Mes: octubre 2012

Apego a la Imagen Social

Cuando uno esta pendiente de su yo y apegado a su imagen social, a veces procura cumplir grandes proyectos para sentirse halagado por los demás. Ese es el peor alimento que podamos buscar. El halago es un alimento que cada vez nos vuelve mas hambrientos y nos convierte en enemigos de todo lo que se nos oponga. Peor todavía, nos vuelve esclavos de estos enemigos, porque viviremos pendientes de ellos.

Leamos esta excelente explicación: “Puedes empeorar las cosas poniéndote a buscar a otras personas que te digan lo especial que eres para ellas e invirtiendo un montón de tiempo y energías en asegurarte que nunca van a cambiar esa imagen que tienen de ti. ¡Que forma de vivir tan agotadora!. De pronto, el miedo hace acto de presencia en tu vida; miedo a que se destruya tu imagen … Siéntete halagado, y en ese momento habrás perdido tu libertad, porque en adelante no dejaras de esforzarte por conseguir que no cambien de opinión. Temerás cometer errores, ser tu mismo, hacer o decir cualquier cosa que pueda dañar esa imagen… Si logras ver esto con claridad, te desaparecerán las ganas de ser especial para nadie”

Y lo mas temible sucede cuando alguien nos critica o nos contradice, y entonces sentimos que nos quitan esa buena imagen a la que estábamos tan apegados.

Hay un ejercicio útil para esos momentos en que uno se ha sentido humillado o despreciado, y tiene la tentación de bajar los brazos o de aislarse del mundo, aferrado a su yo dolorido, dominado por el apego a la apariencia personal. Es emitir el sonido que hace un animal, y repetirlo muchas veces. Por ejemplo repetir “muuuu” como una vaca, y mirarse a uno mismo repitiendo el mugido. Al hacerlo hay que dejar que brote una sonrisa, por lo ridículo que nos parece vernos mugiendo como una vaca. Así soltamos nuestro yo, nuestra apariencia, nuestra vanidad, dejamos de tomarnos tan en serio. Es importante que brote esa sonrisa, y continuar repitiendo el mugido con esa sonrisa en los labios, hasta que sintamos que herida de nuestro orgullo esta curada. Nada de expresiones serias en el rostro como si fuéramos el centro del universo.

Cuando uno es capaz de salir de su centro sabiendo que el mundo gira a su alrededor, entonces suelta su vanidad y sonríe, porque puede percibir la bella armonía del cosmos, donde todo finalmente termina bien. Así uno se libera de un peso terrible: la obligación de ser el responsable del funcionamiento de todo el universo.

Esta sonrisa, aunque no nos sintamos alegres, puede inducirnos a aceptar la alegría y puede ayudarnos a relativizar la tonta seriedad que provocan nuestras insatisfacciones y apegos. Y sera mejor todavía si logramos emitir una risa o una carcajada.

(Fragmentos del Libro Para liberarte de los apegos y obsesiones de Víctor Manuel Fernandez).

El Apego a la Imagen

El miedo a no conseguir la recompensa se convierte en el miedo a ser rechazado. Y el miedo a no ser lo bastante buenos para otra persona es lo que hace que intentemos cambiar, lo que nos hace crear una imagen. Imagen que intentamos proyectar según lo que quieren que seamos, sólo para ser aceptados, sólo para recibir el premio. De este modo aprendemos a fingir que somos lo que no somos y perseveramos en ser otra persona con la única finalidad de ser lo suficientemente buenos para mamá, papá, el profesor, nuestra religión o quienquiera que sea. Y con este fin practicamos incansablemente hasta que nos convertimos en maestros de ser lo que no somos.

Pronto olvidamos quienes somos realmente y empezamos a vivir nuestras imágenes, porque no creamos una sola, sino muchas diferentes, según los distintos grupos de gente con los que nos relacionemos. Una imagen para casa, una para el colegio, y cuando crecemos, unas cuantas más.

Y esto funciona de la misma manera cuando se trata de una simple relación entre un hombre y una mujer. La mujer tiene una imagen exterior que intenta proyectar a los demás, y cuando está sola, otra de sí misma. Lo mismo pasa con el hombre, que también tiene una imagen exterior y otra interior. Ahora bien, cuando llegan a la edad adulta, la imagen interior y la exterior son tan distintas que ya casi no se corresponden. Y como en la relación entre un hombre y una mujer existen al menos cuatro imágenes, ¿cómo es posible que se lleguen a conocer de verdad? No se conocen. La única posibilidad es intentar comprender la imagen. Pero es preciso considerar más imágenes. Cuando un hombre conoce a una mujer, se hace una imagen propia de ella, y a su vez la mujer se hace una imagen del hombre desde su punto de vista. Entonces él intenta que ella se ajuste a la imagen que él mismo ha creado y ella intenta que él se ajuste a la imagen que se ha hecho de él. Ahora, entre ellos existen seis imágenes. Evidentemente, aunque no lo sepan, se están mintiendo el uno al otro. Su relación se basa en el miedo, en las mentiras, y no en la verdad porque resulta imposible ver a través de toda esa bruma.

De pequeños no experimentamos ningún conflicto porque no fingimos ser lo que no somos. Nuestras imágenes no cambian realmente hasta que empezamos a relacionarnos con el mundo exterior y dejamos de tener la protección de nuestros padres. Esta es la razón por la que la adolescencia resulta particularmente difícil. Aun en el caso de que estemos preparados para sostener y defender nuestras imágenes, tan pronto intentamos proyectarlas al mundo exterior, éste las rechaza. El mundo exterior empieza a demostrarnos, no sólo particular, sino también públicamente, que no somos lo que fingimos ser. Este sería el caso, por ejemplo, de un chico adolescente que aparenta ser muy listo. Acude a un debate en el colegio, y, en ese debate, alguien que es más inteligente, y que está más preparado, le supera y le deja en ridículo delante de todo el mundo. A continuación él intenta explicar, excusar y justificar su imagen delante de sus compañeros. Se muestra muy amable con todos e intenta salvar esa imagen delante de ellos, aunque sabe que está mintiendo. Por supuesto, hace todo lo posible para no perder el control delante de ellos, pero tan pronto se encuentra solo y se ve reflejado en un espejo, lo hace añicos. Se odia a sí mismo; se siente verdaderamente estúpido y cree que es el peor. Existe una gran discrepancia entre la imagen interior y la imagen que intenta proyectar hacia el mundo exterior. Pues bien, cuanto más grande es la discrepancia, más difícil resulta la adaptación al sueño de la sociedad y menos amor se tiene hacia uno mismo. Entre la imagen que finge ser y la imagen interior que tiene de sí mismo cuando está solo, existen mentiras y más mentiras. Ambas imágenes están completamente alejadas de la realidad; son falsas, pero él no es consciente de ello. Quizás otra persona lo advierta, pero él está totalmente ciego. Su sistema de negación intenta proteger las heridas, pero éstas son reales y siente dolor porque intenta defender esa imagen por todos los medios.
(Miguel Ruiz)

(Tomado de: http://mentalidadseductora.blogspot.com)