ADICCION A LAS COMPRAS…

Prevalencia:

Según el Informe europeo sobre adicción al consumo, una tercera parte de los ciudadanos de la UE tiene serios problemas de autocontrol y se estima que la compra compulsiva tiene una prevalencia de un 1,1% a un 5,9% de la población general. Es bastante más frecuente en mujeres (80%). Los jóvenes tienen más riesgo de desarrollar esta conducta. Los jóvenes consumistas gustan de frecuentar los centros comerciales y sienten el deseo permanente de ir de compras y adquirir cosas nuevas. Además, en los jóvenes, se añade una mayor vulnerabilidad ante los mensajes publicitarios, en una etapa vital muy cambiante y marcada por la inestabilidad personal. Los adictos a la compra reconocen ver televisión en una proporción que duplica a la de la población no afectada por la compra compulsiva. De esta manera, el trastorno suele iniciarse alrededor de los dieciocho años; no obstante, los afectados no buscan tratamiento hasta la tercera o cuarta década de la vida, y generalmente lo hacen porque han llegado a tener graves problemas financieros. En los peores casos, comporta complicaciones legales debido a las enormes deudas contraídas. Los compradores compulsivos suelen comprar a crédito y tener varias tarjetas de crédito. En la mayor parte de los casos los objetos adquiridos mediante la compra patológica son destinados a regalos, colecciones o a la basura, precisamente por su carácter caprichoso, momentáneo e innecesario. El curso del trastorno suele ser crónico en alrededor de un 60% de los casos, y el ansia de comprar puede tener una frecuencia que va desde una vez por hora hasta apenas una vez por mes. Los afectados suelen intentar infructuosamente limitar su conducta.

En Estados Unidos, definen al ser comprador compulsivo o shopaholic como “el arte de comprar lo que no se necesita con dinero que no se tiene”. La prevalencia enla población está entre el 2 y el 8 % según difrentes estudios. Según las pocas estadísticas disponibles a nivel nacional, 9 de cada 10 compradores compulsivos son mujeres. A menudo se habla de esta disfunción como de una “adicción social”, en el sentido de que se da en grandes conglomerados urbanos y que, además, cuenta con una suerte de permiso social para crecer y prosperar.

Podríamos decir que es un conflicto que está estimulado pro el sistema capitalista que a través de la publicidad genera necesidades y falsas soluciones . Además hay características valoradas por la sociedad y otras que son condenadas. “Ser generoso, es mejor que ser amarrete o tacaño”.

Al efímero placer le siguen los remordimientos, las peleas familiares por los gastos desmedidos, el sentimiento de culpa, la depresión y una ansiedad que sólo se apaga con un nuevo atracón consumista. Esta conducta tiene cierta similitud con la bulimia, de ahí que a estos compradores feroces e insaciables se les ha llamado «compradores bulímicos». La compra compulsiva comparte algunos rasgos con las conductas adictivas (se les llama también adictos a comprar o «shopaholics»), particularmente con la ludopatía o adicción al juego, pero sobre todo se parece a los llamados trastornos del control de los impulsos, como la cleptomanía o la piromanía. De hecho, prácticamente en lo único que se diferencian los cleptómanos y los compradores compulsivos es en que los primeros no pagan y éstos últimos sí, aunque a la postre muchos no puedan hacer frente a sus deudas.

Muy a menudo la necesidad obsesiva de gastar es un síntoma de algún trastorno psicológico. La compra compulsiva es muy frecuente en el contexto de los estados hipomaniacos, cuando la persona se encuentra especialmente eufórica, como un signo más de su conducta expansiva en muchos casos. Elliot también destaca que muchos compradores compulsivos son en realidad enfermos depresivos. No es infrecuente que la compra compulsiva se acompañe de trastornos de la alimentación, especialmente bulimia, y ocasionalmente de cleptomanía.

El perfil típico del comprador compulsivo es una mujer, en torno a la treintena, de no importa que clase social, que ha desarrollado este hábito a fuerza de comprar ropa, zapatos, joyas y productos de belleza. También hay hombres, aunque muchos menos, y sus preferencias se decantan por los aparatos eléctricos y las herramientas para el hogar. Pero nadie sabe cuál será el futuro de este nuevo síndrome, todavía no catalogado entre los trastornos mentales-

La compra compulsiva se desarrolla, por dos mecanismos: en unos casos este hábito inadecuado se adquiere básicamente a fuerza de repetir una conducta que en un principio resulta agradable y luego se realiza de forma compulsiva, mientras que en otros esta conducta hay que entenderla predominantemente como una evasión, como una forma inadecuada de hacer frente a los problemas personales.

Aspectos relevantes:

El hábito de comprar puede convertirse en la llamada: “Actitud Compulsiva”
La actitud compulsiva es un comportamiento patológico, está considerada como dependencia psicológica.
Es el patrón de consumo compulsivo hacia una sustancia o actitud que origina tolerancia ( termina incorporándose y aceptándose), con síntomas de una conducta repetitiva que se traduce en patología.
Una vez realizada una acción, se libera el malestar momentáneamente, aumentando la depresión y la ansiedad, como en los cuadros obsesivo-compulsivos
Esta situación se enmarca dentro de las afecciones neuróticas, es decir se centra en torno a la tensión y su descarga.
En la compra compulsiva, el individuo actúa irracionalmente, comprando algo que tal vez no necesita y no usará.
El comprador impulsivo responde al deseo de poseer un producto, el compulsivo compra con el deseo de aliviar su tensión y ansiedad.
El comprador compulsivo intenta mejorar su autoestima y satisfacer necesidades emocionales.
Lo anterior va ocasionando una dependencia psicológica, llegando a perder el control de sí mismo.
La compulsión está considerada como un comportamiento ritual, recurrente, que a pesar de los intentos por resistirse al impulso, ocurre.
Los compradores compulsivos, en ocasiones actúan inconcientemente para eliminar el sentimiento de culpa que los agobia.
La culpa puede ser provocada por haber comprado algo que no usaron o que no necesitaban, por lo que la conducta se repite como una compensación para borrar “la conducta mala”.
Cuando el comprador compulsivo se encuentra en una etapa avanzada de neurosis, llega a incurrir en el uso excesivo de sus tarjetas de crédito u otra forma de obtener dinero, incluso robando
Otras consecuencias psicológicas de la compra compulsiva son la angustia, la depresión, los remordimientos, la vergüenza y la baja autoestima.
Todos los síntomas anteriores provocan un alto nivel de estrés, que puede acarrearle al afectado enfermedades como la úlcera, hipertensión, depresiones profundas y frecuentes dolores de cabeza. Los artículos que los compradores compulsivos adquieren con más frecuencia son ropa, zapatos, cosméticos, joyería, aparatos electrónicos, artículos coleccionables, antigüedades, equipos de sonido, discos, piezas de arte, autopartes y regalos.
El comprador compulsivo es eminentemente racionalizador, la cual es una estrategia cognocitiva que implica inventar razones plausibles y aceptables para ocultar las explicaciones reales de sí mismo.Los compradores compulsivos pueden encontrarse en todos los niveles socioeconómicos y compran cosas para ellos mismos o exclusivamente para otros.
Es frecuente que una madre justifique sus compras colmando de regalos a sus hijos.
Tambien es frecuente que lo que compre nunca sea desempacado, y por consecuencia, nunca utilizado. La racionalización es que el objeto comprado ya perdió valor.

¿Como resolver este problema?:

Además del control de los propios impulsos y de buscar conductas alternativas, hay otras medidas cuya puesta en práctica puede reducir el uso de la tarjeta de crédito. Constituye una ayuda, por ejemplo, la elaboración de un presupuesto previo en el que se limite el gasto que se puede realizar sin poner en peligro la economía doméstica o distinguir, entre las compras, las que están justificadas y las que no lo están.
Además, al ir de compras conviene llevar una lista de los artículos que se quieren adquirir y se recomienda evitar comprar en momentos de euforia o desánimo, ya que determinadas situaciones psicológicas favorecen la compra irracional.

También es importante ser consciente de que la reducción en el precio de algunos productos no conlleva la reducción en el precio de todos; por tanto, no hay que dejarse llevar por las tentaciones, hay que controlar lo que se gasta, y no sentir vergüenza por salir sin comprar nada.

Conviene evitar las compras de última hora, cuando los precios están más caros y las aglomeraciones hacen que se hagan las compras de forma rápida y descuidada. Se debe recurrir al transporte público en lugar del vehículo privado, no siempre es fácil aparcar, y aprovechar las rebajas para comprar lo que no sea estrictamente necesario y saber con certeza qué es lo que se quiere.

La mayoría de las veces se debe simplemente a hábitos que han sido aprendidos, y que también se pueden aprender a modificar para poder vivir de una manera que permita gastar el dinero de una forma sensata. Así se disfrutará más y mejor con las compras realizadas.

Las posibilidades de tratamiento y prevención son diversas y todas pasan por la identificación del problema, la consideración correcta del mismo (es un trastorno psicológico, no un vicio) y la remisión a los dispositivos especializados. Los métodos terapéuticos siempre deben combinarse. Éstos incluyen:

1. Medidas psicológicas;
2. Medidas farmacológicas;
3. Cambios o adaptaciones sociales.

El tratamiento de la compra compulsiva es difícil. La terapia de apoyo, la terapia introspectiva y los grupos de autoayuda son beneficiosos para algunos afectados. La terapia farmacológica incluye antidepresivos, antimaníacos, ansiolíticos y antipsicóticos para tratar la patología asociada que, como hemos comentado, es frecuente en estos casos. Además del tratamiento específico de la posible sintomatología acompañante, el trastorno por compras impulsivas no difiere en su abordaje del resto de los trastornos de la impulsividad, por lo que los mejores resultados, también en este caso, se obtienen con la combinación de la medicación antidepresiva serotoninérgica (inhibidores selectivos de la captación de serotonina) para limitar la conducta compulsiva, con la psicoterapia cognitivo-conductual.

Un procedimiento que se utiliza para algunos casos es la llamada “terapia de inundación”, que se realiza en las terapias de grupo con personas que tienen una gran adicción a pasar largas horas en los centros comerciales. Consiste en una exposición intensa y prolongada ante los estímulos, impidiendo la respuesta que se quiere evitar (en este caso, las compras compulsivas): El grupo permanece todo un día paseando por las distintas plantas de unos grandes almacenes sin comprar nada. Al cabo de unas horas, nace un deseo de salir del centro y una reacción de rechazo que evita cualquier deseo de volver a entrar en el mismo. Esta estrategia de inundación se aplica siempre con un asesoramiento psicológico adecuado.

RECORDEMOS QUE: “El ansia por comprar puede jugar malas pasadas. Lo que empieza siendo un placer pasa a ser una auténtica pesadilla para la persona cuando se convierte en adicción y la lleva a endeudarse. Las compras compulsivas conllevan una adquisición en demasía de cosas innecesarias, con un empleo excesivo de tiempo, dinero o energía en la compra, y ello tiene con frecuencia repercusiones económicas, familiares o legales. Para conseguir paliar sus devastadoras consecuencias, se impone en primer lugar un cambio de hábitos y, en muchas ocasiones, serán precisas medidas psicológicas o farmacológicas”.

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