Meditación 4 de Marzo: Sentimientos/Libertad

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Los padres blancos nos dijeron: «Pienso, luego existo», y la madre negra dentro de nosotras —la poeta— murmura en nuestros sueños: «Siento, luego puedo ser libre.» (AUDRE LORDE).

Se nos ha enseñado a cerrar y congelar nuestros sentimientos. Se nos ha dicho que los sentimientos son débiles e irracionales, y que si queremos ser un éxito en este mundo, debemos ser capaces de controlar nuestros sentimientos. Los modelos de éxito son personas que nunca han tenido ningún sentimiento visible.
Sin embargo, cuando escondemos nuestros sentimientos, nos hacemos más vulnerables, y no menos. Cuando reprimimos nuestros sentimientos, nunca sabemos cuándo estallarán, y no podemos estar tranquilas de que no lo harán con una mayor intensidad que si los hubiéramos aceptado en el «primer momento».
Además, los sentimientos constituyen nuestro sistema natural de información y alarma. Son nuestros sentimientos, y no nuestros pensamientos, los que nos avisan del peligro, nos dicen si alguien nos está mintiendo y detectan para nosotras los matices sutiles que nos permiten distinguir las diferencias y tomar decisiones. Sin este sistema interno de información nunca podemos ser verdaderamente felices.

Celebrar mi capacidad para sentir es una manera de ser totalmente libre.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 21 de Febrero: Valores

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Cuando las mujeres emprenden una profesión, no descartan sus valores femeninos, sino que los añaden a los valores tradicionales masculinos de realización laboral y éxito profesional. Mientras luchan por cumplir las exigencias de ambos papeles, las mujeres no pueden entender por qué los hombres no pueden compartir este doble sistema de valores. (SUSAN STURDINENT Y GAIL DONOFF).

Uno de los aprendizajes más dolorosos que son frecuentes para las mujeres que trabajan fuera de casa es el darse cuenta de que las mismas capacidades que sirven en las empresas no funcionan en el hogar y en las relaciones personales. Afortunadamente, tenemos la ventaja de conocer un sistema de valores que contribuye a la vida, y sólo tenemos que aprender a saber qué es lo que funciona en el trabajo.
Desgraciadamente, en el proceso de aprender el sistema de valores de una profesión, se nos anima a denigrar nuestros valores y, a veces, sucumbimos a esta presión. Nuestros valores no están equivocados. Son simplemente diferentes. Y el lugar de trabajo se enriquecerá con ellos.

Confiar en mi sistema de valores puede ser una importante contribución en mi trabajo.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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