Meditación 20 de Julio: Intimidad/Excusas

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A causa de esa necesidad de concentrarse totalmente en su trabajo, George Sarton había desarrollado una enorme resistencia a cualquier cosa que pudiera perturbarle, como, por ejemplo, la salud o la falta de salud de mi madre. (MAY SARTON).

¡Qué fácil es centrarnos en nuestro trabajo y no ver las necesidades de las personas que nos rodean! A menudo utilizamos nuestro trabajo como una excusa para evitar la intimidad con nosotras mismas y con los demás. No importa de qué trabajo se trate, si es «trabajo», ya está justificado.
Con frecuencia pedimos a las personas que amamos hacer enormes sacrificios en nombre de nuestro trabajo, y nos volvemos insensibles y egoístas al pedirlo. El trabajo es lo que importa. Las mujeres adictas a sus tareas domésticas son tan maníacas como las adictas a los negocios. Ambas vías pueden ser escapatorias de la intimidad.
La recuperación nos ofrece la posibilidad de intimidad con nosotras mismas y con los demás. Sin embargo, para experimentar la alegría de la recuperación tenemos primero que admitir lo que estamos haciendo.

La intimidad es como un vaso de agua fresca para un alma dedicada al trabajo. Incluso un solo sorbo puede hacer crecer flores en el desierto.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

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Reflexión de Al-Anón: 14 de Julio

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UN INGREDIENTE NUTRITIVO

En donde antiguamente la humildad había significado el amargo alimento para reconocer los erres, empieza ahora a significar el ingrediente nutritivo que puede darnos la serenidad. (DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 79).

¿Con cuánta frecuencia me concentro en mis problemas y frustraciones? Cuando estoy pasando un “buen día”, estos mismos problemas disminuyen de importancia y mi preocupación por ellos mengua. ¿No sería mejor si pudiera encontrar una fórmula para dar rienda suelta a la “magia” de mis “días buenos” y aplicarla a los “pesares” de mis “días malos?”

¡Ya tengo la solución! En vez de tratar de huir de mis dolores y desear que se vayan mis problemas, puedo rezar por obtener la humildad. La humildad curará el dolor. La humildad me sacará de mí mismo. La humildad, esa fortaleza concedida para mí por ese “poder superior a mí mismo” es mía sólo con pedirla. La humildad devolverá el equilibrio a mi vida. La humildad me hace posible aceptar alegremente mi condición humana.

(REFLEXIONES DIARIAS del Libro de reflexiones escritas por los A.A. para los A.A.).

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Reflexión de Al-Anón: 13 de Julio

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LA HUMILDAD ES UN REGALO

Mientras colocáramos primero la confianza en nosotros mismos, una genuina dependencia de un Poder Superior era completamente imposible. Ese ingrediente básico de toda humildad, el deseo de buscar y hacer la voluntad de Dios, había faltado. (DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 77).

Cuando recién llegué a A.A. yo quería encontrar algo de esa elusiva cualidad llamada humildad. No me daba cuenta de que estaba buscando la humildad porque creía que éste me ayudaría a lograr lo que quería, y que yo haría cualquier cosa por otros si creía que Dios me compensaría por ello. Ahora trato de recordar que la gente que encuentro en el transcurso de mi día está tan cerca de Dios como yo voy a estar mientras esté en esta tierra. Tengo que rezar para saber cuál es la voluntad de Dios hoy, y ver cómo puede ayudar a otra gente mi experiencia de esperanza y dolor; si puedo hacer esto, no tengo que buscar la humildad, ella me ha encontrado.

(REFLEXIONES DIARIAS del Libro de reflexiones escritas por los A.A. para los A.A.).

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Reflexión de Al-Anón: 8 de Julio

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UNA LIBERTAD SIEMPRE CRECIENTE

En el Paso Siete es donde hacemos el cambio en nuestra actitud que nos permite, con la humildad como nuestra guía, salir de nosotros mismos hacia los demás y hacia Dios. (DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 81).

Cuando finalmente le pedí a Dios que me liberase de esas cosas que me estaban apartando de El y de la luz solar del espíritu, me embarqué en el viaje más glorioso que me hubiera podido imaginar. Experimenté una liberación de aquellas características que me tenían envuelto en mí mismo. Debido a este Paso de humildad, hoy me siento limpio.
Estoy especialmente consciente de este Paso porque ahora puedo ser útil a Dios y a mis compañeros. Sé que El me ha concedido la fortaleza para hacer Su voluntad y me ha preparado para cualquier persona o cosa que se me presente hoy en mi camino. Verdaderamente estoy en Sus manos, y doy gracias por la alegría de poder ser útil hoy.

(REFLEXIONES DIARIAS del Libro de reflexiones escritas por los A.A. para los A.A.).

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Libérese de la responsabilidad

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Si usted tiene un comportamiento codependiente, usted está tratando de llenar sus necesidades a través del impulso de “hacerlo todo”. O bien, siendo para la otra persona “el todo en todo”. Sin embargo, usted puede iniciar el camino a la recuperación liberando su deseo de controlar o cambiar a la persona que usted ama.

Reconozca que usted es dependiente de la otra persona, y ponga su confianza en Dios.
• Admita que la codependencia es un pecado.
• Pida a Dios que le dé el deseo de ponerlo a él primero y agradarlo en todas sus relaciones.
• Decida buscar al Señor para que él llene sus necesidades de amor, significancia y seguridad.
• Acepte que Dios no lo creó para llenar todas las necesidades de otra persona.

Examine sus patrones de pensamiento codependiente
• No piense que la semejanza con Cristo consiste en agradar a otras personas.
• No piense que su papel principal siempre será el de guardar la paz.
• No tenga miedo a perder el amor de los demás cuando les permite sufrir las consecuencias de sus acciones negativas.
• No diga sí cuando en realidad cree que debe decir no.

Libérese de su mentalidad súper responsable.
• Confiese que está tratando de ser Dios en la vida de otra persona.
• Confíe en Dios para que actúe activamente en la vida de su ser querido.
• Acepte que no puede obligar al otro a ser confiable y responsable.
• Descanse en el control soberano de Dios sobre todos los acontecimientos y circunstancias.

Perdone a todos aquellos que lo hirieron en el pasado.
• Reflexione en el abuso emocional o físico que experimentó en el pasado.
• Decida a qué persona debe usted perdonar.
• Decida perdonar siempre que vuelvan a su mente los sentimientos de ira.

Establezca límites saludables.
• Comunique al otro la necesidad de cambiar.
“Me he dado cuenta que no te estoy reaccionando en forma saludable. He sido demasiado dependiente de ti esperando que cubras todas mis necesidades. También he tratado de llenar todas tus necesidades. Me he convencido de la necesidad de que tengamos una relación saludable y que debo poner a Dios en primer lugar. Yo sé que he reaccionado en forma negativa contigo y trataré de empezar a tener reacciones positivas tomando decisiones basado en lo que es correcto ante los ojos de Dios”.
• Establezca cuáles serán los límites de su responsabilidad.
• Establezca los límites de su involucramiento.
• Mantenga una comunicación honesta sin utilizar lenguaje abusivo.

Cambie su energía emocional por energía espiritual.
• Ponga a Dios y su crecimiento espiritual como la prioridad más importante.
• Asista a un estudio bíblico profundo.
• Memorice pasajes de las Escrituras.
• Hable con Dios y dé caminatas de oración.
• Dirija sus pensamientos al Señor.

“Cada vez que vuelva a pensar en la persona de quien usted depende, agradezca a Dios su fidelidad al ayudarle a romper con su adicción enfermiza”.

(June Hunt de su Libro “Codependency”).

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Superar la Codependencia

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Hay una inmensa sabiduría en la Oración de la Serenidad, de los grupos de 12 pasos y dice:

“Dios dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para distinguir la diferencia”.

Lo que NO podemos cambiar es al otro, su conducta, sus pensamientos, sus sentimientos.
Lo que podemos cambiar es a nosotros mismos, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

Pistas para superarla

. Trabajar en sanar nuestros sentimientos: Los sentimientos son nuestra brújula interna, que nos indican necesidades y al cubrirlas llegamos a la plenitud.

. Educar la mente: si nos damos cuenta, la mayoría de las veces nuestra mente, nuestros pensamientos se encuentran en el futuro (te miendo o deseando algo que creemos va a suceder) o en el pasado (con resentimientos o añoranzas). Al poner la atención en nuestros sentidos, vivimos el presente. Cuidar al “monito borracho” de nuestra mente que va
de pensamiento en pensamiento. La mayoría de las veces que sufrimos, lo hacemos gratis: existe sólo en nuestra mente, no en la realidad. Por ejemplo, tu hijo, marido, quedó en estar en casa a determinada hora y no ha llegado.
Tú empiezas a imaginar que le ha pasado lo peor y sufres tremendamente. Con cada pensamiento de sufrimiento tu cuerpo segrega cantidad de toxinas que te envenenan. Pasan las horas y él llega sano y salvo. Tu sufrimiento se cambia en coraje y todas esas horas de dolor fueron gratuitas: te lo imaginaste, pero no pasó en realidad.
Educar la mente, es aprender a observarla, a detenerla y a decidir qué clase de pensamientos decides tener y cuáles no.

. Creer en los hechos, no en las palabras: a menos que los hechos respalden que puedas creer en las palabras.

. Cubrir nuestras necesidades: Las necesidades que queremos que alguien nos cubra, sean materiales o afectivas, cubrirlas nosotros. Cuando queremos que alguien haga algo positivo, preguntarnos si no somos nosotros quienes lo queremos hacer.

. Poner a los demás y a nosotros mismos los límites que necesitamos: hay señales, como si de un semáforo rojo se tratara, que nos indican cuando necesitamos marcar límites: cuando nos sentimos victimados, abusados, enojados, cuando nos quejamos y lamentamos, es hora de marcar límites y de ver qué límites hemos traspasado.

. Escucharnos: escuchar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestros sueños, anhelos, gustos. Escuchar nuestro cuerpo. Observar cómo respondemos.

. Desarrollar la autoestima: trabajando en nuestras imperfecciones y potencializando los dones que tenemos.

. Crecer espiritualmente: Buscando constantemente la “magia” de la vida, descubriendo al Creador Supremo, viéndolo en mil cosas. Trabajando en las imperfecciones, limitaciones, en nuestra parte “oscura”.

. Cuidar de nosotros, sin importar qué suceda y con quién estemos: conocer y ejercer nuestros derechos personales. Somos la única persona con la que estaremos toda nuestra vida a cada instante, por lo tanto, somos a quien más necesitamos cuidar.

. Desapegarnos, desprendiéndonos del cuidado obsesivo por otros, para hacerlo por nosotros mismos: en el desprendimiento hay mucho amor y respeto; respeto a tu capacidad de crecer, a tu capacidad de manejar tus problemas,
al modo como quieres vivir tu vida, y amor, amor a tu única individualidad, amor a la esencia del ser que eres. En el desprendimiento cambiamos la energía hacia nosotros: Dejamos de meter la mano en responsabilidades de otros y empezamos a hacernos cargo de nuestras responsabilidades: explorar nuestros sentimientos, satisfacer nuestras
necesidades y luchar por nuestros derechos teniendo límites claros. El desprendimiento es el primer paso hacia la desvictimización, dejamos de ser víctimas de otros, de nosotros mismos, de nuestra historia personal, de la vida. Nos hace ver nuestra impotencia ante lo que no podemos controlar, para que recuperemos nuestro poder personal.

“Dejar ir” es permitir a los otros, que se hagan responsables de sus vidas.
”Dejar ir”, es no criticar y manejar a alguien, sino convertirme en lo que sueño ser.

(Tomado del Libro LIBÉRATE DE SER REDENTORA de Berenice Sáinz Gómez).

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Liberando, restituyendo el Ser que quiero ser

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Hay un punto en el camino en el cual es preciso detenerse… y no para rememorar, más bien para revivir ciertos eventos que ya han pasado… y tu me preguntaras ¿con qué fin? Lo pasado ya pasó ¿No?

Con el fin de desprenderte y liberar aquellos sentimientos que quedaron retenidos de una forma u otra, impidiendo vivir nuestro presente a plenitud, sin descifrar, ni traducir, ni deducir, ni cuestionar. Solo sentir y soltar.

En el transcurso de la vida pasamos por diferentes eventos y emociones que marcan nuestro Ser, situaciones en las que el dolor congeló energías muy adentro, así, continuamos el recorrido, muchas veces fingiendo que no están allí… Somos el producto de todo aquello que nos toco vivir y todo ese pasado muchas veces hoy nos limita y nos determina, como huellas imborrables que marcan el hoy.

Todas esas cargas emocionales limitantes, podemos dejarlas en el camino, restituyendo así ese Ser que soy hoy y desde allí elegir quien quiero ser y como quiero vivir.

En el proceso de liberarnos de aquellas cosas dolorosas que vivimos, pensamos que lo primero que debemos hacer es perdonar al que nos hirió, pero lo increíble es que muchas veces no nos perdonamos a nosotros mismos, quedando enganchados a ese sentimiento.

Reconciliarnos con nuestra esencia, es desvanecer todo ese lastre, asimilándolo y asumiéndolo completamente, para luego cancelar todas sus secuelas. Imagínate haciendo una limpieza que libere cada poro de tu piel, una introspección profunda que permite dar una mirada a ese espejo interno, con autocontrol, de manera objetiva, una exploración consciente, que permita reconocer las propias limitaciones para así liberarlas, comprendiendo también la posición del otro, con cierto grado de empatía y compasión, que te permita soltarlo y liberarlo desde el fondo de tu corazón.

Observa tus pensamientos desde lejos, como el que se instala en las gradas de un estadium a ver un partido, sereno e imperturbable y déjate llevar hasta alcanzar con la práctica el profundo silencio de tu mente, iras encontrando con el tiempo una placidez natural.

Darte el permiso de vivir como realmente quieres vivir, siendo quien realmente quieres ser, es una elección que te da poder. Finalmente y en libertad, eligieras que quieres sentir, con quien quieres estar, haciendo lo que realmente quieres hacer…

(Samantha Ferrer, de su Blog: http://samyzu100.wordpress.com/2013/08/04/liberando-restituyendo-el-ser-que-quiero-ser/).

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