” Intoxicados por la Fe”, expresa: “La Fe Tóxica es una relación peligrosa y destructiva con una religión u organización. Se relaciona con la organización más que con Dios”.Asi mismo, nos habla de lo tóxico de la religiosidad opresiva, amedrentadora, que no libera sino que “achicharra”, que no está basada en el amor sino en el temor. Y nos insta a albergar en nuestro interior a un Dios que nos ama, que aspira a que seamos lo que debemos ser y no lo que cierta religiosidad burocrática y formalista pretende que seamos”.

Stamateas es un hombre de fe que puede al mismo tiempo ser abierto y moderno. En su visión, la fe no implica una posición temerosa y conservadora, todo lo contrario. El suyo no es un sistema que niegue al individuo ni el placer, no aboga por una mirada retrógrada y triste. Su fe es crecimiento y ganas de vivir.” En este libro se verán las actitudes religiosas que enferman a los seres humanos, sin importar el grupo al que pertenezcan. Conductas como: -Infundir culpa: “Todo es pecado y es malo”. -Las trampas de los líderes autoritarios que castigan y humillan. -La manipulación emocional. -Las amenazas: “Si te alejás del rebaño, vas a sufrir las consecuencias”.

Entre las Causas principales resalta:

Padres rígidos o no cariñosos, una herida del pasado que no está sanada o resuelta (ejemplo: conflicto, duda, la muerte de un ser querido), la autovaloración baja, el querer ser aceptado por los demás, la excesiva confianza en un amor falso de los líderes de la religión. el abuso físico, sexual y/o emocional; el niño se siente alejado de la familia, se busca perfeccionismo y expectativas muy altas, soledad; se buscan respuestas a la pregunta de ¿por qué la vida es así?, ¿por qué murió mi hijo?, etc.

Expectativas falsas: Pensar que nuestra religión nos vacuna de las tentaciones y problemas de la vida. Dios resuelve todos los problemas.

Las formas de fe tóxica:

Empezar a aislarse, relacionarse solamente con los siervos amigos de la religión, hablar de la religión, asistencia muy asidua al servicio, actividades religiosas compulsivas, el miedo, la culpabilidad, el querer ganar el amor a Dios, el dar para recibir, un enfoque excesivo en sí mismo, la intolerancia de opiniones contrarias o de otras religiones, la adicción a los efectos emocionales que me da la religión y el diablo visto en todos lados, etc.

En el principio la adhesión a una fe tóxica, parece una acción laudable y es difícil ver la diferencia con otra persona que se convierte a una fe no-tóxica. Las personas cambian, parecen tener mucha alegría e interés en la Biblia. La diferencia está en el motivo, en la razón (el fundamento psicológico) que les impulsaron a abrazar esta religión.

Diez características de un sistema de fe tóxica:


1. Los miembros del sistema se jactan de tener habilidades, entendimiento y conocimiento; prueba todo esto de que están de posesión de la verdad. Atacan a los demás por creer que son los únicos que se encuentran en el camino correcto. Citan las escrituras para motivar a los miembros, haciendo creer a los fieles que están sirviendo a Dios aunque en realidad están sirviendo a los intereses de sus líderes que se limitan a citar lo que les conviene. Los líderes tienen dones, revelación y autoridad y por lo tanto, nadie puede cuestionarles porque eso sería dudar de Dios. El líder o los líderes tienen un don especial que no tienen los demás miembros. En una iglesia sana, todos son iguales y especiales a los ojos de Dios.
2. El líder es dictador y autoritario. No hay diálogo.
3. Existe un pensamiento de ser los perseguidos <> El mundo es malo, no somos como los del mundo. Atacan a los no-miembros y glorifican las actividades de su organización.
4. Los sistemas tóxicos son de naturaleza punitiva. Confiesan delante de otros sus pecados. Expulsan o censuran y castigan en otras maneras. Los miembros creen que es difícil seguir a Dios.
5. En un sistema tóxico los adictos tienen que dar el máximo servicio. Los miembros se gastan y no pueden pensar claramente; existe mucha inquietud. Cuando los líderes cometen errores buscan a un culpable para que ellos salgan siempre limpios.
6. Por dentro de sí mismo se siente un vacío, pero al exterior presentan cara de felicidad y de paz.
7. La comunicación proviene de arriba hacia abajo y nunca desde la base. No hay diálogo.
8. Las reglas distorsionan el propósito de Dios. En el lugar de Dios, las reglas refuerzan la adicción, no fortalecen la relación o la fe en Dios. Todos hablan de lo mismo, se visten de igual manera. No hay espacio para 1a individualidad. La fe consiste en reglas y más reglas.
9. En un sistema de fe tóxica, los líderes no son responsables ante los demás. Una persona que piensa que es solamente responsable para con Dios es una persona enferma.
10. Categorizar a otros, generalizar, darles nombres, fabricar estereotipos para no hacer caso a sus creencias. Generalizan, quitan la individualidad de la persona y desacreditan sus creencias.

En este sistema hay personas que son co-conspiradores que apoyan el sistema, el liderazgo y ocultan los errores de las autoridades. Hay víctimas dentro y fuera de la religión: los “expulsados”.

Los líderes saben más que nosotros. Deben tener razón y se les debe obedecer y ser leales. Nos tratan bien entonces sus motivos deben ser puros. No debo quejarme, ni discutir, sino aceptar sus decisiones.

Las características del sistema: se sacrifica mucho a la organización porque se desea servir a Dios y se tiene baja autoestima; quiere sentir que la organización lo necesita; muchas veces se siente la soledad; disculpa las fallas de la organización, a toda costa protege la cara de la organización.

Practicando una fe sana:
Es enfocada a Dios y su presencia en la vida.
Crece y madura.
Respeta a los demás y aprecia sus talentos y debilidades.
Sirve libremente, sin miedo ni culpabilidad, ni compulsión.
Se autovaloriza.
Confía en otros.
No tiene miedo de abrirse, de compartir sus opiniones, de ser vulnerable; no está a la defensiva con los que piensan de diferente manera.
Es individualizada, no conformista.
Acepta sus limitaciones, no es perfeccionista.
Está orientada a relacionarse, no en la un actuación
Es equilibrada.
Tiene un Dios personal. No a través de una organización. La Biblia es para todos.
Acepta y aprecia las preguntas y los desafíos a sus creencias.
No juzga a los demás.

La fe define el conjunto de creencias de una persona. Por eso, si queremos saber el enfoque de vida de alguien, le preguntamos: “¿Qué fe profesas?” “Stamateas explica de una manera clara y práctica el daño que las religiones han provocado a la fe auténtica y nos propone asumir que la fe puede ser tanto un camino de redención de sentido como un camino en el que se pierde todo sentido, que puede llevarnos a quedar atrapados en la opresión de entregar por determinadas creencias nuestra propia autonomía y libertad espiritual”.

Adicción al Trabajo…

Dentro de las muchas caras del suicidio, tales como beber o comer en exceso, drogarse, conducir a altas velocidades, que reciben mucha atención y algún rechazo social, resulta hoy necesario sacarle su careta de normalidad total a un modo de matarse que aparece totalmente oculto, dentro de la virtud socialmente aceptada de la laboriosidad.

La adicción al trabajo (exceso frecuente de esa virtud) es una compulsión, que a corto o largo plazo es autodestructivo. Al igual que las otras adicciones, no puede ser controlada voluntariamente por quienes la padecen.

El adicto al trabajo tiene señales internas de que algo anda mal en él. Mientras esto le está ocurriendo, recibe señales igualmente poderosas por parte de la sociedad que aplauden su conducta. Por cierto esta situación lo confunde.

La adicción al trabajo es un tipo de intento de suicidio particularmente silencioso, que tiene el arma cargada siempre al alcance de su mano. Se puede contribuir desde el lugar de terapeuta (o desde el de paciente) para desactivar un instrumento de muerte tan poderoso.

Existe una enfermedad muy insidiosa, que escondida bajo una inocente apariencia, avanza lenta y segura hacia su desenlace fatal. Se trata de la más poderosa de las adicciones modernas que, como tal, recibe diariamente el apoyo oficial de las iglesias, las organizaciones de bien público y los gobiernos. La adicción al trabajo, la principal conducta autodestructiva del presente, crece y agrega adictos a sus filas sin ser enfrentada por ninguna campaña de educación para la salud. La adicción al trabajo es aceptada sin discusiones por toda la sociedad. Lejos de recibir críticas, este tipo de adictos es premiado por la sociedad muy habitualmente: con el éxito y la muerte.

La tendencia a trabajar en exceso, por encima de los propios límites y necesidades personales, por mera dependencia psicológica al trabajo, ha sido llamada también “el dolor que otros aplauden”.

En esta adicción aparece una creciente compulsión a trabajar, dentro de la cual hay que aumentar la dosis (horas de trabajo diarias) continuamente, para seguir logrando el efecto estimulante de la actividad sobre el estado de ánimo. Como resultado de esta adicción y de su creciente consumo de trabajo, la vida de las personas afectadas se torna cada vez más inmanejable.

El término “adicto al trabajo” o “alcoholista del trabajo” se utilizan para describir a todas las personas que hacen mucho: a quienes se apuran continuamente, están siempre ocupados o realizan muchas tareas permanentemente. Se trata de una adicción a la acción, en el sentido más estricto de la palabra. El tipo de acción puede variar y los adictos a veces parecen estar quietos y aún descansando. En esos momentos, seguramente su mente está trabajando a toda velocidad, resolviendo problemas, imaginando planes y tareas, etc., etc., etc. El tema y el lugar varían, la actitud es la misma.

Los mitos

Mito 1
“Los adictos al trabajo, trabajan todo el tiempo”
Respuesta:
Algunos adictos al trabajo, trabajan todo el tiempo. Otros se pegan grandes “atracones de trabajo” y luego paran. Algunos finalmente pueden ser verdaderos “anoréxicos del trabajo”. Lo que distingue al adicto al trabajo es el modo en que trabaja y no la cantidad y constancia de su trabajo.
Un adicto comenta: “Si yo estuviese todo el tiempo trabajando, mis amigos y mi familia no me lo permitirían. Es mucho más retorcido. Yo estoy sentado frente al televisor y pienso en mi trabajo. Estoy en el teatro, escuchando una sinfonía, y planeo mentalmente mi próximo trabajo. Me acuesto en mi cama y discuto mentalmente un problema con mi socio. De este modo nadie me acusa y puedo mantener oculta la droga que uso”.

Mito 2
“La adicción al trabajo sólo afecta a los ejecutivos y a los profesionales exitosos”
Respuesta:
Esta adicción afecta a todas las clases sociales y a las más diversas orientaciones laborales. Los casos más corrientes de adicción al trabajo se encuentran en las amas de casa. Los ejecutivos y los profesionales adictos no se detienen a descansar frente a ningún logro. Las amas de casa no suspenden su accionar frente al nivel más alto posible de brillo y orden a alcanzar.

Mito 3
“Nadie se ha muerto por trabajar demasiado”
Respuesta:
Resulta más difícil detectar los efectos sobre el corazón y el metabolismo del trabajo excesivo, porque estos adictos suelen además regular sus dietas y ejercicios. Sin embargo, muchos adictos al trabajo suelen padecer infartos y mueren a causa de ellos. Muchos otros mueren en accidentes de automóvil, donde son víctimas de su propio cansancio.
Es más, a la mayoría de ellos, no les interesa cuando se les informa de esta alta probabilidad de morir a causa de su alto nivel de autoexigencia. Si pudieran expresar lo que sienten, dirían: “Prefiero morir trabajando”.

Mito 4
“La adicción al trabajo de sus empleados, es beneficiosa para las empresas”
Respuesta:
La mayoría de los adictos al trabajo son erráticos en su actividad y cometen muchos yerros. Cuando no es así y logran ser muy eficientes suelen enfermarse gravemente de todos modos, a causa de su adicción. Por tal motivo, terminan perjudicando la productividad. Cuando las empresas promueven la adicción al trabajo entre sus empleados, actúan con un criterio a muy corto plazo. Esta adicción, como cualquier otra, no favorece a nadie.

Mito 5
“Se trata de una adicción positiva”
Respuesta:
¿Quiénes piensan que es positivo? ¿la familia del adicto? ¿sus amigos cercanos? De ninguna manera. Todos ellos se sienten abandonados y no atendidos en sus necesidades afectivas y sociales. Todos ellos se sienten con mucho resentimiento y tristeza, debido a la pérdida continua de un ser querido.
Muchos directores de proyectos parecen estimular esta adicción, al igual que los ideales laborales de la sociedad, transmitidos (entre otros) por los medios de comunicación. Quizá la adicción al trabajo sea el caso más resonante de una forma de suicidio que recibe estímulo social.

Mito 6
“Los alcohólicos al trabajo son felices”
Respuesta:
No es cierto que “todos los que llegan al éxito son felices”. Los adictos al trabajo dicen que ellos se “sienten felices cuando terminan con su trabajo”.
La trampa: su trabajo nunca termina. “Feliz!”, exclamó una adicta al trabajo en recuperación, “En mi familia se podía ser bueno, trabajador, productivo y generar orgullo en los seres queridos. Nunca escuché la palabra feliz”.

El perfil del adicto al trabajo

Se puede resumir el perfil del adicto al trabajo con cuatro características:

1. Adicciones múltiples: No existe ningún adicto que tenga una sola adicción. En particular, es común que la adicción al trabajo marche de la mano con la compulsión a complacer a los otros, con una extrema dificultad para decirles que no.

2. Negación: Todas las adicciones se basan en la negación. La negación de la adicción al trabajo es quizás la más compleja. Dada la alta aprobación social que la conducta y sus consecuencias tienen para el adicto, le resulta muy difícil a éste tomar conciencia de su dificultad.

Los adictos al trabajo dicen: “Ya sé que soy adicto al trabajo, pero podría tener una adicción mucho peor” o “Seguro que soy un adicto al trabajo, pero mire los beneficios que recibo…”

3. Autoestima desregulada: Los adictos al trabajo tienen una autoestima devaluada o hiperinflada. Presentan muchas dificultades para aceptarse realmente como son… Están siempre realizando esfuerzos denodados por rendir más de lo que podrían naturalmente.

Es que, por estar convencidos de que los demás no podrán aceptarlos como son, los adictos al trabajo están siempre tratando de aumentar sus logros.

4. Incapacidad para relajarse: Los adictos al trabajo funcionan bien con la adrenalina muy alta. Esta contínua descarga de adrenalina es una de las causas de su dificultad para relajarse. Tienen siempre una larga lista de tareas que necesitan ser realizadas. Dado que el trabajo es su gatillador, siempre pueden encontrar a mano una reserva con la que “estimularse” para segregar adrenalina.

Como todas las adicciones, la adicción al trabajo ataca nuestra integridad espiritual y nos lleva a la quiebra de nuestra autonomía. Algunos adictos se experimentan “fuera de sus propios cuerpos”, mientras otros llegan a sentirse “fuera de sus vidas”. Porque su compulsión es una forma de no vivir, que resulta apenas distinta de la muerte.

Los adictos al trabajo saben que se están suicidando y, sin embargo, continúan su accionar eficaz sin detenerse.

Recursos para salir

1. Abstinencia
Dejar de trabajar por un tiempo es una opción. Esta medida debe ser acompañada por un programa de recuperación teniendo en cuenta la abstinencia. “Usé el primer mes para curarme físicamente. El segundo para verme con más claridad y examinar mis prioridades. Finalmente, en los últimos meses, comencé a encontrar alternativas a mi manera de ser.”

2. Control del gatillo
Se llama gatillo a las situaciones que desencadenan la conducta adictiva. identificar estas situaciones ayuda a controlar el desencadenamiento de la adicción repetida. El gatillo puede ser la necesidad de jugar un rol clave, de gustar a los otros, el no quedar excluido de la situación de poder, etc. Este reconocimiento permite esquivar al detonante antes que se desarrolle la conducta adictiva a pleno. En esta fase del tratamiento, la psicoterapia dinámica suele ser muy importante.

3. Programa diario de trabajo

Del mismo modo en que lo hacen aquellos que comen o beben en exceso, estos adictos pueden encontrar que un programa regulado de actividades constituye un plan adecuado al que ajustarse. En las primeras etapas de la recuperación suelen planearse sólo algunas horas; más adelante se programa el día completo. El programa debe incluir número de horas dedicadas al trabajo, a la recreación, a la familia, descanso, juego, soledad, etc. Por lo común es útil que un especialista o consejero ayude al adicto a evaluar si este programa se está cumpliendo en forma satisfactoria.

(Tomado de: http://seminarioabierto.com/consejeria34.htm)