¿Tener Padres Alcohólicos y como superarlo?

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Los más cercanos son quienes sufren más (Woititz).

El nido ideal que se debe ofrecer a todo niño se desvirtúa totalmente cuando los progenitores son alcohólicos. Todo, sus pensamientos, actitudes y sentimientos se ven afectadas por la influencia del alcohol de sus padres. Crecen en un ambiente lleno de ansiedad, viven el dolor y remordimiento resultante; y más aún, se sienten culpables del mismo. Los niños se atribuyen responsabilidades de adultos y aprenden conductas propias de adultos, muchas de ellas propias de alcohólicos, como la mentira y la manipulación.

¿Cómo afecta el alcoholismo de sus padres cuando son mayores de edad?

1. Los hijos adultos de alcohólicos tienen que adivinar cuál es la conducta normal.

Estas personas han crecido en una familia disfuncional, y normalmente el mundo debería funcionar disfuncionalmente para ellos. Pero el mundo se pinta a sí mismo como ideal, perfecto, tanto en sus compañeros de clase, en las series de televisión y películas; toda ésta fachada les confunde, porque la realidad para ellos es de otra manera, la han vivido de forma diferente. Es por eso que tratan de adivinar qué es lo apropiado. Se preocupan y confunden en cosas insignificantes; no tienen la libertad de preguntar, así que nunca saben con certeza, y sobre todo no quieren parecer tontos.

Para hacerle frente a esta conducta se aconseja confiar en los propios instintos o impulsos, ya que nos indican cómo comportarnos. No significa que se deben dejar llevar de lleno por los impulsos, que de hecho a nadie se le recomienda; es más bien, además de esto, asegurarnos de qué tan sanos están, porque seguramente los instintos en dicha situación están confundidos. Deben entonces, cultivarlos y escucharlos, confiar en ellos, en otras palabras, devolverles la naturalidad que se les ha quitado. Ayuda de igual modo contener los impulsos, controlarlos, una buena forma de conocerlos, es prevenir sus efectos.

Y sobre todo, para acostumbrarse a vivir normalmente, ayuda la confrontación con los demás. Cuando comentamos nuestros problemas, salimos del subjetivismo, y las cosas automáticamente se vuelven más reales.

2. A los hijos adultos de alcohólicos les cuesta llevar un trabajo a término .

Es muy común para estas personas haber escuchado un sinnúmero de promesas de sus padres. Promesas importantes y de gran peso emocional incumplidas hicieron que los propósitos tengan poco valor. “Voy hacer esto o lo otro”, pero ni esto ni lo otro ocurrió en realidad. Esta forma de conducta se introyectó en ellos, y en su vida futura se manifiesta en cualquier responsabilidad que la persona adquiera.

Se recomienda que fije plazos de cumplimiento para cada responsabilidad que adquiera, y que a través del hábito vaya cultivando mejores y necesarias formas de comportarse ante los deberes. Además, importa mucho el cómo va a cumplir las responsabilidades, y luego, el poder evaluarlas hará que puntualice en su significado. De esta forma, la conducta además que se haga, se volverá consiente y dignificante.

3. Los hijos adultos de alcohólicos mienten cuándo sería de fácil decir la verdad .

La verdad tiene poco significado para los hijos de alcohólicos. Sus vidas están llenas de encubrimientos, promesas incumplidas, incongruencias y negación declarada de realidades desagradables, como el alcoholismo de sus padres o la infelicidad familiar. Por ello, a estas personas se les facilita mucho mentir, tiene igual significado el decir la verdad o una mentira, si de todos modos al final es lo mismo. Y si se puede sacar ventaja de una mentira, mejor mentir que decir la verdad. Estas personas llegan al extremo de simularse enfermas, hasta el punto de enfermarse de verdad, lo que se conoce como sugestión. Y es que la verdad es menos ventajosa, fue y puede ser fuente de críticas para ellos.

La persona deberá volverse consciente de lo que hace y provoca. Debe “sentarse” y reflexionar qué tan auténtica es su vida cuando miente o dice la verdad. Será un proceso de autoconocimiento donde la honestidad deberá lucirse sobre cualquier otro interés desordenado; es una forma de purificar el juicio que tanto se ha malacostumbrado. Y es que a veces mienten ni por interés, sino por costumbre.

4. Los hijos adultos de alcohólicos se juzgan sin piedad .

Por ser como eran, por ser sinceros consigo mismos y con los demás, a éstas personas se las criticaba, se les llenaba de sentimientos de culpas, y todo lo que salía mal, ellos mismos se lo adjudicaban luego, formándose así, una baja autoestima. Nunca dejaron de recibir críticas, y la incongruencia de ellas dejaron de hacer contrapeso, y el escucharlas durante tanto tiempo, terminaron ganando la batalla. Por eso, el juicio que se formaron llegó a ser extremista: “Todo lo que hago, o todo es bueno o todo es malo”.

Lo que se recomienda es que acepten las críticas de forma producente; y que ellas mismas sean capaces de elaborar sus propias críticas, tanto para sí mismos como para los demás. ¿Cómo te gustaría que te juzgaran? y ¿cómo juzgaré a las personas? Esta es una ecuación directamente proporcional: si mejora el juicio de sí mismos, mejorará el modo de juicio que se tiene con los demás. Se necesita mucha objetividad y benevolencia.

5. A los hijos adultos de alcohólicos les cuesta trabajo divertirse .

6. A los hijos adultos de alcohólicos se toman muy enserio a sí mismos .

Ambas conductas están estrechamente relacionadas y, tienen que ver a que en la niñez carecieron de juego y diversión. El ambiente era lo suficientemente tenso para darle cabida a la risa y la alegría. La diversión se volvió para ellos una cosa ridícula, que ignora lo grave y formal que es la vida. Sin embargo, la alegría siempre los ha cautivado, y es para ellos un misterio al cual es temible acercarse, ya que posiblemente les hará perder la cordura.

Es necesario, para superar esta idea que está calada en su la experiencia, que estén cada vez más seguros de sí mismos, de lo que quieren. Obviar los protocolos que les hace inhibir la alegría y el gozo que producen los acontecimientos en sus vidas, más cuando son acerca de la superación de un problema que les ha mantenido en “oscuridad” por tanto tiempo.

Otros concejos: “Cuanto más seguro de ti mismo estés, menos temerás verte ridículo”. “Puede que necesites aprender a relajarte y no hacer nada”. “Distinguir entre quién eres y lo que haces”. “Tienes que deslindarte de tus responsabilidades, por ejemplo, tu trabajo”. “Si te cuesta trabajo divertirte probablemente te estas tomando muy enserio a ti mismo, y si no te tomas a ti mismo tan en serio, lo más probable es que puedas divertirte”.

7. A los hijos adultos de alcohólicos les cuesta trabajo tener relacione íntimas .

Debido a la inconstancia y contingencia de los sentimientos de los padres alcohólicos a sus hijos, éstos crecen sintiéndose inseguros, sin donde fundamentar sus sentimientos, se sienten carentes de valor, o con un valor relativo. Un día se sienten queridos y al siguiente rechazados, crecen con el miedo terrible de ser abandonados. Por ello, una persona que intente quererlos de verdad resultará chocante y atrevida, además que una locura. Sin embargo, tienen el ideal de perfección que la sociedad les ofrece, y por ello, buscan personas perfectas. Pero al tiempo en que formalizan una relación, hacen lo que muchas veces hicieron sus padres con ellos, rechazar. Así que buscan personas quienes los rechacen de la misma forma a como ellos lo hacen, es ése el modelo de amor que tienen introyectado. Expresión que se les escucha es por ejemplo: “Me siento como si siempre tuviera que hacer algo para que se queden”. No se sienten bien consigo mismos ni creen ser personas dignas de amor.

Es importante que descubran quiénes son realmente, conocer a fondo las inhibiciones y obstáculos que bloquean las empatías. Reconocer que son personas dignas de amor y respeto. Es necesario que desaprendan conductas esquivas y de rechazo. Esto no se logrará inmediatamente, sino con la apertura y constante acercamiento a las demás personas. Se debe de potenciar cualquier avance que se tenga, cualquier éxito, e ir ganando experiencia. Poco a poco abrirse al mundo, sin dejar de cultivar la intimidad personal.

8. Los hijos adultos de alcohólicos reaccionan de modo exagerado a los cambios sobre los cuales no tienen dominio .

Algunas de las conductas más comunes de ver en personas que han tenido padres alcohólicos es el que sean autoritarios, mandones, rígidos y carentes de espontaneidad. No reconocen sus errores, y prefieren obviar cualquier discusión. El hijo de alcohólico aprende a confiar en sí mismo más que en otra persona, porque nunca ha tenido un referente estable, no más que la inconstancia de sus padres.

Es primordial el poder reconocer que sus comportamientos no son normales, el ser conscientes que no todo depende de sí mismos. El superyó debe relajarse y tomar las cosas más en calma. Se debe aprender a confiar en los demás, para ello, buscar otras referencias que no sean personas alcohólicas. El reconocer que hay personas que pueden llevar a cabo una tarea mejor que uno mismo ayudará a poder deducir este mismo aporte a otras áreas de la vida y ganar libertad en medio de tantas cadenas impuestas.

9. Los hijos adultos de alcohólicos constantemente tratan de obtener aprobación y afirmación .

La baja autoestima de los hijos de padres alcohólicos ha hecho que busquen medios para fortalecer sus pequeños yo. Sin embargo, estas afirmaciones que logran sobre sí, si no va acompañadas por una negación o crítica, no sirven. “Yo sí le agradaba a Cintia, y como si le agradaba, la consideraba despreciable”. La aprobación que buscan no es que se resalten sus valores, sino que se remarquen sus defectos, por eso, alguien que se interese por ellos verdaderamente no vale mucho.

Se necesita que tengan mucha seguridad en ellos mismos para transformar esos juicios que contra sí mismos y contra otras personas formulan; poder ser consciente de la crueldad con que se tratan y tratan. Es imprescindible que corran el riesgo y permitirse sentir el apoyo de otras personas. Deben aprender a amar desde el desprendimiento y la gratuidad.

10. Los hijos adultos de alcohólicos se sienten diferentes a otras personas .

Por el hecho de haber afirmado tanto su individualidad en su lucha contra la agonía del hogar, los hijos de padres alcohólicos desarrollan un sentido de identidad aislante. Y por sentirse ajenas a la realidad, buscan a sobremanera poder meterse a toda costa. Decía una hija de padre alcohólico: “regalaba mis muñecas preferidas a las gentes para tener amigas”. Resulta para ellos difícil de aceptar que se les quiera por ser lo que son, debido a la baja autoestima que desarrollaron, y debido a ello creen que la aceptación tiene que ganarse.

La única manera de evitar este sentimiento es tomar de cuando en cuando la decisión de hacerlo a la manera de los demás y de aceptar las normas del grupo que resultes estar. Permitir que se te conozca mejor, y si las personas no acceden, hacer el esfuerzo de iniciar la interacción, y poco a poco ponerse cómodo según las reglas del grupo, no con las que se tienen pre-formuladas en la mente.

11. Los hijos adultos de alcohólicos son súper-responsables o súper-irresponsables .

Después de tener tantas responsabilidades de niño, los hijos de padres alcohólicos sienten que muchas cosas, más de la cuenta, dependen de ellos. Estas personas son sumamente atentas a las necesidades de los demás, así como lo han sido con sus padres. Sin embargo, no son capaces de llevar un trabajo a término, debido a que su compromiso es débil. Llegan a pensar que se deben encargar de todo o renunciar a todo. Éstos no pueden decir no, les cuesta mucho trabajo, sin tener en cuenta incluso sus capacidades. O simplemente por el hecho que decir no, sería para ellos un desprestigio más, así que no les conviene.

Deberán en primer lugar, valorarse a sí mismas, en cuanto su valía no depende de otras personas, ni de lo que pueden ellos ofrecerles, sino por el hecho que son, que existen. Poder detenerse y pensar qué tanto están dispuestos a ayudar, y qué tanto esfuerzo deben reservárselos para sí mismos. De esta manera se puede tomar una decisión más responsable y adecuada.

12. Los hijos adultos de alcohólicos son extremadamente leales incluso ante pruebas de que tal lealtad no es merecida .

Los hijos de alcohólicos han asumido responsabilidades ajenas desde pequeños, y han convertido este hecho en lo que más les satisface: el poder martirizarse por alguien, y más cuando esta persona no corresponde. No es más que una simulación de lo que han vivido con sus padres. Incluso, a ellas se les puede tratar mal y no les importará, es más, será un aliciente para seguir conservando la amistad. Otra causa es que para ellos lo más seguro es lo conocido, y al no atreverse a abrirse a más personas, se encierran en una pocas y complicadas relaciones. No se dan cuenta que pueden conseguir mejores amistades.

El hecho está que hay personas que pueden sacar provecho, por ello es recomendable que los hijos de padres alcohólicos examinen a fondo sus relaciones personales, a ver si se les trata como deberían, si no, es necesario que se replantee la lealtad a la amistad. Para ello es necesario ser realista, conocer que una amistad es libre y gratuita, no interesada.

Una de las características con que se distingue a una persona que se aprovecha o simplemente con la que forma el círculo vicioso, es que son duros críticos de la conducta del dependiente, pasan mucho tiempo diciéndoles en qué están mal. Por ello, se debe analizar muy bien los motivos por los que se quiere permanecer leal, si es por sentimiento de culpa, o porque se teme el quedarse solo.

13. Los hijos adultos de alcohólicos son impulsivos .

Estas personas crecieron aceleradamente, y para rendir a su entorno, tuvieron que mostrarse audaces y atrevidos. Si no hacían las cosas rápido y al instante, sentían que les fallaban a sus padres y desarrollaban aversión a sí mismos, más la pérdida de dominio de su entorno. En consecuencia, ocupan bastante tiempo en reparar sus posibles errores.

Lo que se propone hacer es que examinen cada uno de los impulsos, no sin antes hacer una pausa total de ellos. Observar las consecuencias de este corte, a ver qué tanto afecta a sus conductas y las de los demás. Deben conocer ¿a quiénes y cómo afectan sus impulsos o falta de ellos? De esta forma estarán más libres para elegir y actuar, sentirán que viven realmente.

(Ensayo de Rogelio Zambrana del Libro HIJOS ADULTOS DE PADRES ALCOHÓLICOS DE JANET GERINGER WOITITZ)

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Adiccion a mentir…

Puede ser definido como una “tendencia morbosa a desfigurar la realidad de lo que se dice y a mitificar o a admirar exageradamente a personas o cosas”. Podemos definir así a la MITOMANIA como el trastorno de conducta que consiste en mentir, mentir y mentir en forma patológica y continuamente.

Qué es la Mitomanía

Desde la definición psicológica: es un trastorno de conducta por el cual la persona necesita mentir en forma reiterada, continua y desdibujando la realidad, pues de eso se trata precisamente, de que el mitómano no acepta su realidad y con ésta mentira lo que busca es transformarla, hacerla más soportable para sí. En la personalidad del enfermo, en sus orígenes, en su falta de autoestima encontramos el motivo que lo lleva a mentir, a mostrar delirios de grandeza, a inventar sobre su origen generalmente humilde y cubrir esto de una forma novelada, ocultando su verdadera historia, e inventando otra que responda a sus deseos y llegando a creerse él mismo ésta novela inventada por el. En ésta nueva historia sobre su origen lo que logra es distanciarse de la imagen que tiene de sí mismo y la imagen real.

Autorreconocimiento ausente

A lo anterior puede añadirse que la mitomanía tiene la peculiaridad de presentarse en personas autodevaluadas, con bajo nivel de estima o muy pretenciosas, y ello tiene una razón de ser, ligada al proceso de evolución individual.
Todo ser humano nace con cualidades que empieza a desarrollar desde el momento del alumbramiento; de hecho, refiere el Dr. Escobedo, el paso de la vida intrauterina al mundo externo supone importante inversión de energía y una lucha por adaptarse al nuevo medio.
Conforme se tiene mayor conciencia de la realidad externa “nos vamos dando cuenta de que no somos tan poderosos como creíamos ni somos de acero, y eso lleva a un cambio de dinámica, que es ya la búsqueda de la fortaleza en vez del manejo del poder. Esto duele porque se requiere sacrificio y abrir los ojos a muchas cosas desagradables, pero a cambio se tiene mayor contacto con el mundo.
Desde este ángulo, la autodevaluación surge por la incapacidad de llevar a cabo este proceso de cambiar el poder por la fortaleza; es quedarse en medio, “en el limbo”, no sentir seguridad en los recursos de uno mismo para afrontar la vida ni en las enseñanzas de padres y maestros.
La mitomanía, expresa el psicólogo y psiquiatra,“sería una entre muchas formas de enfrentar la autodevaluación. Ante la incapacidad de reconocer cualidades o recursos reales, se inventan, se hace una ficción para amedrentar al mundo y así reducir el temor que se siente por la realidad. El mitómano tiene una tendencia muy encubierta de una sensación de impotencia, de carencia”.

Más que enfermedad, manifestación

Escobedo Návar aclara que la mitomanía no se define propiamente como un padecimiento, sino que puede formar parte de varios trastornos, por ejemplo, los de la personalidad (en los que se dificulta la interacción social y hay problemas de adaptación a la realidad). También señala que aunque es probable observar niños y adolescentes con tendencia a decir mentiras, sólo es posible establecer el diagnóstico de estos problemas hasta los 18 años, cuando se consolida la madurez.
Así, refiere que “dentro de la gama de diagnósticos psiquiátricos en que se da la mitomanía existen los trastornos ficticios, que es donde encontramos fundamentalmente al mentiroso crónico. Son cuadros en los que, por ejemplo, se inventa alguna enfermedad y se trata de obtener algo a favor de esta situación. No es como en la somatización, donde hay síntomas físicos que son producto de una dinámica interna, sino que se busca una ganancia externa de forma conciente, como lograr incapacidades médicas”.
En otras personas la ganancia es interna. “Ocurre cuando hay una búsqueda de protagonismo o de igualar o suplir la imagen de una persona importante en su vida, a la que no se pudo sobrepasar, como una figura paterna con éxito que, al ser inalcanzable, el hijo la ‘empareja’ con ayuda de la mitomanía y siente alivio”.
Por su parte, “en el trastorno limítrofe de la personalidad, en el cual hay inestabilidad en la percepción de la propia imagen y una inconsistencia en varias áreas de la vida, decir mentiras puede ser parte de una búsqueda de equilibrio para disminuir la angustia”. De igual forma, puede presentarse en un paciente con tendencia paranoide, es decir, que tiene elevado grado de desconfianza hacia los demás, y por ello desfigura la idea de sí mismo, magnificándola y disfrazando su verdadera raíz cultural, de raza o económica.
En el trastorno narcisista, que se distingue por la percepción de que “todo lo bueno está dentro y lo malo fuera”, hay dificultad para vincularse de forma madura con los semejantes, por lo que el paciente piensa que todos los demás están a su servicio. La mitomanía también puede ocurrir en la esquizofrenia (dificultad para diferenciar entre experiencias reales e irreales, pensar de manera lógica y socializar), aunque no es su principal síntoma.
Con base en su experiencia, el experto refiere que “es común que traigan a consulta a niños por disminución de la atención o inquietud, y a veces los padres se quejan de que tienen tendencia a ser muy mentirosos. Ahí es parte de un cuadro, un dato más del que hay que ver la causa: problemas en el proceso de maduración, conflicto en el cambio de búsqueda del poder por la fortaleza o, incluso, una forma de tratar de bajar la ira de los padres”.

CARACTERISTICAS DE ESTAS PERSONAS (conductuales)

1.- Las personas que padecen de este trastorno se caracterizan por tener baja autoestima, y usan las mentiras para construir una mejor imagen de sí mismos frente a la sociedad, sus amigos, su familia. Además de conseguir atención, pretenden sentir aprecio o lo que desean, sin importar el medio por el que tengan qué hacerlo.

2.- Se conoce que son convincentes, manipuladores y su discurso suele ser hasta cierto punto creíble ya que saben actuar, no aceptan fácilmente su problema, cambian de tema constantemente y suelen dar distintas versiones del mismo hecho, e incluso se sienten diferentes personas.

3.- Especialistas coinciden en que la mitomanía no es inofensiva, pues existen muchos consecuencias severas a nivel social ya que se pierde credibilidad y prestigio, lo que por lo regular daña severamente las relaciones afectivas, familiares y laborales.

4.- Otra de las características es que el mitómano trata de sobresalir de los demás, frente a ellos, y puede llegar al punto de estar convencido de sus propias mentiras, lo que al chocar con su realidad y ser descubiertos, les hace sufrir; y no obstante , pueden seguir negándolo de forma patológica, ya sea por temor o vergüenza, o simplemente por huir de la realidad.

5.- Los expertos en el tema aseguran que estos síntomas suelen presentarse con mayor frecuencia en personas adolescentes, ya que durante esa etapa su personalidad es inestable y proclive a la baja autoestima.

6.- Para las personas que sufren de este padecimiento se recomienda como tratamiento, la psicoterapia, el cual es un trabajo entre el terapeuta y el paciente, para corregir este tipo de trastornos psicologicos.

En el discurso del mitómano se mezclan indistintamente retazos de verdad con invenciones fantasiosas, aunque más o menos verosímiles, y suele centrarse en la propia biografía -mienten sobre su vida- aunque a veces también trata sobre su salud e historial médico. En torno a casi cualquier detalle, el mitómano puede tejer una compleja y muy detallada red de mentiras –recalco, sin necesidad aparente-, resistente a la confrontación con la verdad. Lo triste es que el mitómano sabe que miente, pero -por repetición- eventualmente llega a creer sus mentiras, y entonces la línea entre realidad y fantasía se torna borrosa.

Solución ante el sufrimiento

El especialista en salud mental refiere que, salvo en el caso de infantes y adolescentes, que son llevados por sus padres, las personas con mitomanía acuden al psicólogo o psiquiatra porque su conducta les genera demasiados problemas. “Muchas veces el paciente está convencido de sus mentiras, y así es muy difícil que acuda al tratamiento; lo hace hasta que hay un ‘momento de quiebre’, cuando el choque constante con la realidad le hace sufrir por perder vínculos, una relación afectiva, y ya nadie quiere estar cerca de ellos”.
Abunda al respecto: “el mitómano tiene primero una fase de omnipotencia, en que dice muchas mentiras y piensa que todos le van a creer; posteriormente, llega una etapa de deterioro o caída del narcisismo mentiroso en que se presentan constantes contradicciones y ya nadie le creé; habla de su vida y no le hacen caso, no lo toman en cuenta para cosas importantes, no le dan responsabilidades, lo corren del trabajo y, en la familia, ya no puede hablar de ciertas cosas, le restringen el acceso a objetos o información. Se va cercando o acorralando, hasta que se relaciona con gente con grados de madurez y evolución muy bajos, inmiscuyéndose en situaciones de riesgo”.
En cuanto al tratamiento, explica que primero debe realizarse una fase de exploración del paciente, realizar algunas entrevistas antes del diagnóstico definitivo, de modo que la principal herramienta para revisar conductas y la vida del paciente es la palabra.
Al avanzar en la terapia, refiere, “lo que se hace, de acuerdo a mi sentir, es establecer una alianza de trabajo en la que se demuestra al paciente el costo que le está trayendo su enfermedad; se le debe hacer entender que hay cosas que ve muy normales, pero en realidad son expresiones del problema. Así continuamos, todavía sin profundizar demasiado, para que haya adherencia al tratamiento”.
Esto se debe a que “si se confronta al paciente en las primeras sesiones, sólo voy a lograr que se vaya. Los terapeutas necesitamos conversar e ir ‘tejiendo’ o enlazando cosas sobre su vida o que ha dicho, y ya que hay mayor alianza de trabajo, entonces se le puede hacer que aborde hechos más profundos, decirle cuándo ha mentido e interpretar la razón de esa conducta. El proceso es largo, pues se debe construir un nuevo aprendizaje en el paciente y un pensamiento analítico”.

También es importante ayudarle a percibir cuáles son sus herramientas y recursos para enfrentar la vida. “El paciente fluctúa entre las ambiciones que tiene y su talento; a veces tienen muchas aptitudes, pero sus metas son mínimas, o al revés. Devalúan sus capacidades, sobrevalúan las de otros, y por eso inventan o se atribuyen las ‘armas’ que ven en otros”.
Por último, el Dr. Sergio Arturo Escobedo acentúa:“Me parece fundamental que en estos casos o cualquier otro que genere sufrimiento y alteración de la vida social, familiar o escolar de una persona, pensemos que hay muchos recursos con qué enfrentarlos y ayudarnos a descubrir capacidades propias. En este sentido, siempre es muy útil acudir a un proceso psicoterapéutico”.