Mes: septiembre 2011

Tomar conciencia …

Victor Manuel Fernandez, en su Libro “Para liberarse de los apegos y obsesiones”, ratifica que para sanar hay que tomar conciencia de los apegos y de las cosas que se están perdiendo a causa de esos apegos; es advertir todo lo que la vida me ofrece y yo no puedo disfrutar por culpa de ese apego; es reconocer el tiempo y las energías preciosas que gasto en tristezas y en lamentos interiores, cuando hay tanto y tanto para vivir.

Esta conciencia se vive como una liberación, como una feliz claridad interior que nos devuelve la libertad. Es bello contemplar como se desinflan nuestras esclavitudes al contemplarla con valentía.

Esto implica tomar conciencia de todos los sentimientos que están unidos a un apego: el miedo de perder algo, el temor de quedarme sin eso que me obsesiona, una sensación de humillación o de baja autoestima. Este sentimiento debe ser reconocido tal cual es, en todos sus detalles: debe ser contemplado como quien mira algo desde fuera, hasta que uno perciba claramente lo inútil que es alimentar ese sentimiento dañino. Entonces puede surgir la decisión libre de renunciar a eso que nos entristece.

Ademas uno puede ejercitarse para aprender a soltar rápidamente la vanidad, por ejemplo, haciéndose preguntas: “¿Es tan importante que me alaben o me critiquen? ¿Acaso soy el centro del universo? ¿Acaso no pasara esta humillación o este fracaso como han pasado muchas otras cosas? ¿No es verdad que todo pasa?”. Y puedo repetir:Todo pasa. Y esto también pasara, esto también acabara, también a esto se lo llevara el viento del tiempo, pasara, pasara.

Nos hemos puesto la exigencia de ser aplaudidos, de poseer tanto dinero, de ser amados por tal persona, de tener tal cosa. Nos hemos apegado a eso y no “queremos soltar ese proyecto”. Esa exigencia es la causa de nuestros males. Pero no hay ninguna obligación de seguir alimentando tal exigencia. Muchas personas son felices sin eso. Entonces podemos imaginar nuestra vida feliz, serena y llena de fuerza, sin esa exigencia que nos trastorna. Y echarla lejos como si fuera una serpiente venenosa.

Una cosa es tener lo necesario para vivir, y cuidarlo. Otra es comenzar a ser poseídos por el deseo de los objetos, del dinero, de los títulos, de los afectos, y de todo lo que pueda ser acumulado. Eso es olvidar que el verdadero placer es fugaz, y que con retener las cosas no logramos ser mas felices. Eso que nos hizo felices ya paso.

Alan Watt, en su Libro “La vida como juego” expresa: “Se puede decir que la fugacidad es un distintivo de la espiritualidad. Mucha gente piensa lo contrario, que lo espiritual es imperecedero. Pero cuanto mas tiende una cosa a ser permanente, mas tiende a carecer de vida… Somos reconocidos por el hecho de que nuestro rostro parece el mismo de un día a otro, y la gente reconoce eso. Pero en realidad el contenido del rostro, los carbonos, el agua, los elementos químicos y lo que sea, están en continuo cambio… El cuerpo es en realidad muy intangible. No podemos concretarlo, decae, y todos envejecemos. Si nos aferramos al cuerpo nos frustraremos. Lo importante es que el mundo material, el mundo de la naturaleza, es maravilloso mientras no tratemos de apoyarnos en el, mientras que no nos aferremos a el. Si no lo hacemos, podemos llegar a pasarlo muy bien”. Cuando uno no reconoce la fugacidad de las cosas y de los placeres, pierde su dignidad y comienza a venderse, a arrastrarse detrás de necesidades obsesivas. Hay que reconocer ese engaño y soltar, simplemente soltar. ¡Dejar ir, dejar pasar!.

Auger L., en su Libro “Ayudarse a si mismo aun mas”, plantea que “por no soltar las cosas fugaces, nos exponemos a una larga infelicidad, porque la tendencia a buscar de una forma compulsiva los placeres pasajeros, es a menudo el origen de frustraciones duraderas y considerables. Una persona, al permanecer en los brazos de su madre, habría alcanzado un placer, pero esto le habría impedido desarrollarse lo suficiente como para llegar a moverse por si mismo y disfrutar de los placeres que proporcionan la independencia y la autonomia físicas.”

Fernandez, Victor propone un ejercicio concreto:

1.- Reconozco con claridad que algunas cosas me provocan tristeza porque no son mias, porque no las poseeo, porque no puedo aferrarlas. Reconocer que el deseo insatisfecho enferma el corazon y arruina la existencia. Para ello, me detengo a tomar conciencia de esas insatisfacciones que no vale la pena alimentar. Hago una lista de esas cosas que no son indispensables, pero que pretenden adueñarse de mi libertad.

2.- Reconozco que la vida se sostiene sobre todo con los pequeños placeres que tengo entre las manos. Hago una lista de esos placeres posibles y cotidianos y doy gracias a Dios por ello.

Pero cuando vemos algo bello que no es nuestro, lo mejor es sonreir, vivir ese instante, agradecer que exista esa criatura bella, agradecer haberla visto, y con esa sonrisa decirle adios. Dejar que fluya, que pase, que siga su curso, como una hoja arrastrada por la corriente, como arroyos hundiendose en la corriente del supremo olvido. No vale la pena aferrarse a algo que pasa, que se acaba, que desaparecera como desaparece todo.
Y luego de esa entrega podemos detenernos a disfrutar lo que la vida nos regale: el cielo azul, la brisa, el verde, un te, el encuentro con un amigo, el trabajo, etc.

Raices Familiares…

Dorothy May, en su Libro Codependencia-La dependencia Controladora/La dependencia Sumisa, enfoca esta temática a través de interrogantes, e inicia planteando como las Raices Familiares influyen en la personalidad de cada uno de los miembros de la Familia.

PREGUNTA UNO:

No se que es eso de sentir poder dentro de mi. Se muy bien lo que es la indefension. Tambien se lo que es sentirse pequeño y despreciable. Pero necesito entender por que me averguenzo tanto de mi mismo. Me siento así en todo lo que hago.

Puedes que procedas de un ambiente familiar nocivo en el que te quitaron el poder a trozos, sucesivamente. A medida que te iban quitando el poder, tu alma perdía también un trozo cada vez. Los hogares nocivos se suelen caracterizar por un mal uso y un abuso del poder. Ello tiene su origen en una persona dominante, que siempre tiene la razón, y una persona sumisa que siempre esta equivocada, junto con la circunstancia de que existen pocos adultos alrededor a los que el niño puede imitar.

En este tipo de familias la gente se sirve del ridículo como un medio del control social. Sus miembros se ríen de los demás, y en especial de quienes son diferentes o tienen problemas.

En un principio el niño cree que su familia tiene un gran sentido del humor. Al parecer, los demás están equivocados y su familia esta en lo cierto. Ahora bien, pronto advierte que su familia también se ríe de el cada vez que se siente herido. Empieza a agachar la cabeza y no suele mirar a la gente a los ojos. Sigue con la sonrisa en los labios, al margen de como se sienta. Esta aprendiendo la vergüenza. Esta perdiendo su Alma.

La mentalidad nosotros-ellos habla alto y claro: “Si quieres pertenecer a nuestra familia, entonces debes hacer lo que pensamos que es correcto. Sabemos lo que es correcto y los que no son de los nuestros están todos equivocados.”

Visto desde esta perspectiva la gente solo puede ganar o perder. Los ganadores se pavonean triunfantes; los perdedores lloran avergonzados. El mundo mas allá de la familia es un lugar peligroso y engañoso. Debemos permanecer dentro de la órbita de protección de nuestro mundo familiar. Los padres suelen decir cosas como :
“No encontraras a nadie que te apoye como nosotros, tienes que estar de nuestro lado o de lo contrario…”

Esta modalidad de control social mantiene atados y amordazados eficazmente a los miembros de la familia, conserva el status quo y no admite ningún cambio. ¡Bien por los de arriba!. A la cabeza de este tipo de familias suele encontrarse un “gran dictador”, que es quien establece el conjunto de reglas rígidas. Reglas que a su vez son ratificadas por el “potestativo principal” de ordinario la esposa. Los niños aprenden desde muy pronto que
¡nadie debe contrariar al Rey!. Este es un sistema familiar basado en la vergüenza.

Piensa en…

¿Quien era el Rey en tu familia?
¿Quien hacia de esta persona el Rey?
¿Cuales eran dos de los mensajes, procedentes de tu familia, que expresaban la mentalidad nosotros-ellos?

Desprendimiento emocional…

El desprendimiento emocional y la codependencia

Lo primero que debemos definir al hablar del desprendimiento emocional, son los términos “atadura emocional” o codependencia. Decimos que existe atadura emocional cuando una persona se encuentra aferrada emocionalmente a cosas negativas o patológicas de alguien que lo rodea; sea esposo, hijo, pariente sanguíneo o político, compañero de trabajo, etc. Esta codependencia se manifiesta de dos maneras especialmente: un entrometimiento en las cosas ajenas que no le conciernen y, también, asumiendo las responsabilidades del otro individuo, lo que propicia un comportamiento irresponsable de su parte.

Una de las primeras cosas que uno tiene que hacer cuando se va a curar de la codependencia es empezar el proceso del desprendimiento emocional. No se trata de distanciamiento físico, aunque en los casos de violencia extrema, hay que recurrir a él. Sino, más bien, de no aceptar conductas inadecuadas como: adicción a las drogas, agresividad extrema, actos de rebeldía y maltratos.

Es muy doloroso cuando uno tiene que aconsejar a un padre el desprendimiento emocional de un hijo, y que este lo confunda con desamor, desinterés o ignorancia del problema. La mayoría de las veces, los padres reaccionan mal porque piensan que se les está indicando que dejen a un lado el dolor que la situación les produce. ¡No se trata de eso! Ningún terapeuta puede quitar el dolor a nadie; pero sí le puede quitar la necesidad obsesiva de intervenir, o de pretender tomar el control de una situación que se le ha salido de las manos.

Entrar en el proceso de desprendimiento emocional es indispensable para mejorar la autoestima de cualquier paciente, pero es necesario también, que esa disposición nazca de sí mismo. ¿Por qué? Porque ninguna persona puede empezar a trabajar autoestima, ni puede cuidarse, ni menos quererse, si primero no hace un distanciamiento de la persona que la está agrediendo. Y por mucho que se preocupe, por mucho que sufra, no va a lograr nada. No hay madre o padre que por medio de amenazas, lloros o ruegos, logre que su hijo deje su adicción a las drogas o las malas compañías. Por eso hay que aprender a desprenderse totalmente.

Una de las primeras cosas para empezar un desprendimiento emocional es tener conciencia de que uno está atado emocionalmente a alguien. Desprenderse emocionalmente es no entrar en el juego, no prestarse para ser abusado, ni de palabra, ni de obra. Si usted ya conoce el problema, no se exponga, corte por lo sano. En muchos casos la solución esta en la oración. Dejar que Dios haga su obra. Él siempre tiene armas más eficaces que nuestras pobres fuerzas. Nosotros tenemos que hacer nuestra parte y, muchas veces, nuestra parte es no hacer nada. O hacerlo de una manera positiva, diferente. Cambiar la estrategia: Mira fulano, ¿sabes qué? He asumido otra postura en mi vida. De ahora en adelante, no te voy a admitir ningún maltrato ni grosería. Te quiero muchísimo y estoy dispuesta a ayudarte en todo cuanto esté a mi alcance, pero no soportaré por más tiempo tu mala conducta. Tú sabes que necesitas una terapia, así que cuanto antes, mejor. Eso es desprendimiento. No hay lamentos, no hay reproches, no hay imposiciones. Das una solución pero al mismo tiempo, tomas distancia del problema. Si continúa atado emocionalmente, su vida se desbarata, porque tiende a vivirla desde la anormalidad del otro. Eso es precisamente codependencia; y el tratamiento es el desprendimiento emocional. (Dra. María Gómez)