Meditación 22 de Junio: Conciencia del Proceso

La vida llega en oleadas; oleadas de soledad, y después más oleadas, cuando apenas tenemos tiempo de respirar. (MAY SARTON).

Las adictas al trabajo, las adictas a estar siempre ocupadas, y las adictas a las prisas se sienten mucho más a gusto y en confianza en los periodos en los que apenas tenemos tiempo para respirar. Sabemos cómo funcionar bajo presión y con plazos colgando sobre nuestras cabezas. En estos periodos es cuando brillamos.
Por desgracia, lo que nos asusta son los periodos de calma y de soledad potencial cuando los proyectos se acaban. Estar sin proyectos o plazos fijos nos mete el miedo en el cuerpo. Por suerte, casi nunca tenemos que enfrentarnos a este terror porque hemos dispuesto nuestras vidas de tal manera que rara vez tenemos un momento para respirar.
Si nos permitimos el tiempo para darnos cuenta, podemos ver que esta marea ascendente y descendente en la vida tiene su razón de ser. Necesitamos tener momentos de respiro. Nuestros cuerpos necesitan descansar de las subidas constantes de adrenalina o, en caso contrario, explotan.
Cuando nos permitimos estar más sanas, empezamos a experimentar y a atesorar las «oleadas» de nuestra vida y a darles la bienvenida como ejemplos de sabiduría infinita.

El océano nunca se cansa del flujo y reflujo de sus mareas. Tengo que aprender algo del océano.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 18 de Junio: Vivir el Presente

Conozco la solución. Cuando tenemos un mundo compuesto únicamente por el ahora, sin sombras del ayer ni nubes del mañana, decir lo que podemos hacer funciona. (GOLDIE IVENER).

Imagina empezar cada día fresca, sin «sombras del ayer ni nubes del mañana». Cuando estamos en nuestros estados de humor más negativos y cínicos, oímos una idea como ésta y nos burlamos diciendo que es imposible. No es posible dejar el pasado y no preocuparse por el futuro. Y, sin embargo, esto es lo que todos/as los/as grandes maestros/as espirituales de este planeta han enseñado de una u otra manera. De hecho, el regalo más grande que nuestros/as maestros/as nos han dado ha sido con frecuencia vivir en el presente, cómo estar simplemente totalmente presente al momento.
¿Con cuánta frecuencia perdemos nuestra vida centrándonos en el pasado o anhelando el futuro?. Perdemos la mirada de nuestros/as hijos/as porque estamos pensando en cómo llevarlos al dentista mañana. Perdemos la idea interesante que atraviesa en este momento nuestra mesa de trabajo, porque estamos preocupadas con lo que dijimos en la reunión de ayer. ¡Alto!, relájate, ¡mantente aquí y ahora!

El presente es todo lo que tenemos: abandonarlo es matarlo.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 13 de Junio: Vivir la vida plenamente/Curiosidad

La vida se hizo para ser vivida y la curiosidad debe mantenerse viva. No se debe nunca volver la espalda a la vida por ninguna razón. (ELEANOR ROOSEVELT).

Cuando miro hacia atrás a los/as maestros/as de mi vida, una de las características que destacaba era su curiosidad. A veces, pensamos que la curiosidad está reservada a la juventud y que sólo es natural en los niños pequeños.
Pero estoy segura de que si pensamos en la gente que hemos conocido, en aquellas personas que recordamos más vivamente, resultan ser las personas que permanecían incurablemente curiosas a lo largo de sus vidas.
Existe un vínculo íntimo entre curiosidad y viveza. La curiosidad es parte del banco genético de la especie humana. Mi curiosidad no está muerta, aunque parezca haber estado profundamente dormida por un tiempo.

¡Ojalá no me «cure» nunca de mi curiosidad!

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 7 de Junio: Causas/Amor

Las personas que sirven una causa no son siempre aquellas que la aman. Son aquellas que aman la vida que hay que llevar para servir dicha causa… excepto en el caso las más puras, que son muy raras. (SlMONE WEIL).

Tomar algo a cargo es dedicarse a ello. Cuando nos damos a algo, sea nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra iglesia o nuestras causas, llevamos un caparazón vacío.
Hemos confundido demasiado nuestra educación religiosa hasta llegar a pensar que, para ser personas puras, no tiene que haber ninguna persona dentro, ningún ser. Lo que la mayoría de las disciplinas espirituales preconizan es la necesidad de abandonar el ego, la necesidad de dejar ir el yo adicto, la necesidad de reconocer nuestra singular unidad con todas las cosas. Cuando amamos una causa y nos dedicamos a ella, sacamos lo mejor de nosotras.

Aprender a acceder a mi verdadero ser y a mi unidad con todas las cosas me permite amar.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 6 de Junio: Fe

Te invito a que te pongas sobre tus rodillas oxidadas y molestes a Dios; se encerrará en sus habitaciones privadas cerrándote la puerta de un portazo. Eso es lo que piensa de ti y de tus plegarias. (ZORA NEALE HURSTON).

Muchas de las mujeres que hacemos demasiado hace tiempo que hemos olvidado a nuestro «Dios» de la infancia y no hemos encontrado nada para reemplazarlo. Cuando hemos recurrido a «Él», estábamos seguras de que se iba a «sus habitaciones privadas» y cerraba la puerta de un portazo. El sonido de esta puerta cerrándose ha producido eco y ha atravesado nuestra soledad. Nos encontrábamos en nuestro propio ahora. Teníamos que vivirlo nosotras solas. ¡Qué dualistas hemos sido! Si el Dios de nuestra niñez no funcionaba, no teníamos ningún contacto con ningún tipo de espiritualidad. Pero la pérdida real es nuestra pérdida de contacto con nuestro yo espiritual. Necesitamos tiempo para la oración, la meditación y la reflexión que es congruente con lo que somos. Cuando nos tomamos ese tiempo, descubrimos que existe algo que está más allá de nosotras mismas.

La fe no es siempre algo fácil para mí. Sobre todo, porque mis pensamientos se interponen en el camino.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 2 de Junio: Ocupaciones/Tareas Domesticas

Hay días en los que las tareas domésticas parecen la única salida. (ADRIENNE RICH).

Una de las cualidades reconfortantes de las tareas domésticas es que siempre están ahí. Cuando nos sentimos perplejas para alimentar nuestra necesidad de estar ocupadas, siempre podemos sumergirnos en las tareas domésticas. Para algunas de nosotras eso significa estar casi desesperadas. A este respecto, la mujer adicta al trabajo es comparable a la alcohólica que prefiere un buen whisky y se toma una cerveza en caso de apuro.
Es duro para nosotras admitir lo adictas que nos hemos vuelto a estar siempre ocupadas. Nuestro atareamiento nos permite el mismo estado de entumecimiento que otras personas obtienen con las drogas. Algunas perseguimos una alta segregación de adrenalina, lo mismo que otras personas drogadictas persiguen «volarse». Enfrentémoslo: estamos enganchadas.

¡Qué alivio admitir que soy adicta a mi atareamiento! ¡Ahora sé que la recuperación es posible!

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 1 de Junio: Libertad

No hemos disfrutado de nuestra libertad durante suficiente tiempo para saber exactamente cómo debe utilizarse. (PHYLLIS MCGINLEY).

A medida que las mujeres hemos luchado para ser libres, hemos intentado varias formas de libertad. Solíamos pensar que éramos libres cuando nos convertíamos en la clase de mujer que los hombres querían que fuésemos. Después pensamos que éramos libres cuando podíamos ser como los hombres. Pensábamos que éramos libres cuando podíamos tratar a los hombres del mismo modo que habíamos sido tratadas.
Pensábamos que éramos libres cuando tuvimos acceso a los trabajos en los que podíamos reducir nuestra expectativa de vida mediante enfermedades relacionadas con el estrés. Pensábamos que éramos libres cuando formamos equipos y pudimos jugar a juegos que no tenían ningún interés. Pensábamos que éramos libres cuando tuvimos dinero, poder e influencia.

Toma tiempo evolucionar hacia la libertad. Todavía tenemos tiempo.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).