Categoría: ADICCION A LA APROBACION

Meditación 14 de Febrero: Expectativas

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Nadie hace objeciones a una mujer por ser una buena escritora, escultora o bióloga, si al mismo tiempo se las arregla para ser una buena esposa, buena madre, estar bien maquillada, de buen humor, elegante y no es agresiva. (LESLIE M. MCINTYRE).

¡Está bien! ¿Cuál es entonces el problema? No es fácil estar elegante cuando tenemos cerca niños que empiezan a gatear… pero lo intentamos. No es fácil criar hijos y permanecer esbelta y bien maquillada… pero lo intentamos.
No existe probablemente ningún grupo de personas en esta sociedad que intenten con más esfuerzo que las mujeres responder a las expectativas de los demás. Como consecuencia, estamos siempre mirando afuera para obtener valoración, y por mucha que obtengamos, no es suficiente. Intentando siempre ser las que los demás piensan que deberíamos ser,nos hemos perdido a nosotras mismas y hemos acabado teniendo poco que aportar en cualquier relación o tarea.

Las expectativas son como las fajas. Probablemente deberíamos haberlas descartado hace años.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 10 de Septiembre: Empezar de nuevo

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Las dos cosas más importantes que aprendí fueron que tú eres tan poderosa y fuerte como te permites ser, y que la parte más difícil de cualquier tarea es dar el primer paso, tomar la primera decisión. (ROBYN DAVIDSON).

Estas palabras fueron escritas por una mujer que aprendió a conducir camellos y que viajaba sola con ellos cruzando las tierras interiores australianas. De alguna manera, la intensidad de las circunstancias bajo las que reunió sus aprendizajes los hacen más profundos todavía. ¿Qué pasaría si creyésemos que cada una de nosotras es «tan poderosa y fuerte» como nos permitimos ser? ¿Qué pasaría si dejamos de intentar ser aceptadas por todo el mundo y dejamos de intentar alienar a cualquier persona, y nos permitimos ser tan fuertes y poderosas como somos? Nada extraordinario, no te preocupes; sólo ser tan maravillosamente poderosas como somos de manera natural.
¿Y qué tal si damos el primer paso hacia lo que realmente queremos? No pasaría nada enorme… ningún toque de trompeta… simplemente, ¡da ese paso!

Recuerdo que hoy es realmente el primer día del resto de mi vida.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 5 de Septiembre: Conciencia/Control

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Los descubrimientos producen reverberaciones. Una nueva idea sobre una misma o sobre algún aspecto de las relaciones con los demás modifica todas las demás ideas, incluso las relacionadas superficialmente con aquélla. Aunque sea imperceptiblemente, nos cambia toda nuestra orientación. Y, de alguna manera, entre sus consecuencias se encuentran cambios de nuestro comportamiento. (PATRICIA MCLAUGHLIN).

¡Qué curiosos somos los seres humanos! Un pequeño cambio en cualquier aspecto de nuestra vida afecta muchas otras facetas de nuestro ser de maneras nunca soñadas ni imaginadas, y que no sabemos adonde nos puede conducir. Nos negamos a algo en el trabajo que durante muchos meses hemos rechazado y, en lugar de recibir la reprimenda que esperábamos, percibimos una sutil indicación de respeto. Entonces nos respetamos sin duda más a nosotras mismas.
Nos partimos el espinazo por obtener respeto y admiración y descubrimos que no tenemos realmente control sobre lo que los demás perciben de nosotras. El abandono de nuestra ilusión de control, aunque sea sólo un poco, tiene consecuencias en nuestra vida.

Sé que poco a poco, siempre tan poco a poco, estoy evolucionando y cambiando. Mi vida se parece mucho más a un ascensor que a una escalera. Cada nuevo descubrimiento afecta cada aspecto de mi ser.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Libres de la Codependencia

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La codependencia es una adicción, una toxicidad que se produce en las relaciones interpersonales. La persona codependiente tiene un patrón de conducta y pensamiento que es completamente disfuncional y que le produce mucho dolor y angustia. Su problema radica en concentrar toda su energía en una sola persona.
Muchas personas han sido abandonadas o fueron criadas por padres que nunca les prestaron la atención que necesitaban. Por ejempo, existen papas ausentes que no asisten a ninguna fiesta del colegio, o a aquellos partidos de fútbol que para uno son sumamente importantes; madres que no están a nuestro lado cuando nos casamos o cuando nace nuestro hijo… y así es como transcurren momentos de la vida en los que sentimos que no somos reconocidos ni valorados.
Cuando los seres humanos no somos reconocidos ni validados, al llegar a la edad adulta nos convertimos en personas codependientes, y sin darnos cuenta nos volvemos adictos a la aprobación de la gente. Caemos en la trampa de pensar “sin ti no existo”.
Hace un tiempo atrás comencé a indagar lo que los investigadores denominaron “La ley del Pigmalion”, ley que establece que la expectativa que ponemos en el otro, la otra persona la tiende a realizar. Si esperas del otro un éxito, éxito es lo que generará.
Si sentencias al otro con un resultado caótico, así serán los resultados que obtendrá.
En Harvard se investigó a través de unos test psicológicos las respuestas que los alumnos daban cuando se depositaba en ellos toda la confianza y cuando se los ignoraba. Uno de los profesores eligió a dos de sus alumnos y les dijo: Ustedes son brillantes y tienen una memoria espectacular, sin embargo, su coeficiente intelectual era normal. Durante un tiempo se los trató como si realmente fueran brillantes. Al terminar la cursada, reiteraron el test a los mismos alumnos, y se dieron cuenta de que el coeficiente intelectual de aquellos jóvenes que habían sido tratados como brillantes había aumentado. Se esperó de ellos que fueran brillantes y así lo hicieron.
El gran problema de muchas personas hoy, especialmente de los jóvenes, es que nadie les trasmitió expectativas, no han sido validados ni se ha puesto fe en la capacidad y el potencial que está dentro de ellos.
Validar es especialmente importante en las relaciones familiares. La validación que recibimos de las personas que han desarrollado roles de autoridad puede marcarnos positiva o negativamente. Cuando somos niños, el mensaje más fuerte que necesitamos recibir es que nuestros padres están con nosotros, que nos aman. Pero cuando somos adolescentes, el mensaje que requerimos es diferente; no es que no necesitemos amor sino que en esta etapa la confianza se hace imprescindible, y necesitamos escuchar de nuestros padres: yo creo en ti. El adolescente comienza a cuestionar las afirmaciones de los adultos y quiere comenzar a “probar” si es cierto. Necesita de esa prueba y error que luego acompaña a los hombres y mujeres durante toda la vida. El mensaje
que nos dan nuestros padres cuando comenzamos a tomar nuestras propias decisiones y a equivocarnos es vital, puede habilitarnos o deshabilitarnos.Ese mensaje estará relacionado directamente con el sentimiento que experimentaremos frente a un fracaso o error en nuestra vida adulta. Por eso, es importante darles nuestra confianza a los adolescentes, y si se equivocan mostrarles que no es el fin del mundo, sino sólo un error; después de todo, de
ellos se aprende.
Cuando validamos predisponemos al otro en forma positiva: “positivizamos”. Cuando el otro confía en nosotros y nos transmite su entusiasmo en nuestro proyecto, esa confianza nos habilitará a arriesgarnos. Nuestro sistema límbico
acelerará la velocidad de nuestro pensamiento, y nuestra lucidez, energía, eficacia y eficiencia se incrementarán a pasos agigantados.
Si tus padres o tu jefe desarrollan sobre ti un alto concepto, y te lo hacen saber, es muy probable que exhibas un alto desempeño; pero si desconfían todo el tiempo de tu capacidad, y las expectativas que tienen en cuanto a tu rendimiento son bajas, probablemente termines cometiendo un error y los resultados que obtengas sean negativos.
Validar es ponerle un diez a las personas que te rodean. Es buscar el aspecto positivo en el otro y enfocarse allí. Validar es una decisión que mantiene tu salud emocional. Los resultados y las respuestas que obtengamos dependerán en gran medida de la confianza que haya sido depositada en nosotros.
Por eso, quiero decirte que mentor no es aquel que te palmea el hombro y te dice a todo que sí, sino aquel que te estimula, te presiona y te exige para que des a luz lo mejor de ti mismo, aquella persona que te dice: yo creo en ti, sé que vas a lograr más de lo que ya has logrado.
Aquellas personas que están huérfanas de confianza en sí mismas, tendrán conductas conforme al nivel de expectativas que poseen.
Necesitamos buscar mentores, líderes, amigos, personas que confíen en nosotros, que nos impartan un nivel de expectativas extra al que podamos recibir diariamente, que estén esperando ver nuestros mayores éxitos. Al rodearnos de estas personas iremos superando gradualmente las trabas que aprendimos a ponernos desde chicos.
Cuanto más grande es la confianza del líder sobre tu vida, cuanto más grande sea la capacidad con la que tus maestros sepan desafiarte, cuanta más estima sobre tu vida tengan tus padres, mejores y mayores logros serán los que produzcas en tu vida.
Todos necesitamos que alguien nos valide, un mentor, alguien que nos transmita estímulo, valor, coraje sobre nuestro espíritu y nuestras emociones…
La fe en mí mismo tiene que ser impartida por otro, por aquel que está delante de mi en la carrera.
Necesitamos saber que alguien cree en nosotros, y está esperando ver algo que todavía no logramos pero que sabe que somos capaces de hacer. Alguien tiene que creer en mí, alguien tiene que esperar de mí mi mejor protagónico.
La confianza en uno mismo no cae del cielo, ni aparece sola, sino que se forma al oír y recibir palabras de aliento, de sabiduría, de afirmación, de estima, de estímulo, de validación, y de sentir que realmente somos personas capaces de alcanzar todo lo que nos proponemos. Pero esto no significa convertirnos en personas codependientes.
Veamos ahora qué es lo que le sucede a una persona codependiente y sus características.
Podemos definir a un codependiente como una persona adicta a la gente. Por ejemplo, las mujeres que necesitan tener a su lado a un hombre sin importarles el trato que reciben de él; o los hombres que necesitan juntarse con sus pares y contar todos sus éxitos amorosos esperando que alguien valide su estima.
El abandono, la desaprobación y el menosprecio forman personas dependientes de aprobación y se aferran a la trampa mental de pensar “sin ti no existo”.

a) La codependencia elabora pensamientos falsos tales como los otros valen, yo no; ¿qué van a pensar si voy yo? Tus emociones se mezclan y no haces lo que realmente quieres sino lo que los otros sugirieron que es mejor para ti. Y al dejar que sea el entorno quien decida sobre tu vida, la dependencia aumenta determinándote a vivir bajo los mandatos, decisiones y emociones de los demás. Y vives pensando cómo hacer para gustarle a los otros.
b) La codependencia te convierte en una persona insegura y miedosa.
c) La codependencia te conduce al autoboicot.
d) La codependencia no te permite alcanzar las metas que te propones.
e) La codependencia determina que tus decisiones sean ilusorias y no estén basadas en metas concretas y cuantificables.
f) La codependencia te mantiene inerte y sólo te permite permanecer y subsistir. Necesitamos de la imaginación para vernos en nuestro futuro, pero no podemos usar la imaginación para analizar nuestro presente. La fantasía es el principal hilo conductor de las decisiones erróneas, te hace decidir según las emociones y no de acuerdo con los hechos.
g) La codependecia te lleva a detenerte siempre en el mismo conflicto. Si el problema o la dificultad se repite una y otra vez en tu vida, el contratiempo no es el problema, sino el conflicto que tú tienes con ese problema. Por ejemplo, si eres una persona que contrae una deuda detrás de la otra, el problema no es la deuda, sino la mala
administración que tienes del dinero. Hasta que no resuelvas el conflicto que tienes con el dinero, las deudas seguirán afectando tu economía.
h) La codependencia te hace vivir en el desánimo y en el descrédito de tus propias capacidades, y cuando una persona no cree en sí misma lentamente destruye su potencial y toda su capacidad innovadora y creativa capaz de generar nuevos logros y nuevas metas.
i) La codependencia te hace pensar que el error y el fracaso son el escalón final de tu vida y la última oportunidad que tuviste. Y sin darte cuenta comienzas una vez más a poner excusas para todo, te alejas de tu propósito y todo queda solamente en meros sueños. Las excusas se convierten en trabas que te inmovilizan y terminan matando tus metas.

Personas que han crecido huérfanas de confianza en sí mismas cometen los mismos errores vez tras vez. Si estás leyendo este libro es porque sabes que tu destino no es ni la codependencia, ni el fracaso, sino un futuro lleno de resultados extraordinarios.
· Dentro de ti están las capacidades y habilidades que necesitas para alcanzar tu sueño, el potencial dispuesto a diseñar los mejores planes y la aptitud y la actitud que precisas para llegar a la cima.
· Las respuestas que estás buscando, la solución a ese conflicto que te parece imposible de resolver están dentro de ti. Sólo necesitas creerlo y hablarlo para entrar y alcanzarlo. ¡Acción!, ¡acción!
· Sé libre de la codependencia y serás libre para elegir tu propio estilo de vida. Ser libre de la gente quiere decir que nadie más podrá lastimar tus emociones, ni indicarte qué vida debes vivir.

Comienza a creer en ti y no te autoboicotees…

(Bernardo Stamateas de su Libro Autoboicot-cuando el toxico es uno mismo-).

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Dependencia emocional… “a la sombra de un amo”

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“No puedo vivir sin ti” es una frase habitual entre enamorados. Estar enganchado a una persona o a un hábito consume energía, libertad y salud mental. Ese vínculo obsesivo implica angustia, miedo a perder el objeto de deseo y poca capacidad de disfrute ante la vida. Hay que aprender a desprenderse de lo que hace daño.

Los seres humanos hemos nacido para establecer lazos con los demás, pero nadie nos enseñó a controlar su impacto en nuestra vida. Algunas personas, objetos o ideas actúan como un imán, nos abruman, consiguen que nos pleguemos a sus pies y causan malestar si se alejan. La sensación de dependencia es completa.

Hay quien no concibe la vida sin su novio, madre, teléfono móvil o gimnasio. Ninguno de estos elementos es imprescindible para salir adelante. No podemos decir lo mismo del aire o el agua, por ejemplo. Todos sentimos afecto y simpatía hacia algo o alguien, pero la existencia de ese sujeto no debe condicionar nuestra felicidad. Si no estás dispuesto a la pérdida renuncias a uno de los rasgos innatos del hombre: la autonomía, la capacidad de gobernarte a ti mismo y ser libre.

Identificar el apego

Riso define el Apego como la “incapacidad de renunciar a un deseo cuando este atenta contra tu salud mental, tu felicidad o tu capacidad de vida”. El quiero dejarlo y no puedo se convierte en una pesadilla para el afectado, subordinado a un amo que decide por él. “Negocias con tus principios, con tu dignidad y con tus valores. Padeces una patología de la libertad”, explica el psicólogo.

Hay cuatro claves que nos ayudan a detectar el problema:

Deseo insaciable → Tu sed no se calma. Necesitas cada día más. “Eres un rumiante para poder mantener el mismo sabor del chicle que masticas”.
Falta de autocontrol → No estás capacitado para regular tu conducta frente a determinado objeto, persona o idea.
Malestar → No estar cerca del motivo de tu adicción te provoca ansiedad.
Persistencia → Sabes que las consecuencias de la relación con la persona o aparato son negativas, pero no puedes cortar el vínculo de unión.

Imagina que te dan un salvavidas para cruzar el río porque si no te hundes. Dependes del flotador. ¿No sería mejor aprender a nadar? “Muchos de los apegos existen porque te ayudan y mantienen tu falta de habilidad. Resuelve tus déficits para no engancharte a las soluciones fáciles”.

¿Por qué “te necesito”?

Muchas personas obsesivas y perfeccionistas adoptan una férrea rutina de trabajo de la que no pueden despegarse aunque quieran. Otras se angustian al imaginar su vida sin su pareja. Una de las causas de la adicción es la inmadurez emocional: quienes encajan en el perfil tienen poca tolerancia al dolor y a la frustración. “Son vulnerables e incapaces de hacer un buen manejo del placer. Siempre quieren más”. La creencia de que el placer es para siempre no ayuda a combatir el apego. Todo se acaba. Las relaciones mueren, los teléfonos móviles se rompen, las condiciones de trabajo varían, pero algunos se sorprenden al descubrir en primera persona esta realidad. Nunca están preparados para el duelo. Si a dicha actitud le añadimos la incapacidad de manejar los conflictos sin pedir ayuda para resolverlos, la probabilidad de desarrollar dependencia emocional es mucho mayor. “Si buscas una muletilla cada vez que tienes un problema, te apegarás a ellas”.

La ambición desmedida es un arma de doble filo: puede provocar trastornos como ansiedad, estrés o depresión y un apego a “querer tener siempre más” y no estar satisfecho nunca.

Perjudicarse a sí mismo

Las consecuencias de la adicción nunca fueron buenas. Para empezar, el dependiente carece de libertad. No sabe tomar decisiones en primera persona. Es cierto que el objeto de deseo brinda una tranquilidad transitoria mientras está ahí, pero cuando desaparece, la sensación es insoportable.

¿Merece la pena vivir con ansiedad por miedo a perder lo que –en teoría– nos da la felicidad?

Ya nada me produce tanto placer como conectarme a internet. Si me quitan internet, me quitan la vida”. Cuidado: este hecho indica que tu capacidad de disfrute ante la vida está en peligro. Riso explica que el fenómeno de la reducción hedonista hace que solo gocemos con el objeto al que estamos apegados.

Filosofía del desprendimiento

El objetivo de esta teoría es no crear nuevos apegos, eliminar poco a poco los que ya tenemos y encontrar una manera inteligente de gestionarlos. Desprenderse de alguien no implica tener indiferencia afectiva, es decir, que tu dolor no me duela y tu alegría no me alegre. “Significa estar contigo pero no sentirme preocupado por la relación, que tú no me definas y yo no te posea”. “Si le dices ‘te necesito’ a tu pareja, vas mal. Deberías decir ‘te prefiero’, porque es una elección”.

Riso propone multitud de estrategias para “Desapegarse sin Anestesia”. Aquí tienes algunas de las más importantes:

– Aceptar que nada es para siempre. La permanencia no existe. “Las cosas cambian, se transforman y se pierden. Hay que incorporar esta filosofía”, .
– Crear resistencia frente a los apegos. El entrenamiento es simple: “métete una barrita de chocolate en la boca y sácatela tal cual está”.
– Aprende a sobrevivir sin lo que crees que aporta sentido a tu existencia.
– Convertirse en un banco de niebla. Eres un ser nebuloso que no atrapa insultos ni críticas. Si dejas que las palabras dolorosas te atraviesen, evitarás depender de la aprobación de los demás, por ejemplo. “Es mejor que te aplaudan a que te silben, pero si no puedes vivir sin el aplauso, tienes un problema”.
– Dosis de realismo. “Hay que ver las cosas como son. Los budistas enseñan una virtud: la desesperanza”. – Aprender a perder es importante para no toparse con la realidad y sufrir en exceso.

Miedo al cambio

El apego biológico a los hijos es inevitable, pero de preocuparnos por ellos a tener una actitud sobreprotectora hay una distancia considerable. “Hay quienes impiden que su hijo se independice, sea libre y aprenda a hacerse cargo de sí mismo”, afirma Riso. Cuando llega el momento de que el mochuelo abandone el nido, algunos padres entran en crisis. ¿Acaso creemos que la infancia es eterna? Querer a la familia no está reñido con tener autonomía. “Hay que estar pendiente, pero no ser dependiente“, sugiere el psicólogo.
No obstante, la crisis ha hecho que nuestros parientes vuelvan a ocupar un rol central –en muchos casos–. “Antes, nadie pensaba en los abuelos, y ahora son los que están sosteniendo la familia”, declara Riso. No es la única consecuencia de una de las etapas más negras de la economía de nuestro país.

¿Quién dijo trabajo? Muchas personas lo perdieron o tuvieron que adaptarse a nuevas condiciones, nuevos horarios, nuevo nivel de vida. Quizá no estábamos preparados para un cambio tan brusco.

Riso afirma que

“la crisis nos sacó de la rutina y nos educó a la fuerza. Es como un terapeuta que nos ayuda a desapegarnos de cosas”. Algunos afortunados se han quedado sin yate. Otros se han visto obligados a dejar su casa o emigrar a otra ciudad.

Y es que estar enganchado a bienes materiales es muy común. Hay adictos a la tecnología (internet, telefonía móvil), a la moda y a la belleza. Es el caso de las “pacientes quirúrgicas insaciables” o los adictos al gimnasio. El apego a la salud ya es una realidad. Hay quien se obsesiona con el consumo de alimentos orgánicos o con llevar una vida saludable.

“La clave para desengancharte de todo lo que condicione tu felicidad es no verlo como imprescindible. Recuerda: no dejes que tu deseo se convierta en necesidad”.

(Walter Riso de su Libro Desapegarse si anestesia).

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El sacrificio por los demás

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No hay nada más inútil e insatisfactorio que sacrificarse por los demás. Las tareas que se hagan por los demás deberán hacerse con amor o, de lo contrario, evitarse. Todo lo que se hace con amor es placentero; por lo tanto, no pesa ni molesta. Por el contrario, todo lo que se hace con sacrificio genera presión interna, rencor, enojo, molestia y, a veces, hasta odio.
El sacrificio por los demás está aprobado socialmente y es muy bien visto. Uno puede sacrificarse, por ejemplo, por los hijos, por los padres, por la pareja, por la profesión, por los niños desamparados, por alguien enfermo, por la institución religiosa a la que pertenece, por la empresa que da trabajo. La lista podría ser interminable y no es más que un muestrario de la acción equivocada de nuestro ego.
El sacrificio va muy de la mano con la manipulación. Por ejemplo, una madre que ha dejado su vida de lado por los hijos, tarde o temprano, usará su postura como válida para exigir algo de ellos; el novio o novia que cambia su rutina y deja de hacer ciertas actividades por el otro tratará después de exigir lo mismo.
La próxima vez que vayas a sacrificarte por alguien, pregúntate primero si ese alguien te lo pidió. La actitud de mártir no lleva hacia Dios como muchos creen, sólo el camino del amor.

“Haz las cosas con amor o no las hagas”.

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Apego a la Imagen Social

Cuando uno esta pendiente de su yo y apegado a su imagen social, a veces procura cumplir grandes proyectos para sentirse halagado por los demás. Ese es el peor alimento que podamos buscar. El halago es un alimento que cada vez nos vuelve mas hambrientos y nos convierte en enemigos de todo lo que se nos oponga. Peor todavía, nos vuelve esclavos de estos enemigos, porque viviremos pendientes de ellos.

Leamos esta excelente explicación: “Puedes empeorar las cosas poniéndote a buscar a otras personas que te digan lo especial que eres para ellas e invirtiendo un montón de tiempo y energías en asegurarte que nunca van a cambiar esa imagen que tienen de ti. ¡Que forma de vivir tan agotadora!. De pronto, el miedo hace acto de presencia en tu vida; miedo a que se destruya tu imagen … Siéntete halagado, y en ese momento habrás perdido tu libertad, porque en adelante no dejaras de esforzarte por conseguir que no cambien de opinión. Temerás cometer errores, ser tu mismo, hacer o decir cualquier cosa que pueda dañar esa imagen… Si logras ver esto con claridad, te desaparecerán las ganas de ser especial para nadie”

Y lo mas temible sucede cuando alguien nos critica o nos contradice, y entonces sentimos que nos quitan esa buena imagen a la que estábamos tan apegados.

Hay un ejercicio útil para esos momentos en que uno se ha sentido humillado o despreciado, y tiene la tentación de bajar los brazos o de aislarse del mundo, aferrado a su yo dolorido, dominado por el apego a la apariencia personal. Es emitir el sonido que hace un animal, y repetirlo muchas veces. Por ejemplo repetir “muuuu” como una vaca, y mirarse a uno mismo repitiendo el mugido. Al hacerlo hay que dejar que brote una sonrisa, por lo ridículo que nos parece vernos mugiendo como una vaca. Así soltamos nuestro yo, nuestra apariencia, nuestra vanidad, dejamos de tomarnos tan en serio. Es importante que brote esa sonrisa, y continuar repitiendo el mugido con esa sonrisa en los labios, hasta que sintamos que herida de nuestro orgullo esta curada. Nada de expresiones serias en el rostro como si fuéramos el centro del universo.

Cuando uno es capaz de salir de su centro sabiendo que el mundo gira a su alrededor, entonces suelta su vanidad y sonríe, porque puede percibir la bella armonía del cosmos, donde todo finalmente termina bien. Así uno se libera de un peso terrible: la obligación de ser el responsable del funcionamiento de todo el universo.

Esta sonrisa, aunque no nos sintamos alegres, puede inducirnos a aceptar la alegría y puede ayudarnos a relativizar la tonta seriedad que provocan nuestras insatisfacciones y apegos. Y sera mejor todavía si logramos emitir una risa o una carcajada.

(Fragmentos del Libro Para liberarte de los apegos y obsesiones de Víctor Manuel Fernandez).