Meditación 15 de Febrero: Sentirse loca

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Mi marido pensó que yo debía hablar a alguien sobre… mis problemas. Él piensa que estoy dando señales de no poder llevar las cosas como lo hacía antes. NORMA JEAN HARRIS (Sheila Ballantyne).

¿Por qué siempre sucede que somos nosotras las que parecemos necesitar ayuda? Es cierto que a veces nos sentimos enloquecer, y que los sentimientos de estar abrumadas no nos son desconocidos. Pero, ¿por qué siempre recae sobre nosotras la etiqueta de estar locas (¡si es que alguien tiene que estar loco!)?
A veces es un alivio admitir que nos sentimos locas. Necesitamos a alguien con quien hablar cuando nos sentimos aisladas. Otras personas parecen que lo llevan bien. ¿Por qué no podemos nosotras llevarlo bien? Al menos, hablar con alguien o ir a un grupo en donde hay otras mujeres nos ayuda a reconocer que no somos las únicas en tener este tipo de sentimientos. Buscar ayuda y apoyo puede ser un punto de inflexión. A fin y al cabo, los grupos de personas adictas al trabajo son gratuitos.

Quizá mi incapacidad para enfrentarme a una situación de locura «como lo hacía antes» es un signo de mi paso hacia la salud.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 29 de Enero: Impotencia

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Ante un obstáculo que es imposible de superar, la testarudez es algo estúpido. (SlMONE DE BEAUVOIR).

A algunas de nosotras no nos gusta oír esto, pero existen ciertas cosas en nuestras vidas sobre las que somos impotentes. De hecho, cuando llegamos a este punto, nos damos cuenta de que existen unas pocas cosas que no podemos controlar realmente.
Ciertamente, las zonas de nuestras vidas sobre las que somos realmente más impotentes son nuestros hábitos adictivos y compulsivos de trabajar, apresurarnos y estar siempre ocupadas. De hecho, ésta es una de las definiciones de la adicción. Una adicción es cualquier cosa que controla nuestras vidas, sobre la que no podemos hacer nada, y que hace que nuestra existencia sea ingobernable. Nuestra incapacidad para dejar de matarnos a nosotras mismas haciendo demasiado se ajusta ciertamente en esta categoría.

Saber cuándo abandonar puede ser mi mayor victoria.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 28 de Enero: Ser Prescindible/Control/Miedo

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Cuando tenia dieciséis años, mi madre me dijo que yo era prescindible y que, si no trabajaba duro, las empresas podrían deshacerse de mí. Trabajo de sesenta a setenta horas por semana, nunca me tomo un día libre, y mi marido y yo no hemos tomado vacaciones en doce años. Soy adicta al trabajo y me encanta serlo. (MUJER ANÓNIMA).

¡Vaya! ¿Tengo algo más que añadir? Esta mujer ha comprado todo el paquete.
Como ella, muchas de nosotras creemos que podemos controlar lo que percibimos como ser prescindibles haciéndonos indispensables. ¡Qué sofisticada ilusión de control! El trabajo obsesivo es algo diferente de tener pasión por nuestro trabajo.
Normalmente, las personas que están verdaderamente apasionadas con su trabajo también están apasionadas con sus pasatiempos y el tiempo dedicado a ellas mismas. Las personas adictas al trabajo no lo estamos. Trabajamos por miedo e intentamos convencernos de que lo adoramos. El miedo y el autoengaño van de la mano.

¿Soy prescindible para mí? Esa es la cuestión.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 3 de Enero: Excusas/Oportunidades de Elegir

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Así pues, siendo joven fui testigo del hecho de que el trabajo era fundamental, y que más bien servía para justificar un comportamiento inhumano. (MAY SARTON).

La adicción al trabajo, como otras adicciones, es intergeneracional. Muchas de nosotras la aprendimos de nuestros padres y madres en casa, y no podemos siquiera imaginar otra manera de ser en el mundo. El trabajo era lo fundamental antes que ninguna otra cosa en nuestros hogares y para nuestras familias. Sólo podíamos divertirnos cuando se había acabado el trabajo.
Sólo podíamos relajarnos y atender nuestras necesidades personales cuando habíamos acabado las tareas domésticas y la casa estaba en orden. Y cuando todo esto estaba hecho, ya estábamos demasiado cansadas para cualquier otra cosa. La limpieza estaba cercana a la bienaventuranza, y ésta parecía a veces estar muy lejos.
El trabajo siempre estaba vinculado a las necesidades de la vida, a salir adelante y al sueño americano, y estos ideales justificaban cualquier cosa, incluso la conducta inhumana y cruel en la familia.
Aprendimos nuestras lecciones muy bien, y ahora tenemos la oportunidad de romper la cadena intergeneracional de adicción al trabajo. Tenemos la oportunidad de ser diferentes. Tenemos otras oportunidades de elegir.

Me permitiré observar hoy cuántas veces utilizo el trabajo como una excusa para mi comportamiento inhumano.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 2 de Enero: Impotencia

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Somos impotentes respecto a nuestra adicción al trabajo y a nuestro estado de ocupación permanente, y nuestras vidas se han vuelto ingobernables. (PASO PRIMERO MODIFICADO DE LOS ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS).

¿Yo, impotente? ¡No, nunca! La misma palabra me hace fruncir los labios y sospechar gravemente de cualquiera que la pronuncie. Como mujer, nunca seré otra vez impotente. Tal vez se suponga que lo sea, ¡pero no lo seré!
¡Un momento! Este paso no dice que sea impotente como ser humano. Afirma claramente que soy impotente respecto a mi adicción al trabajo y a mi estado de ocupación permanente. Y esto ya es otra cosa. Ciertamente me he sentido a veces al límite de la rabia, y me preocupa que mi vida personal haya sido derrotada últimamente.
Incluso cuando trato de detenerme, realmente no puedo. Tal vez tenga que estar dispuesta a considerar esta idea de la «impotencia sobre algo concreto». ¡Mi vida necesita algo!

Simplemente estar dispuesta a considerar el asunto es un primer paso. Soy capaz de darlo.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 2 de Diciembre: Intereses/Excesivamente multiplicada

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Estoy envuelta en tantas cosas —tanto puramente prácticas como también otras en las que están implicados mis sentimientos y mi vida, ya sea por mi culpa o por suerte—, que sacarlas adelante va a tomarme todas mis fuerzas. (ISAK DlNESEN).

A veces, las mujeres que hacemos demasiado estamos confusas entre el entusiasmo saludable o pasión por nuestro trabajo y la adicción al mismo. La pasión se transforma en adicción cuando se vuelve destructiva para una misma y para los demás. La adicción al trabajo no es perseguir nuestros intereses. La adicción no nos deja tiempo para éstos.
A menudo nos multiplicamos en exceso persiguiendo nuestros intereses y, como adictas, no sabemos cuándo parar.Siempre acumulamos más y más objetivos. La mujer que tiene una relación sana con sus intereses es capaz de darles el tiempo que merecen y de saborearlos.

Mi interés añade riqueza a mi vida, pero no cuando los persigo de manera compulsiva.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Meditación 1 de Noviembre: Trabajo/Causas

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¡Cuidado con la gente apegada a las ideas! ¡Cuidado con las ideas apegadas a la gente! (BÁRBARA GRIZZUTI HARRISON).

Las ideas pueden ser muy seductoras, ¡y nosotras nos dejamos seducir con tanta facilidad por ellas! Olvidamos que las ideas son solamente eso: abstracciones que han sido pensadas.
A menudo nos perdemos en las ideas y nos quedamos tan atrapadas en las mismas que no podemos distinguir entre nosotras y ellas. Cuando alcanzamos este nivel de confusión con nuestras ideas, vivimos cualquier ataque a las mismas como un ataque a nuestro ser.
El estar tan apegadas a nuestras ideas tiene como consecuencia frecuente el que se produzca un abismo entre lo que predicamos y lo que hacemos realmente. ¡Cuántas veces matamos en nombre del amor! Hablamos de cooperación e intentamos imponérsela a los demás. Tenemos una idea de gran productividad y hacemos que ésta disminuya al pedir a los demás que se adhieran a ella. Empezamos teniendo una idea y la idea acaba rápidamente teniéndonos a nosotras.

No permitiré que lo que pienso destruya lo que creo.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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