Soltar nuestras esclavitudes…

Soltar. Este es un secreto de la felicidad para esta vida y también para la otra. Soltar, ser libre, alcanzar la libertad de no estar atado a nada y de no ser esclavo de nada. Ni de posesiones, ni de seguridades, ni de costumbres.
No solo hay que soltar cosas o personas, sino también proyectos que no pudieron ser, estructuras mentales que nos condicionan, y hasta la idea que tenemos de lo que es la felicidad (puedo ser feliz “de otra manera”).
También hay que saber soltar los tiempos y la organización de la jornada. Solo así se hace posible “aflojar” de verdad la resistencia y las tensiones. También hay que soltar los mecanismos que usamos para desplazar a Dios. Refugios que nos permiten vivir al margen de Dios, como si así pudiéramos ser mas libres. Es cierto que es bueno ser vulnerable. Es parte de nuestra humanidad ser capaces de necesitar a otro y de pedir ayuda. Pero no es bueno convertirse en un miserable esclavo.
Tienes una inmensa dignidad, no te vendas por poco, no te arrastres indignamente. Eres imagen de Dios. Dios se refleja en ti, eres infinitamente amado por Dios, eres su hijo y por ti, el Hijo de Dios derramo su sangre preciosisima. No te revuelques en la basura por un objeto, por un placer, por un afecto.
Todo apego y obsesión por algo o por alguien te hace infeliz, convéncete, te hace infeliz. Porque “pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda. Jamas alguien ha encontrado la formula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor, y sin caer, tarde o temprano, derrotado”.
Cuando aparecen síntomas de una esclavitud, de un apego, de algo que no queremos soltar-una tristeza, una melancolía, un corazón desganado- es bueno conversarlo con Jesús, y decirle: Bien. Lo vamos a tomar en serio Señor ¿Que tengo que soltar? ¿A que me estoy aferrando? ¿Que quieres desarmar o cambiar en mi? ¿Que es eso que yo no quiero permitir que toques? ¿Que tengo que entregar para ser fiel a mi dignidad?.
Entonces puedo decirle a Dios: Aquí estoy para empezar el camino. Se que es un llamado a la gloria, a crecer, a avanzar. Yo valgo mas que esta obsesión. Tu me quieres libre. Lo acepto. Es señal de que me estas tomando en serio. Vamos juntos. Dame tu gracia para entregarte esto que me esclaviza y para descubrir a donde me quieres llevar. Ayúdame a ver lo hermoso de este camino, para que alcance la feliz madurez a la que estoy llamado.
No olvides esto: Hemos sido creados por Dios con una inclinación a la felicidad, al amor y a la perfección celestial. Y en el fondo, cuando nos obsesionamos con algo, es porque pretendemos saciar con eso los deseos mas profundos que solo se sacian en el encuentro pleno y definitivo con Dios. El deseo humano es insaciable, “porque no se trata de cubrir necesidades reales con objetos reales, sino apetencias oceánicas con objetos simbólicos”.
Se trata de un fenómeno desconcertante, este de la adicción, que polariza irracionalmente las energías psíquicas de un sujeto en torno a una nada, en detrimento de sus intereses mas serios y mas sólidos. Ello es indicio de que el ser humano no es un ser viviente solo practico, sino que ademas y con igual intensidad busca algo ideal o sobrehumano. El objeto deseado, por modesto que en si sea, es un símbolo de algo superior… Y esto, cuanto mas se consigue, mas se desea, pues se experimenta a la vez el gusto de obtenerlo y el disgusto de comprobar que nunca basta.
Soltar los apegos que nos obsesionan es volver a casa, es dejar de vagar sin sentido, es liberarse del desarraigo y apoyarse en el amor de Dios Por eso, aprender a soltar los apegos es el camino para liberarse del miedo al fracaso de los que vivimos aferrados a cosas exteriores, a personas, a proyectos. Ese miedo revela una de nuestras condiciones mas penosas y profundas: la de tener sentido de pertenencia, un sitio donde sentirnos seguros, cuidados, protegidos y amados.

Somos huéspedes en la tierra y en la vida, peregrinos que para caminar necesitan estar ligeros de equipaje, sencillos, desprendidos.

(Víctor Manuel Fernandez de su Libro Para Liberarte de los Apegos y Obsesiones).

Meditación 29 de Julio: Integridad

Dime, Madre, ¿qué es lo que te ha quitado el alma de una manera tan cruel? (CHUNGMI KIM).

Uno de los efectos de la enfermedad adictiva es que destroza tu integridad. Nos vemos haciendo cosas en el trabajo que están en contradicción con nuestro sistema de valores, y no decimos nada. Somos regañadas por algo de lo que no éramos responsables, y no decimos nada. Actuamos de maneras que no están en armonía con nuestra moral personal.
La adicción a hacer demasiado es exactamente como cualquier otra adicción, en el sentido de que nos coloca en una posición en la que estamos dispuestas a hacer cualquier cosa para conseguir nuestro «subidón de adrenalina», para obtener nuestra «dosis». Nos vemos participando en decisiones que son erróneas para nosotras, nos descuidamos y descuidamos a nuestras familias. Hemos perdido nuestra integridad.

Cuando pierdo mi integridad, lo mismo que la madre de Chungmi Kim, he perdido mi alma (o por lo menos la he colocado en un lugar que no le corresponde).

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 27 de Julio: Perfeccionismo/Soledad

424138_363755823723537_478196320_n amor incondicional

«Resulta que pertenece a un tipo [de mujer americana] que yo solía encontrar… de las que van a conferencias. Y, después de todo…, sorprendentemente, su energía…» Y continuó diciendo: «Son perfectamente capaces de tener tres o cuatro hijos, llevar la casa, estar al tanto del arte, de la literatura, de la música —superficialmente, por supuesto, pero, ¡por Dios, ya es algo!— y, además de todo ello, mantener un empleo. Algunas han pasado también por dos o tres maridos, sólo para evitar el estancamiento.» (DODIE SMITH).

Pone los nervios de punta verse representadas por escrito. Hemos aprendido a salir adelante. Hemos aprendido a ser «supermujeres». Así pues, ¿qué hay de extraño si no podemos profundizar en nada? ¿Cómo podríamos hacerlo? Simplemente, no tenemos tiempo. Nuestro mayor miedo es no saber suficiente o no ser suficientes. Nos sentimos inadecuadas cuando no podemos hablar inteligentemente sobre casi cualquier cosa y hacerlo todo. Nos gustaría tener más relaciones íntimas, pero no tenemos el tiempo, porque somos mujeres «perfectas».

Somos mujeres «perfectas», y ser perfectas es aburrirnos a nosotras mismas y a los demás.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

377747_486845188001928_203424286_n

Meditación 25 de Junio: Desvalorización

He cambiado mi pensamiento negativo por mi adicción al trabajo. Así es como continúo maltratándome. (JUDY).

Nuestros sentimientos de desvalorización pueden tomar muchas formas, y una de las más obvias es el automaltrato. Muchas mujeres están empezando a ver que su adicción al automaltrato es su adicción principal.
Es dañino para el ser trabajar demasiado. Es dañino para el ser mantenerse tan ocupado que no tenemos tiempo para nosotras mismas. Es dañino para el ser estar tan ocupado cuidando de los demás que no tenemos conciencia de nuestras propias necesidades. Es dañino para el ser estar tan volcada hacia afuera que hemos perdido el sentido del mismo.
Cuando nos maltratamos a nosotras mismas, es inevitable el maltratar a los demás. Ambas formas de daño son destructivas.

Aunque nos hemos acostumbrado a dañarnos a nosotras mismas, realmente no creo que está bien para mí. Trataré de abrirme a lo que está bien para mí.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 2 de Junio: Ocupaciones/Tareas Domesticas

Hay días en los que las tareas domésticas parecen la única salida. (ADRIENNE RICH).

Una de las cualidades reconfortantes de las tareas domésticas es que siempre están ahí. Cuando nos sentimos perplejas para alimentar nuestra necesidad de estar ocupadas, siempre podemos sumergirnos en las tareas domésticas. Para algunas de nosotras eso significa estar casi desesperadas. A este respecto, la mujer adicta al trabajo es comparable a la alcohólica que prefiere un buen whisky y se toma una cerveza en caso de apuro.
Es duro para nosotras admitir lo adictas que nos hemos vuelto a estar siempre ocupadas. Nuestro atareamiento nos permite el mismo estado de entumecimiento que otras personas obtienen con las drogas. Algunas perseguimos una alta segregación de adrenalina, lo mismo que otras personas drogadictas persiguen «volarse». Enfrentémoslo: estamos enganchadas.

¡Qué alivio admitir que soy adicta a mi atareamiento! ¡Ahora sé que la recuperación es posible!

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 30 de Mayo: Vergüenza

Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento. (ELEANOR ROOSEVELT).

La vergüenza es una respuesta aprendida. Existe mucho interés hoy día en la vergüenza relacionada con la adicción y la recuperación de la adicción. Cuando empezamos a sentirnos avergonzadas, nos abandonamos y funcionamos lo mismo que una persona drogada o borracha. No puede entrarnos ninguna claridad. Tampoco puede salir ninguna claridad.
Es importante recordar que la vergüenza es aprendida y que todo lo que ha sido aprendido puede ser desaprendido. La vergüenza fue utilizada para controlarnos cuando éramos jóvenes, y ahora la utilizamos con frecuencia para controlar a los demás. Cuando empezamos a sentirnos avergonzados, no puede llegarnos ninguna nueva información, ni podemos procesarla con claridad, y tampoco podemos comunicarnos con claridad. Estamos en medio de nuestra enfermedad
de adicción.

Es importante ver el papel que ha jugado la vergüenza en nuestras vidas. También es importante no quedar atrapadas en ella.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).

Meditación 30 de Abril: Aislamiento

Una de las razones por las que la sociedad se ha convertido en este barullo es porque estamos aislados unos/as de otros/as. (MAGGIE KUHN).

El aislamiento es una de las características de la adicción. El aislamiento es una de las características de las mujeres que hacemos demasiado.
Podemos estar rodeadas por personas todo el día, pero nuestra dedicación decidida a nuestro trabajo nos aísla. No nos gusta ser interrumpidas por las amigas. Nos enfadamos cuando las cosas no salen bien, y entonces los demás tienen miedo de acercarse a nosotras.
Nos hemos encerrado tanto en nuestro trabajo, en nuestras ocupaciones y en nuestras prisas como cualquier persona alcohólica en su botella. Hemos olvidado cómo salir, y ni siquiera tenemos el tiempo para recordarlo. Creemos que si tuviéramos simplemente más tiempo para centrarnos en nuestro trabajo nos sentiríamos mejor, y en vez de ello nos sentimos exhaustas. El aislamiento es una pérdida de energía.

Necesito aprender la diferencia entre aislamiento y soledad.

(Anne Wilson Schaef de su Libro Meditaciones para mujeres que hacen demasiado).