Meditación 21 de Febrero: Valores

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Cuando las mujeres emprenden una profesión, no descartan sus valores femeninos, sino que los añaden a los valores tradicionales masculinos de realización laboral y éxito profesional. Mientras luchan por cumplir las exigencias de ambos papeles, las mujeres no pueden entender por qué los hombres no pueden compartir este doble sistema de valores. (SUSAN STURDINENT Y GAIL DONOFF).

Uno de los aprendizajes más dolorosos que son frecuentes para las mujeres que trabajan fuera de casa es el darse cuenta de que las mismas capacidades que sirven en las empresas no funcionan en el hogar y en las relaciones personales. Afortunadamente, tenemos la ventaja de conocer un sistema de valores que contribuye a la vida, y sólo tenemos que aprender a saber qué es lo que funciona en el trabajo.
Desgraciadamente, en el proceso de aprender el sistema de valores de una profesión, se nos anima a denigrar nuestros valores y, a veces, sucumbimos a esta presión. Nuestros valores no están equivocados. Son simplemente diferentes. Y el lugar de trabajo se enriquecerá con ellos.

Confiar en mi sistema de valores puede ser una importante contribución en mi trabajo.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 20 de Febrero: Enmiendas

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Haz que sea una regla de tu vida no lamentarte nunca ni mirar hacia atrás. Lamentarse es un enorme gasto de energía; no puedes crear sobre ello; sólo es bueno para revolcarse en el pasado. (KATHERINE MANSFIELD).

Mirar hacia atrás y lamentarse es algo muy diferente de hacer el balance, corregir errores y continuar. Cuando miramos hacia atrás y nos lamentamos, estamos cayendo en la actividad de azotarnos a nosotras mismas por los errores del pasado.
Todas nosotras hemos cometido errores. Cuando hemos actuado en medio de la locura de esta enfermedad de adicción, nos hemos dañado a nosotras mismas y a los demás. No nos hemos prestado atención a nosotras mismas. Hemos descuidado a las personas que amamos. Ésta es la naturaleza de una adicción. Ahora podemos admitir nuestras equivocaciones, hacer las enmiendas necesarias respecto a las personas que hemos agraviado (incluidas las enmiendas hacia nosotras mismas cuando no nos hemos cuidado suficiente) y continuar.
No podemos construir nada sobre la vergüenza, la culpabilidad, o el remordimiento. Sólo podemos revolcamos en estos sentimientos.

Reconocer mis errores y enmendarlos me dan la oportunidad de construir sobre mi pasado y de integrarlo. Puedo empezar a hacerlo en cualquier momento… tal vez, incluso hoy mismo.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 19 de Febrero: Juegos malabares

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Normalmente estamos más bien orgullosas de nosotras mismas por haber sido capaces de introducir el trabajo creativo entre las tareas y obligaciones domésticas. No estoy segura de que merezcamos un sobresaliente por ello. (TONI MORRISON).

Las mujeres que trabajan fuera de casa no son las únicas mujeres obsesionadas con el trabajo. Las que están en casa a tiempo completo rara vez tienen tiempo para ellas mismas y sus proyectos creativos. Después de todo, los niños y la casa están presentes veinticuatro horas al día. Siempre hay algo que hacer.
Nuestra principal habilidad no es tal vez el que las cosas queden hechas, sino quizá el hacer juegos malabares con los proyectos, de manera que todo parece hacerse, y así nos sentimos mejor. ¡Atención! Hacer juegos malabares con los proyectos es uno de los síntomas de las mujeres adictas al trabajo. En lugar de reducir los proyectos a los que razonablemente pueden llevarse a cabo, la adicta al trabajo intenta ejecutarlos todos.

Las malabaristas no son muy bien pagadas y, a veces, se les cae a la cabeza uno de los bolos que están lanzando al aire.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 18 de Febrero: Frenesí

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Hemos llegado a una situación en la que el frenesí y el pánico parecen partes integrales de ser mujeres especialmente de ser mujeres profesionales. (ANNE WILSON SCHAEF).

Las mujeres que hacemos demasiado tendemos a estar frenéticas casi todo el tiempo. ¿Dónde aparcamos en el aeropuerto ese coche de alquiler y, en todo caso, cómo demonios era? ¿Estamos seguras de haber aparcado nuestro coche enfrente de la droguería en el centro comercial? ¿O fue la semana pasada?
¿Dónde pusimos esa cuenta que tenemos que pagar justamente hoy?
Debe existir un modo de sacar a pasear a los niños esta mañana que sea menos frenética. Estamos seguras de que una buena madre lo haría mejor.
¿Dónde está esa pluma? ¿Dónde hemos dejado esa sartén? ¿Dónde están los pantalones? Probablemente, justo donde los dejamos. Es normalmente nuestro «frenesí» el que enturbia nuestra visión.

El frenesí y el pánico son viejos amigos conocidos. Tal vez haya llegado la hora de que salgan de nuestra casa.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 15 de Febrero: Sentirse loca

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Mi marido pensó que yo debía hablar a alguien sobre… mis problemas. Él piensa que estoy dando señales de no poder llevar las cosas como lo hacía antes. NORMA JEAN HARRIS (Sheila Ballantyne).

¿Por qué siempre sucede que somos nosotras las que parecemos necesitar ayuda? Es cierto que a veces nos sentimos enloquecer, y que los sentimientos de estar abrumadas no nos son desconocidos. Pero, ¿por qué siempre recae sobre nosotras la etiqueta de estar locas (¡si es que alguien tiene que estar loco!)?
A veces es un alivio admitir que nos sentimos locas. Necesitamos a alguien con quien hablar cuando nos sentimos aisladas. Otras personas parecen que lo llevan bien. ¿Por qué no podemos nosotras llevarlo bien? Al menos, hablar con alguien o ir a un grupo en donde hay otras mujeres nos ayuda a reconocer que no somos las únicas en tener este tipo de sentimientos. Buscar ayuda y apoyo puede ser un punto de inflexión. A fin y al cabo, los grupos de personas adictas al trabajo son gratuitos.

Quizá mi incapacidad para enfrentarme a una situación de locura «como lo hacía antes» es un signo de mi paso hacia la salud.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 14 de Febrero: Expectativas

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Nadie hace objeciones a una mujer por ser una buena escritora, escultora o bióloga, si al mismo tiempo se las arregla para ser una buena esposa, buena madre, estar bien maquillada, de buen humor, elegante y no es agresiva. (LESLIE M. MCINTYRE).

¡Está bien! ¿Cuál es entonces el problema? No es fácil estar elegante cuando tenemos cerca niños que empiezan a gatear… pero lo intentamos. No es fácil criar hijos y permanecer esbelta y bien maquillada… pero lo intentamos.
No existe probablemente ningún grupo de personas en esta sociedad que intenten con más esfuerzo que las mujeres responder a las expectativas de los demás. Como consecuencia, estamos siempre mirando afuera para obtener valoración, y por mucha que obtengamos, no es suficiente. Intentando siempre ser las que los demás piensan que deberíamos ser,nos hemos perdido a nosotras mismas y hemos acabado teniendo poco que aportar en cualquier relación o tarea.

Las expectativas son como las fajas. Probablemente deberíamos haberlas descartado hace años.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 13 de Febrero: Moral Personal

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No quiero, y no lo haré, cortar mi conciencia para «estar a la última». (LlLLIAN HELLMAN).

Uno de los efectos del proceso de adicción es que gradualmente perdemos contacto con nuestra moral personal y nos deterioramos lentamente como personas morales. Es fácil ver cómo la persona alcohólica o drogadicta está dispuesta cada vez más a mentir, engañar, robar, e incluso a matar o a herir a la persona a la que quiere, para conseguir su dosis. Pero las mujeres que hacemos demasiado no somos diferentes. También tenemos deslices morales. Retenemos información, mentimos, engañamos o rebajamos a los demás para seguir adelante. Estamos dispuestas a pasar por alto nuestras normas de conducta y nuestra moral para llegar hasta la cumbre, para «estar a la última». Cuando pasamos por alto nuestra moral personal, hemos vendido nuestra alma y estamos perdiendo el «yo que es realmente yo».
Parte de nuestra recuperación consiste en reconocer que nuestra moral personal es uno de nuestros activos más preciados, y que es demasiado importante para tratarla a la ligera.

Me valoro suficiente para darme cuenta de que mi moral personal es una baliza que hay que seguir.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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