Meditación 26 de Julio: Confianza

La naturaleza nos ha creado con la capacidad de conocer a Dios, de vivirlo. (ALICE WALKER).

A menudo pensamos que tenemos que esforzarnos para conocer a Dios y que tenemos que tener expertos que nos enseñen cómo conocer nuestro Poder Superior.
Qué maravillosa sorpresa es descubrir de repente que la capacidad de conocer a Dios y de conectar con nuestro Poder superior actúa dentro de nosotras, y darnos cuenta de que en lugar de tener que trabajar esta conexión, sólo tenemos que admitir que existe. Tal vez hayamos perdido nuestra conciencia de nuestra relación con nuestro Poder Superior, pero la conexión nunca ha cesado. Ocurría simplemente que nuestra conciencia había disminuido y se había oscurecido.

Tengo todo lo que necesito dentro de mí para conocer y experimentar mi Poder Superior. Todo lo que tengo que hacer es salir de mi rutina.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 25 de Julio: Maravilla

Tomo el sol y escucho las horas, haciéndose y deshaciéndose bajo los pinos, y huelo la resina de las altas horas encubiertas de medianoche. El mundo está perdido en una neblina azul de distancias, y lo inmediato duerme en un delgado sol finito. (ZELDA FITZGERALD).

Leo esta cita y me siento perdida en la maravilla, la maravilla de la belleza de las palabras y de las frases. Lo leo y recuerdo la maravilla de tomar el sol espontáneamente encima de unos troncos bañados de luz, mientras que el sol sobre mi piel acrecentaba el olor mezclado del perfume del bosque y del acre del pino impregnando mi piel. Puedo recordar al principio las horas deshaciéndose a mi alrededor, y después desapareciendo en un murmullo, mientras que mi cuerpo se relajaba en la tierra y en mí misma. El mundo parecía muy lejano, y no había necesidad de acercarlo más.

La maravilla es un don de la vida. Vivir es el don de la maravilla.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 24 de Julio: Aceptación/Humildad

Pero si vas tú y le preguntas al mismo mar, ¿qué te dice? Murmura, murmura, se agita, se agita. Siendo el mar, está demasiado ocupado para decir algo de sí mismo. (ÚRSULA K. LE GUIN).

Nadie que se haya sentado alguna vez a la orilla del mar y que haya experimentado su poder eterno y su gentileza puede tener alguna duda de que el mar sabe justamente que él es eso, el mar. La naturaleza tiene una enorme capacidad de ser exactamente lo que es, sin ninguna pretensión… y ni siquiera tiene que detenerse a pensar sobre ello.
Cuando tenemos que hacer un alto y pensar en quiénes somos, no estamos siendo lo que somos. Cuando intentamos ser alguien que creemos que deberíamos ser, no estamos siendo lo que somos. Cuando intentamos ser alguien que se nos ha dicho que deberíamos ser, no estamos siendo nosotras mismas. Para ser yo misma, tengo que ser.

La naturaleza enseña grandes lecciones de humildad. Para aprender de ella, tengo que estar en ella.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 23 de Julio: Aceptación/Autoconfianza

Un descubrimiento chocante, dado que esas ciento cuarenta y tres mujeres tenían un coeficiente intelectual normal, fue su falta de confianza en sus capacidades y la creencia de que su parte intelectual era efímera o no estaba desarrollada. (CAROL TOMLINSON-KEASEY).

La gente ha dicho que el movimiento de las mujeres es la única revolución en la que la avanzadilla del enemigo está en nuestras propias mentes (lo cual no quiere decir que tengamos que pensar en términos de enemigos). Nos gusta pensar que las mujeres hemos superado nuestra programación negativa y que realmente nos sentimos bien con nosotras mismas. Entonces leemos un estudio como el realizado por Carol Tomlinson-Keasey y sentimos una profunda tristeza por un grupo de mujeres inteligentes que no creen en ellas mismas ni en sus capacidades.
Somos conscientes de que esas mujeres que desconfían de sí mismas y de su intelecto, en el fondo, no son muy diferentes a nosotras mismas.
Tal vez mostremos un buen frente, pero sabemos que todavía quedan escondidos esos pequeños miedos nimios de que quizá nos seamos lo suficientemente buenas.

Me pongo triste cuando las mujeres no se valoran a sí mismas. Me pongo triste cuando no me valoro a mí misma. Me permitiré sentir mi tristeza.</strong>

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 22 de Julio: Éxito

La vida es una sucesión de momentos. Vivir cada uno de ellos es triunfar. (CORITA KENT).

Tal vez el problema no sea el concepto de éxito, es la manera en que lo definimos. Si definimos el éxito como tener una gran cantidad de dinero, alcanzar lo alto de la escala en una organización, dos BMW en el garaje y una casa de diseño, el éxito puede ser peligroso para nuestra salud.
Si definimos el éxito como vivir cada momento sucesivo con toda su plenitud, podemos tener dinero, prestigio y posesiones, y este éxito puede que no sea desastroso para nuestra salud. La diferencia es la actitud y las creencias que están detrás de dicha actitud.
De hecho, suele ser más fácil juntar los ingredientes del éxito que vivir una vida plena de éxitos. Vivir una vida así exige presencia, nuestra presencia en cada momento.

El éxito confunde. ¿Es lo que tengo o lo que me tiene? Probablemente, ninguna de las dos cosas.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 21 de Julio: Conciencia del Proceso/Miedo

Ahora algunas personas, cuando se sientan para escribir y no les viene ninguna inspiración, ninguna buena idea, se aterrorizan tanto que beben enormes cantidades de café bien fuerte para acelerarlas, o fuman paquetes y paquetes de cigarrillos o toman drogas o se emborrachan. No saben que las ideas vienen lentamente, y que cuanto más clara, tranquila y sin estímulos se esté, más lentamente vienen las ideas, pero las que vienen son mucho mejores. (BRENDA UELAND).

Uno de los efectos secundarios de nuestra actividad excesiva es que empezamos a tomar sustancias químicas y otras sustancias que crean adicción para mantenernos en marcha. Así, nuestra adicción a hacer demasiado se complementa con una colección compleja de otras adicciones.
Otro de los efectos secundarios de ser mujeres que hacemos demasiado es que nos encontramos progresivamente sin contacto alguno con nuestra creatividad y productividad.
Brenda Ueland utiliza el recurso de convertirse en escritora para volvernos a nosotras mismas. La verdad de lo que dice no sólo se aplica a las escritoras, sino a todas nosotras. Nuestra creatividad y nuestra productividad siempre sufren cuando utilizamos sustancias que crean adicción con el objeto de forzarlas.

No necesito hacer nada para que emerja mi creatividad. Probablemente necesito dejar de hacer algunas cosas.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditacion 20 de Julio: Intimidad/Excusas

A causa de esa necesidad de concentrarse totalmente en su trabajo, George Sarton había desarrollado una enorme resistencia a cualquier cosa que pudiera perturbarle, como, por ejemplo, la salud o la falta de salud de mi madre. (MAY SARTON).

¡Qué fácil es centrarnos en nuestro trabajo y no ver las necesidades de las personas que nos rodean! A menudo utilizamos nuestro trabajo como una excusa para evitar la intimidad con nosotras mismas y con los demás. No importa de qué trabajo se trate, si es «trabajo», ya está justificado.
Con frecuencia pedimos a las personas que amamos hacer enormes sacrificios en nombre de nuestro trabajo, y nos volvemos insensibles y egoístas al pedirlo. El trabajo es lo que importa. Las mujeres adictas a sus tareas domésticas son tan maníacas como las adictas a los negocios. Ambas vías pueden ser escapatorias de la intimidad.
La recuperación nos ofrece la posibilidad de intimidad con nosotras mismas y con los demás. Sin embargo, para experimentar la alegría de la recuperación tenemos primero que admitir lo que estamos haciendo.

La intimidad es como un vaso de agua fresca para un alma dedicada al trabajo. Incluso un solo sorbo puede hacer crecer flores en el desierto.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).