Categoría: ADICCION A LAS COMPRAS

El autocontrol nos hace más libres…

La compra compulsiva, que consiste en el afán desmedido, incontrolado y recurrente por adquirir cosas no es un fenómeno exclusivo de fechas como la Navidad, en las que la insistencia de la publicidad comercial y la tradición consumista podrían explicar un cierto aumento de los gastos. Es una adicción en toda regla que, si bien en su máxima expresión afecta a poca gente, es más común de lo que pudiera pensarse. Es la consecuencia de un impulso irreprimible, un acto poco consciente del que después nos arrepentimos, porque compramos cosas poco útiles o gastamos más de lo que podemos.

Una reacción inadecuada

“Me siento deprimida”, “estoy angustiado”, “me falta el aire, tengo que salir”: tras estas y otras sentencias similares salimos de compras, con la convicción de que gastar aliviará nuestra ansiedad o disgusto. Sentimientos de tristeza, rabia, incomprensión, desatención y soledad, encuentran su vía de escape en la compra de artículos muchas veces no necesarios que nos aportan satisfacción en el momento de su adquisición. Quizá buscamos que alguien nos haga caso y sentir que “somos alguien”. Comprando nos sentimos vivos, en cierto modo importantes, y saciamos el vacío que causan la soledad, el tedio, las tensiones y problemas, los disgustos o la incomprensión. Intentando mitigar el dolor, canalizamos nuestro enfado hacia la compra y posesión del objeto. La falta de sentido de nuestra vida, carecer de un horizonte hacia donde dirigirla, el percibirnos inútiles o innecesarios, la tristeza, la apatía, el aburrimiento, una frustración o desengaño, activan en algunas personas el deseo de comprar objetos cuya adquisición no es del todo justificable. Cuando este banal propósito se convierte en costumbre, en necesidad irreprimible, surge el problema.

Cuando el comprar se convierte en necesidad irreprimible surge el problema

La mayor vulnerabilidad de los jóvenes podría deberse a que en la adolescencia resulta más difícil controlar los impulsos. Los jóvenes consumistas gustan de frecuentar los centros comerciales y sienten el deseo permanente de ir de compras y adquirir cosas nuevas. En realidad, este comportamiento es el resultado de la insatisfacción personal, de la sensación de tedio y la falta de autocontrol, así como de la ausencia de alicientes, de estrategias de gestión del tiempo libre y de la escasa responsabilidad en el ámbito económico. Además, en los jóvenes se añade su mayor vulnerabilidad ante los mensajes publicitarios, en una etapa vital muy cambiante y marcada por la inestabilidad personal. Los adictos a la compra sin ton ni son reconocen ver televisión en una proporción que duplica a la de la población no afectada por la compra compulsiva.

Por qué hablamos de adicción

Una conducta sólo se considera adicción cuando el individuo presenta estos tres rasgos: tolerancia (necesidad de consumir cada vez más para lograr la misma emoción), síndrome de abstinencia (cuando no se puede satisfacer la adicción) y pérdida del control (incapacidad de frenar en el consumo). La compra compulsiva -al menos, en sus manifestaciones más extremas- reúne todas estas características: la voluntad del afectado es casi nula, la satisfacción por la compra realizada deviene efímera y se entra en una espiral de la que difícilmente se puede salir sin la ayuda de un especialista. De todos modos, maticemos: no es conveniente resolver situaciones de ansiedad comprando cosas poco necesarias o que desequilibran nuestro presupuesto, pero no hay por qué renunciar a comprar lo que nos depara satisfacción si mantenemos el control sobre esta actividad y sus consecuencias.

Nos hallamos en situación de alarma si…

•Cuando nos sentimos tristes, deprimidos o enojados, lo único que nos calma es ir de compras.
•Compramos con frecuencia cosas poco útiles, que después nos arrepentimos de haber adquirido.
•Tenemos la casa llena de artículos que no hemos usado y que nos resultan inservibles.
•Nos precipitamos a la hora de comprar, porque no podemos controlar nuestros impulsos.
•Del entorno familiar y de amigos nos llegan mensajes críticos con nuestra desmedida afición a comprar.
•Aun a pesar de haber comprado muchas cosas o haber realizado un gran gasto, nos sentimos insatisfechos cuando reflexionamos en casa sobre los objetos adquiridos.
•Vemos que se nos va el dinero sin darnos cuenta, y a menudo estamos irritados por haber gastado el dinero tontamente.
•Cuando vemos algo que nos gusta, no paramos hasta comprarlo.
•Adquirimos productos “milagro” que intuimos o sabemos inútiles.
•Cuando recibimos el extracto de la tarjeta de crédito, nos sorprende sobremanera la cantidad e importe de las compras que hemos hecho.
•Nuestro tiempo libre lo dedicamos preferentemente a visitar los centros comerciales o ir de escaparate en escaparate.

Soy un compulsivo. ¿Qué puedo hacer?

• Piense qué quiere, qué le pasa, cómo se encuentra y busque qué alternativa existe, distinta de la de ir de compras. Recupere viejas aficiones o incorpore nuevas, y cultive sus amistades.
• Hable de su problema con personas de su entorno o con aquellas que lo hayan superado.
• Antes de salir de compras, redacte minuciosamente una lista con el propósito firme de no salirse de ella. Cada nuevo producto debe tener su propia justificación.
• Compre con dinero en metálico y deje su tarjeta de crédito en casa.
• Antes de comprar algo, piense en la utilidad que va a darle y si no la tiene, desista de su intención inicial.
• Revise semanalmente la marcha de su economía, el listado de gastos y en qué se han producido. Subraye en rojo los gastos inútiles o poco justificados.
• Si algo le gusta, no lo compre de inmediato, concédase unos días, coméntelo con alguien y, posteriormente, decida.
• Si está convencido-a de que no puede superar su adicción o ha fracasado en varios intentos, acuda al psicólogo.
• La empresa no es fácil, pero recuerde que cada vez que controlamos impulsos irracionales que nos perjudican y los vencemos, hemos conseguido una victoria que nos hace más libres. Las adicciones nada tienen de bueno y cuando las vencemos a base de inteligencia, voluntad y esfuerzo, reafirmamos nuestra personalidad y mejoramos nuestro equilibrio emocional y calidad de vida.

(Tomado de :http://revista.consumer.es/web/es/20021201/interiormente/54449.php).

Compradores compulsivos, una adicción distinta.

¿ES USTED UN ADICTO A COMPRAR POR COMPRAR?

Según el Informe europeo sobre adicción al consumo, una tercera parte de los ciudadanos de la UE tiene serios problemas de autocontrol y se estima que la compra compulsiva tiene una prevalencia de un 1,1% a un 5,9% de la población general. Es bastante más frecuente en mujeres (80%). Los jóvenes tienen más riesgo de desarrollar esta conducta. Los jóvenes consumistas gustan de frecuentar los centros comerciales y sienten el deseo permanente de ir de compras y adquirir cosas nuevas. Además, en los jóvenes, se añade una mayor vulnerabilidad ante los mensajes publicitarios, en una etapa vital muy cambiante y marcada por la inestabilidad personal. Los adictos a la compra reconocen ver televisión en una proporción que duplica a la de la población no afectada por la compra compulsiva. De esta manera, el trastorno suele iniciarse alrededor de los dieciocho años; no obstante, los afectados no buscan tratamiento hasta la tercera o cuarta década de la vida, y generalmente lo hacen porque han llegado a tener graves problemas financieros. En los peores casos, comporta complicaciones legales debido a las enormes deudas contraídas. Los compradores compulsivos suelen comprar a crédito y tener varias tarjetas de crédito. En la mayor parte de los casos los objetos adquiridos mediante la compra patológica son destinados a regalos, colecciones o a la basura, precisamente por su carácter caprichoso, momentáneo e innecesario. El curso del trastorno suele ser crónico en alrededor de un 60% de los casos, y el ansia de comprar puede tener una frecuencia que va desde una vez por hora hasta apenas una vez por mes. Los afectados suelen intentar infructuosamente limitar su conducta.
En Estados Unidos, definen al ser comprador compulsivo o shopaholic como “el arte de comprar lo que no se necesita con dinero que no se tiene”. La prevalencia enla población está entre el 2 y el 8 % según difrentes estudios. Según las pocas estadísticas disponibles a nivel nacional, 9 de cada 10 compradores compulsivos son mujeres.

A menudo se habla de esta disfunción como de una “adicción social”, en el sentido de que se da en grandes conglomerados urbanos y que, además, cuenta con una suerte de permiso social para crecer y prosperar.

Podríamos decir que es un conflicto que está estimulado pro el sistema capitalista que a través de la publicidad genera necesidades y falsas soluciones . Además hay características valoradas por la sociedad y otras que son condenadas. “Ser generoso, es mejor que ser amarrete o tacaño””

Al efímero placer le siguen los remordimientos, las peleas familiares por los gastos desmedidos, el sentimiento de culpa, la depresión y una ansiedad que sólo se apaga con un nuevo atracón consumista. Esta conducta tiene cierta similitud con la bulimia, de ahí que a estos compradores feroces e insaciables se les ha llamado «compradores bulímicos». La compra compulsiva comparte algunos rasgos con las conductas adictivas (se les llama también adictos a comprar o «shopaholics»), particularmente con la ludopatía o adicción al juego, pero sobre todo se parece a los llamados trastornos del control de los impulsos, como la cleptomanía o la piromanía. De hecho, prácticamente en lo único que se diferencian los cleptómanos y los compradores compulsivos es en que los primeros no pagan y éstos últimos sí, aunque a la postre muchos no puedan hacer frente a sus deudas.

Muy a menudo la necesidad obsesiva de gastar es un síntoma de algún trastorno psicológico. La compra compulsiva es muy frecuente en el contexto de los estados hipomaniacos, cuando la persona se encuentra especialmente eufórica, como un signo más de su conducta expansiva en muchos casos. Elliot también destaca que muchos compradores compulsivos son en realidad enfermos depresivos. No es infrecuente que la compra compulsiva se acompañe de trastornos de la alimentación, especialmente bulimia, y ocasionalmente de cleptomanía.

El perfil típico del comprador compulsivo es una mujer, en torno a la treintena, de no importa que clase social, que ha desarrollado este hábito a fuerza de comprar ropa, zapatos, joyas y productos de belleza. También hay hombres, aunque muchos menos, y sus preferencias se decantan por los aparatos eléctricos y las herramientas para el hogar. Pero nadie sabe cuál será el futuro de este nuevo síndrome, todavía no catalogado entre los trastornos mentales-

La compra compulsiva se desarrolla, por dos mecanismos: en unos casos este hábito inadecuado se adquiere básicamente a fuerza de repetir una conducta que en un principio resulta agradable y luego se realiza de forma compulsiva, mientras que en otros esta conducta hay que entenderla predominantemente como una evasión, como una forma inadecuada de hacer frente a los problemas personales.

Datos a recordar:

El hábito de compra puede convertirse en la llamada: “Actitud Compulsiva”
La actitud compulsiva es un comportamiento patológico, está considerada como dependencia psicológica.
Es el patrón de consumo compulsivo hacia una sustancia o actitud que origina tolerancia ( termina incorporándose y aceptándose), con síntomas de una conducta repetitiva que se traduce en patología.
Una vez realizada una acción, se libera el malestar momentáneamente, aumentando la depresión y la ansiedad, como en los cuadros obsesivo-compulsivos
Esta situación se enmarca dentro de las afecciones neuróticas, es decir se centra en torno a la tensión y su descarga.
En la compra compulsiva, el individuo actúa irracionalmente, comprando algo que tal vez no necesita y no usará.
El comprador impulsivo responde al deseo de poseer un producto, el compulsivo compra con el deseo de aliviar su tensión y ansiedad.
El comprador compulsivo intenta mejorar su autoestima y satisfacer necesidades emocionales.
Lo anterior va ocasionando una dependencia psicológica, llegando a perder el control de sí mismo.
La compulsión está considerada como un comportamiento ritual, recurrente, que a pesar de los intentos por resistirse al impulso, ocurre.
Los compradores compulsivos, en ocasiones actúan inconcientemente para eliminar el sentimiento de culpa que los agobia.
La culpa puede ser provocada por haber comprado algo que no usaron o que no necesitaban, por lo que la conducta se repite como una compensación para borrar “la conducta mala”.
Cuando el comprador compulsivo se encuentra en una etapa avanzada de neurosis, llega a incurrir en el uso excesivo de sus tarjetas de crédito u otra forma de obtener dinero, incluso robando
Otras consecuencias psicológicas de la compra compulsiva son la angustia, la depresión, los remordimientos, la vergüenza y la baja autoestima.
Todos los síntomas anteriores provocan un alto nivel de estrés, que puede acarrearle al afectado enfermedades como la úlcera, hipertensión, depresiones profundas y frecuentes dolores de cabeza. Los artículos que los compradores compulsivos adquieren con más frecuencia son ropa, zapatos, cosméticos, joyería, aparatos electrónicos, artículos coleccionables, antigüedades, equipos de sonido, discos, piezas de arte, autopartes y regalos.
El comprador compulsivo es eminentemente racionalizador, la cual es una estrategia cognocitiva que implica inventar razones plausibles y aceptables para ocultar las explicaciones reales de sí mismo.Los compradores compulsivos pueden encontrarse en todos los niveles socioeconómicos y compran cosas para ellos mismos o exclusivamente para otros.
Es frecuente que una madre justifique sus compras colmando de regalos a sus hijos.
Tambien es frecuente que lo que compre nunca sea desempacado, y por consecuencia, nunca utilizado. La racionalización es que el objeto comprado ya perdió valor.

Abordaje y tratamiento del problema:

Además del control de los propios impulsos y de buscar conductas alternativas, hay otras medidas cuya puesta en práctica puede reducir el uso de la tarjeta de crédito. Constituye una ayuda, por ejemplo, la elaboración de un presupuesto previo en el que se limite el gasto que se puede realizar sin poner en peligro la economía doméstica o distinguir, entre las compras, las que están justificadas y las que no lo están.
Además, al ir de compras conviene llevar una lista de los artículos que se quieren adquirir y se recomienda evitar comprar en momentos de euforia o desánimo, ya que determinadas situaciones psicológicas favorecen la compra irracional.

También es importante ser consciente de que la reducción en el precio de algunos productos no conlleva la reducción en el precio de todos; por tanto, no hay que dejarse llevar por las tentaciones, hay que controlar lo que se gasta, y no sentir vergüenza por salir sin comprar nada.
Conviene evitar las compras de última hora, cuando los precios están más caros y las aglomeraciones hacen que se hagan las compras de forma rápida y descuidada. Se debe recurrir al transporte público en lugar del vehículo privado, no siempre es fácil aparcar, y aprovechar las rebajas para comprar lo que no sea estrictamente necesario y saber con certeza qué es lo que se quiere.

La mayoría de las veces se debe simplemente a hábitos que han sido aprendidos, y que también se pueden aprender a modificar para poder vivir de una manera que permita gastar el dinero de una forma sensata. Así se disfrutará más y mejor con las compras realizadas.

Las posibilidades de tratamiento y prevención son diversas y todas pasan por la identificación del problema, la consideración correcta del mismo (es un trastorno psicológico, no un vicio) y la remisión a los dispositivos especializados. Los métodos terapéuticos siempre deben combinarse.

Éstos incluyen:
1. Medidas psicológicas;
2. Medidas farmacológicas;
3. Cambios o adaptaciones sociales.

El tratamiento de la compra compulsiva es difícil. La terapia de apoyo, la terapia introspectiva y los grupos de autoayuda son beneficiosos para algunos afectados. La terapia farmacológica incluye antidepresivos, antimaníacos, ansiolíticos y antipsicóticos para tratar la patología asociada que, como hemos comentado, es frecuente en estos casos. Además del tratamiento específico de la posible sintomatología acompañante, el trastorno por compras impulsivas no difiere en su abordaje del resto de los trastornos de la impulsividad, por lo que los mejores resultados, también en este caso, se obtienen con la combinación de la medicación antidepresiva serotoninérgica (inhibidores selectivos de la captación de serotonina) para limitar la conducta compulsiva, con la psicoterapia cognitivo-conductual.

Un procedimiento que se utiliza para algunos casos es la llamada “terapia de inundación”, que se realiza en las terapias de grupo con personas que tienen una gran adicción a pasar largas horas en los centros comerciales. Consiste en una exposición intensa y prolongada ante los estímulos, impidiendo la respuesta que se quiere evitar (en este caso, las compras compulsivas): El grupo permanece todo un día paseando por las distintas plantas de unos grandes almacenes sin comprar nada. Al cabo de unas horas, nace un deseo de salir del centro y una reacción de rechazo que evita cualquier deseo de volver a entrar en el mismo. Esta estrategia de inundación se aplica siempre con un asesoramiento psicológico adecuado.

RECORDEMOS QUE: ” El ansia por comprar puede jugar malas pasadas. Lo que empieza siendo un placer pasa a ser una auténtica pesadilla para la persona cuando se convierte en adicción y la lleva a endeudarse. Las compras compulsivas conllevan una adquisición en demasía de cosas innecesarias, con un empleo excesivo de tiempo, dinero o energía en la compra, y ello tiene con frecuencia repercusiones económicas, familiares o legales. Para conseguir paliar sus devastadoras consecuencias, se impone en primer lugar un cambio de hábitos y, en muchas ocasiones, serán precisas medidas psicológicas o farmacológicas”.